JUC


Carlos y Julia llevaban años soñando con su propia casa. Querían un hogar para formar una familia y, como muchos, se sintieron atraídos por una cooperativa de vivienda que ofrecía pisos a precio de coste en las afueras de Sevilla.

El proyecto pintaba bien: buena ubicación, diseño moderno, zonas comunes… Y el precio era casi un 25% inferior al de mercado. En la reunión informativa todo parecía serio, y el presidente de la cooperativa, un vecino como ellos, transmitía confianza.

Firmaron. Pagaron 20.000 € en aportaciones iniciales. Luego llegaron las primeras reuniones, los primeros retrasos, y los primeros silencios.

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