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Los teléfonos móviles son actualmente una presencia casi inevitable en diversos ámbitos cotidianos, incluyendo la universidad. Es un hecho que nos conectan en segundos con lo que sea. Información inmediata, aplicaciones educativas y herramientas de comunicación. Sin embargo, son tan absorbentes que acaparan la atención en todo momento, incluyendo una cátedra universitaria, algo que puede perjudicar la formación superior de todo estudiante.

Las instituciones educativas han tratado de combatir este problema, implementando medidas estrictas y restricciones al uso de los teléfonos en el ámbito de estudio. Pero en la práctica su prohibición no tiene demasiado efecto en las distracciones que provocan. Por lo que saber que algunos docentes han logrado captar la atención de los alumnos, alejándolos de la influencia de sus móviles, es un asunto digno de atención.

Hay que considerar que las herramientas digitales han cambiado la relación entre los estudiantes y la tecnología en el salón de clase. Plataformas colaborativas, aplicaciones para responder cuestionarios o recursos como JustDone que apoyan tareas de escritura o de revisión de textos, son prueba de que la tecnología no atenta contra el aprendizaje.

Hay formas de conseguir que el móvil deje de ser motivo de distracción. Por el contrario, puede ser una poderosa herramienta que apoye la educación. Es importante aplicar las estrategias que consigan cambiar esto en la educación superior.

¿Por qué el móvil resulta tan difícil de ignorar?

Los Smartphones fueron creados para capturar la atención de sus usuarios tanto como se pueda. Las notificaciones, los mensajes instantáneos y la brevedad de los reels en las redes sociales son estímulos constantes que compiten con las lecciones que se imparten en la clase.

Si esto fuese poco, muchas aplicaciones recurren a recompensas por su uso repetido, lo que motiva a la consulta repetida del dispositivo, haciéndolo casi un hábito compulsivo.

Si se lo compara con el objetivo de prestar atención a una clase de una o dos horas, el panorama complica un poco más la labor del docente.

El problema no siempre es el teléfono

A pesar de las apariencias el problema no está relacionado sólo con el teléfono. Va un poco más allá de eso.

Hay más de un factor que influye en la concentración. Esta también es impulsada por la motivación personal, el interés que despierte genuinamente el contenido, la forma en que se desarrolla la clase y de qué tanto participen los alumnos durante la jornada.

Una exposición prolongada y monótona, sin intercambios entre el docente y los alumnos, fomenta un bajo nivel de atención. El panorama será ideal para las distracciones.

Por otro lado, si se consigue que el alumnado se involucre, disminuye la tendencia a que busquen estímulos externos.

Las características de las clases que mantienen la atención

Los profesores que tienen más éxito logrando la participación de sus alumnos aplican algunas de estas prácticas pedagógicas.

Comienzan con una pregunta desafiante

En lugar de iniciar una exposición prolongada, los docentes pueden optar por plantear una pregunta o un problema. Puede ser una situación real, o una pregunta intrigante.

De este modo fomentarán que los estudiantes reflexionen desde el inicio, y que se interesen por el desarrollo de la clase.

Relacionan los contenidos con situaciones reales

Para una mejor comprensión de conceptos teóricos, los profesores deben tratar de relacionarlos con experiencias de la vida cotidiana, con situaciones profesionales o hechos reales.

Es una forma práctica de trasmitir su importancia y necesidad de aplicarlo en la práctica. Se fomentará naturalmente la motivación y la participación espontánea en el aprendizaje.

Alternan diferentes actividades

Todo lo que implique la participación de los alumnos es lo ideal. Por lo que es recomendable la combinación de breves explicaciones con debates, ejercicios, resolución de casos de estudios, preguntas al grupo y actividades participativas.

Estas estrategias mantienen el interés y reducen el cansancio provocado por largos períodos de escucha pasiva.

El aprendizaje activo cambia las reglas del juego

Una cosa es clara, las clases deben centrar al estudiante en el proceso académico. Por eso, las universidades han incorporado las siguientes metodologías.

Aprendizaje basado en problemas

El análisis de situaciones problemáticas complejas logra que los estudiantes investiguen, debatan y propongan soluciones. El resultado ideal es la participación, nacida de un interés genuino, que logre dejar de lado el uso del móvil.

