Por Pablo Sáez Hurtado · Evento: miércoles, 10 de junio de 2026 · Sede Banco Santander, Madrid · Formato híbrido
Hay eventos que explican una tendencia y hay otros que certifican un cambio de época. El III Congreso IA, Derecho y Empresa de Lefebvre, que se celebrará el 10 de junio en la sede madrileña del Banco Santander, bajo el lema “Del impacto a la acción: la nueva práctica jurídica”, pertenece a esta segunda categoría. No llega para anunciar que la inteligencia artificial transformará la abogacía. Llega cuando esa transformación ya ha entrado en los despachos, en las asesorías jurídicas, en los departamentos de cumplimiento, en los equipos de Legal Ops y en la conversación estratégica de las empresas
La diferencia es decisiva. Durante dos años, el sector jurídico ha debatido si la IA era amenaza, oportunidad, moda o revolución. En 2026, esa pregunta ya resulta insuficiente. La cuestión real es otra: quién está implantando inteligencia artificial con seguridad jurídica, quién la está usando como mero atajo productivo y quién sigue observando desde la grada mientras el partido ya se juega en el terreno de la responsabilidad profesional. Ahí reside la fuerza del congreso de Lefebvre: no se presenta como escaparate tecnológico, sino como punto de aterrizaje.
Un foro que ya mide la madurez del sector
Tres ediciones no consolidan por sí solas un foro. Lo consolida su capacidad para captar el momento exacto de una profesión. Y este congreso ha ido evolucionando al mismo ritmo que la propia IA jurídica. Primero fue el asombro; después, el análisis de impacto; ahora, la ejecución. Con más de 700 asistentes acumulados en sus ediciones recientes y un formato híbrido que combina presencia física y participación virtual, Lefebvre ha construido una cita que ya no pertenece solo al calendario LegalTech, sino al termómetro institucional del sector.
La sede también habla. Que el encuentro se celebre en Banco Santander no es una anécdota logística. Es la prueba de que la inteligencia artificial jurídica no interesa únicamente a firmas legales o proveedores tecnológicos, sino a los grandes clientes corporativos que exigen eficiencia, trazabilidad, gestión del riesgo y respuestas verificables. La abogacía ya no será valorada solo por saber Derecho, sino por demostrar cómo integra tecnología sin degradar criterio, secreto profesional, responsabilidad ni confianza.
La inauguración como declaración estratégica
La apertura institucional reunirá a José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid; Juan Pujol, presidente de Lefebvre; José Ángel Sandín, CEO de la compañía; y J. Heraclio Peña Pérez, director de Asesoría Jurídica de Banco Santander. Esa combinación contiene una tesis: la IA jurídica ya ha salido del laboratorio y ha entrado en la ciudad, en la empresa, en la política económica y en el gobierno corporativo. No es una cuestión periférica de innovación, sino una infraestructura competitiva.
La conferencia inaugural de Xavier Marcet, “El management del después de la tecla”, apunta exactamente al nudo del momento. El debate no está en pulsar mejor la tecla, ni en formular prompts con mayor elegancia. Está en gobernar lo que ocurre después: validar, decidir, asumir consecuencias, reorganizar equipos y preservar humanidad en organizaciones que corren el riesgo de confundir automatización con inteligencia. Marcet introduce así un concepto imprescindible: la IA no solo cambia herramientas, cambia cultura directiva.
Gobernanza, riesgo y certeza jurídica
El primer bloque, dedicado a regulación, riesgo y cumplimiento, arranca con una mesa de título casi acusatorio: “Gobernanza de la IA: lo que deberías haber implementado ya”. Participarán Rodrigo González, socio de Deloitte Legal; Estíbaliz Medina, responsable de Legal Tech & Ops and Corporate JVs de Moeve; y J. Heraclio Peña, del Banco Santander. La frase importa porque desplaza el debate desde el futuro al incumplimiento presente. Muchas organizaciones ya utilizan IA; muchas menos pueden demostrar políticas, registros, criterios de supervisión, evaluación de proveedores o protocolos de incidentes.
La siguiente mesa confronta IA especializada e IA generalista, con José Ángel Sandín; Francisca Hernández, de MasOrange; y Gonzalo F. Gállego, socio de Hogan Lovells y responsable de Protección de Datos, IA y Derecho Digital. Es uno de los debates críticos de 2026. La IA generalista seduce por velocidad y accesibilidad; la especializada promete contexto, fuentes jurídicas y menor riesgo de alucinación. Pero ninguna de las dos exonera al abogado de verificar. La certeza jurídica no nace de una interfaz brillante, sino de una cadena de confianza: fuente, dato, proceso, revisión y responsabilidad.
Víctor Almonacid, director de Innovación de la Fundación Novagob, cerrará el bloque con los usos y riesgos de la IA en el sector público. Aquí el problema adquiere densidad constitucional. Una administración que automatiza sin transparencia no solo se equivoca: puede volver opaco el ejercicio del poder.
