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Rebeca Lino Tatnell, vicedecana y Vladimir E. Nuñez, colegiado del ICAV

La abogacía española, y en particular la valenciana, lamenta la pérdida de una de sus figuras más lúcidas, comprometidas y técnicamente brillantes. Francisco Solans Puyuelo, conocido afectuosamente como “Paco” por las sucesivas generaciones de compañeros del Ilustre Colegio de Abogados de Valencia (ICAV), ha dejado un vacío difícil de llenar, pero también un legado que ya forma parte de las estructuras fundamentales de nuestra profesión.

Desde esta tribuna, queremos rendir este reconocimiento póstumo a un hombre cuya trayectoria no se entiende sin su profunda vocación humanista. Formado inicialmente en Teología con los dominicos y fogueado en el compromiso social en barrios vulnerables como San Gregorio, Paco entendió tempranamente que el Derecho solo alcanza su verdadera dimensión cuando se convierte en una herramienta para dignificar la vida de quienes se encuentran en los márgenes. Tras una etapa como comunicador en diversos medios de información, encontró en el Derecho de Extranjería, las migraciones y los Derechos Humanos el cauce natural para unir su intelecto con su inquebrantable vocación de servicio.

Un motor de cambio institucional en el ICAV Como colegiado del ICAV, Solans no se limitó a la práctica individual de la abogacía. Fue un auténtico "arquitecto de estructuras", impulsando proyectos que situaron al Colegio de Valencia como un referente nacional en materia de extranjería. Su labor institucional es inabarcable: durante dos décadas estuvo al frente de la Sección de Extranjería del ICAV, convirtiéndola en un foro de excelencia jurídica y crecimiento colectivo.

Bajo su liderazgo, la extranjería dejó de ser un ámbito menor para consolidarse como un espacio de rigor técnico. Paco fue el gran impulsor de dispositivos que hoy consideramos esenciales para la garantía efectiva de derechos en Valencia, como el sistema de carpetas de profesionales en la Oficina de Extranjeros, la creación del SOJCIE y la asistencia jurídica en puntos críticos como el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Valencia, el puerto, el aeropuerto y el Registro Civil. Su visión permitió que la defensa técnica llegara allí donde la vulnerabilidad era mayor.

Maestro de la técnica y la ética Su contribución al mundo jurídico se extendió también a la docencia. Como profesor en la Escuela de Práctica Jurídica del ICAV, formó a cientos de letrados no solo en el manejo de artículos y procedimientos complejos, sino en algo mucho más profundo: la ética profesional. Paco enseñaba a sus alumnos que detrás de cada expediente o recurso se jugaba la vida de una persona, y que esa responsabilidad exigía una formación continua y una actualización constante.

Esa faceta pedagógica se complementó con una prolífica actividad en foros, seminarios y publicaciones especializadas. Solans era una voz autorizada en la propuesta de mejoras normativas, siempre dispuesto a presentar alegaciones y recursos contra cualquier reglamento que considerara contrario a los derechos fundamentales. Su blog, “El extranjerista. Aventuras y desventuras de un abogado de extranjeros en un país de locos”, es el mejor testimonio de su estilo único: una mezcla de ironía punzante, lucidez jurídica y profunda humanidad.

Visión de Estado y proyección nacional Entendió con prontitud que la abogacía debía ser un interlocutor firme pero dialogante ante la Administración. Por ello, promovió comisiones de trabajo estables entre el ICAV, la Subdelegación del Gobierno y la Oficina de Extranjeros, fomentando una cultura de negociación técnica que ayudó a reducir la arbitrariedad en los procedimientos administrativos.

Su influencia trascendió las fronteras valencianas. Fue una pieza clave en la creación de la Subcomisión de Extranjería y Protección Internacional del Consejo General de la Abogacía Española (CGAE) y en la organización de los encuentros nacionales de especialistas, que hoy son una cita ineludible para el sector. Para Paco, cada avance no era una meta, sino el punto de partida para seguir construyendo una extranjería más justa y garantista.

Un legado perdurable Desde aquí nos sumamos al dolor de su esposa Maribel, sus hijos Marcos y Pablo, sus nietos y toda la familia del ICAV. Francisco Solans Puyuelo se ha marchado, pero su nombre queda unido para siempre al Derecho de extranjería en España. Su ejemplo nos recuerda que la excelencia técnica y el humanismo jurídico no son caminos separados, sino las dos caras de una misma moneda necesaria para la defensa de la dignidad humana. Querido Paco, tu legado pervive en cada joven abogado que aprendió de ti a poner a la persona en el centro del Derecho.

Descanse en paz.