Estudios de caso

La revisión de ejemplos reales requiere de la aplicación de conceptos teóricos, del desarrollo de habilidades y de la aplicación del razonamiento crítico.

El debate entre compañeros mantendrá también un alto nivel de participación.

Aprendizaje colaborativo

El trabajo en equipo es otra forma de promover un alto nivel de atención. El hecho de que cada integrante asuma responsabilidades orienta la atención hacia la tarea compartida, alejando las distracciones.

La participación genera compromiso

Un alto nivel de implicación del estudiante es lo que marcará la diferencia entre una clase pasiva y una participativa.

Consignas en las que se responden preguntas, se aportan ideas, se resuelven ejercicios o se defienden argumentos, logran que los estudiantes sigan la clase con total atención.

Si esto sucede con frecuencia, se estimula la memoria y, en consecuencia, la asimilación de contenidos. El proceso activo de la información facilita el aprendizaje, mucho más que el acto de escuchar calladamente.

El papel de la tecnología dentro del aula

“Si no puedes contra el enemigo, únetele” se suele decir. Tal vez por eso algunos profesores emplean el mismo móvil como recurso pedagógico.

Recurren a aplicaciones para responder encuestas, resolver cuestionarios en tiempo real o participar en actividades de grupo.

Con este enfoque, el móvil deja de ser un adversario y se convierte en un valioso aliado. Aunque cabe aclarar que él éxito de esta estrategia, dependerá en gran parte del diseño de la actividad.

Para usar la tecnología satisfactoriamente, debe intermediar un propósito claro y una planificación adecuada.

La importancia del clima en el aula

El estado anímico de la clase es un factor importante que puede ser decisivo en la atención de toda la clase.

Cercanía y confianza

Un ambiente en el que los alumnos se sientan valorados, y en el que se les permita formular preguntas sin temor a equivocarse, es decisivo para que decidan participar con frecuencia. El respeto fomenta naturalmente el aprendizaje.

Entusiasmo por enseñar

Un profesor empático, positivo y entusiasta puede influir profundamente en el aula. Para eso debe exponer con entusiasmo y convicción, y usar ejemplos variados e interesantes para captar la atención de todo el grupo.

Expectativas claras

Que haya objetivos claros desde un inicio y que los alumnos sepan que se espera de ellos, les dará seguridad y promoverá que mantengan un mayor nivel de concentración.

Más motivación, menos distracciones

Actividades interesantes, desafiantes y útiles son centrales en la atención de los estudiantes. Los docentes que logran vencer al influjo del móvil no son los que tratan de controlar a sus alumnos.

Son los que logran diseñar experiencias atractivas, en las que consultar el teléfono no sea necesario, ni la alternativa más interesante.

En definitiva, la mejor estrategia no es prohibir el móvil, sino ofrecer clases en las que valga la pena prestar atención.

¿Qué pueden hacer los estudiantes?

Los alumnos son también responsables de la atención que prestan en la clase. De ellos depende adoptar hábitos en los que hagan un uso responsable de la tecnología en clase.

Silenciar las notificaciones

Es muy fácil bajar el volumen del dispositivo o activar el modo silencioso para anular las interrupciones durante la clase. Es algo simple que puede hacer una gran diferencia.

Utilizar el móvil con un propósito

Si usas tu teléfono para consultar dudas, ver textos de estudio o participar en actividades académicas, entonces no es una distracción. Se ha convertido en un recurso de gran utilidad.

Practicar la atención consciente

Los estudiantes también pueden identificar conscientemente ese momento en el que tienen el impulso de ver el teléfono e ignorarlo. Es una medida de autocontrol que fortalecerá tu concentración.

Una enseñanza que compite con éxito por la atención

Mantener la atención en estos tiempos es todo un desafío. Siempre hay a la mano alguna pantalla que nos puede atrapar durante bastante tiempo.

Pero hay una esperanza en la experiencia de numerosos docentes que han conseguido algo que a veces parece imposible. Han logrado preservar la atención de sus alumnos.

Las clases dinámicas, en las que se promueva la participación, se relacionen contenidos y se propongan soluciones, son algunas de las tácticas que se pueden implementar.

En definitiva, esto comprueba algo simple y efectivo. Que la atención no se impone, se gana. Y esto es algo que maestros y alumnos deben recordar.