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Cuando una persona comete un delito muy grave mientras arrastra un trastorno psiquiátrico, surge una pregunta que angustia tanto a la familia como al propio acusado: ¿la enfermedad mental le libra de la responsabilidad penal? La respuesta, como acaba de recordar el Tribunal Supremo en un caso especialmente duro, casi nunca es un sí rotundo. Tener un diagnóstico no funciona como un salvoconducto frente a la pena.

El Alto Tribunal ha confirmado la condena a una madre por intentar acabar con la vida de su hija de quince meses, pese a padecer un síndrome de Münchhausen. La clave jurídica no está en si la mujer estaba enferma —lo estaba—, sino en cuánto afectó esa enfermedad a su capacidad de entender lo que hacía y a su capacidad de querer hacerlo.

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