Legal Ops y la empresa agentificada
El segundo bloque se adentra en Legal Operations y estrategia empresarial. María de la O Martínez, directora de Estrategia e Innovación de Lefebvre; Laura Paz, directora de Legal Operations de BDO Abogados; Óscar Peco, de Santander España; y Rocío Catalá, Head of Legal Operations de ECIJA, analizarán el cambio cultural de los departamentos legales. Es una mesa especialmente relevante porque Legal Ops ha dejado de ser una etiqueta importada para convertirse en la gramática operativa de la nueva asesoría jurídica: procesos, datos, KPIs, tecnología, proveedores y gestión del cambio.
Después, Noemí Brito, socia responsable del área de Nuevas Tecnologías de KPMG Abogados, y Guillermo Zulueta, director de la Asesoría Jurídica de Bimba y Lola, abordarán la empresa agentificada. La expresión puede sonar futurista, pero el problema es muy concreto: qué ocurre cuando los agentes de IA dejan de asistir tareas aisladas y empiezan a gestionar procesos completos. En ese punto, la organización debe decidir qué conserva bajo control humano, qué automatiza, qué audita y qué jamás debería delegar.
Talleres, pymes y el futuro del junior
La gran novedad de esta edición son los talleres prácticos de tarde. De 15:30 a 16:30, una sala abordará flujos legales automatizados con Albert Ferré, Ana Regal, Rocío Mínguez, Paul Handal y Javier Gómez-Ferrer. Otra se centrará en eficiencias para despachos pequeños y pymes, con Rocío González y Félix Gago. Este punto es esencial. La transformación jurídica no puede quedar monopolizada por grandes firmas con presupuestos tecnológicos. El despacho pequeño también necesita procesos, automatización proporcionada y herramientas seguras para no quedar expulsado de la nueva productividad.
De 16:45 a 17:45, Sara Molina, Álvaro Mendivil y Raúl Rubio, de Pérez-Llorca, explicarán vibecoding y automatización. Bajo esa palabra aparentemente informal se esconde una revolución práctica: construir flujos mediante lenguaje natural. Para la abogacía, que siempre ha vivido de ordenar palabras con precisión, la paradoja es deliciosa. Quizá programar procesos legales no exija saber código, sino saber pensar jurídicamente con estructura.
En paralelo, Marta Velayos, José Luis Risco y Abraham Duarte plantearán la pregunta más incómoda: si la IA hace el trabajo del junior, cuál es el verdadero valor del junior hoy. Es el debate que muchas firmas evitan. Automatizar tareas básicas puede mejorar márgenes, pero también destruir el laboratorio de aprendizaje donde se forma el criterio. Si no se rediseña la carrera profesional, la IA no solo sustituirá tareas: puede debilitar el relevo generacional de la abogacía.
El contexto: una profesión rodeada de normas
Este congreso no puede leerse aislado. Llega tras el AI Act, el Ómnibus Digital, el Decálogo del CAIA, la Circular 3/2026 del CGAE, la actividad de AESIA y una creciente presión sobre despachos y empresas para demostrar uso responsable de IA. España quiere liderar gobernanza, pero el liderazgo no se proclamará en notas de prensa: se medirá en implementación, formación, supervisión, trazabilidad y cultura profesional.
Por eso el acierto de Lefebvre está en el lema. “Del impacto a la acción” no es solo una frase comercial. Es una advertencia al sector: la contemplación ya no basta. Quien siga hablando de IA sin aplicarla perderá eficiencia; quien la aplique sin gobernarla perderá confianza; quien consiga unir tecnología, criterio jurídico y responsabilidad operativa marcará la nueva práctica jurídica.
La estructura institucional refuerza esa lectura: Banco Santander, Deloitte Legal, KPMG Abogados y ETL Global figuran como patrocinadores, mientras Universidad Rey Juan Carlos, ENATIC, AI Network Association y GLTH aparecen como colaboradores. No es un detalle accesorio, sino una fotografía del nuevo ecosistema jurídico: banca, consultoría, universidad, asociación profesional, LegalTech y empresa tecnológica convergen porque la IA ya no pertenece a un departamento concreto. Afecta a toda la cadena de valor del Derecho y exige conversación compartida, lenguaje común y responsabilidad transversal también en la práctica diaria real.
Veredicto: quien no vaya perderá un mapa
El Congreso IA, Derecho y Empresa no resolverá todos los dilemas de la abogacía aumentada. Ningún evento puede hacerlo. Pero sí parece capaz de ordenar las preguntas correctas, reunir a los perfiles adecuados y desplazar el debate desde la fascinación a la ejecución. Esa es su importancia real.
El 10 de junio no se discutirá simplemente qué puede hacer la IA por el Derecho. Se discutirá qué debe hacer el Derecho para no quedar subordinado a una inteligencia artificial mal gobernada. Y esa es la frontera que define nuestro tiempo profesional.
Quien no esté allí no perderá una ponencia. Perderá un mapa. Y quizá su ventaja profesional más decisiva.