Recibir una carta de despido es, posiblemente, uno de los momentos más amargos y angustiantes en la vida de cualquier persona. Sobre todo, si vives en Las Palmas de Gran Canaria, donde la estabilidad económica suele pender de un hilo. De hecho, este tipo de noticias generan una incertidumbre emocional a la que se le suma la preocupación financiera: ¿Cómo voy a pagar el alquiler o la hipoteca? ¿Es legal lo que me están haciendo? ¿Me están pagando lo que realmente me corresponde? Lo natural, en ese primer momento de shock, es sentirse perdido, pero resulta que dar los pasos adecuados en las primeras 48 horas puede hacer la diferencia entre perderlo todo o recibir la justa indemnización que dicta la ley.
¿Qué tipo de despido te han aplicado? Entendiendo la "letra pequeña"
Ahora bien, lo primero que debes saber es que, en España, las empresas no pueden despedir a los trabajadores "porque sí" sin afrontar consecuencias. Por lo que existen tipos de despido habituales, como son:
El despido disciplinario
Este es el que aplican las empresas cuando alegan que has cometido una falta grave, como inasistencia, desobediencia, ofensas, etc.
Lo más importante que debes saber al respecto es que este no conlleva indemnización, sólo el finiquito de los días trabajados y las vacaciones no disfrutadas.
Sin embargo, muchas empresas lo usan para ahorrarse dinero, sabiendo que, si el trabajador no reclama, ellos ganan. Porque si no hay pruebas claras de tu falta, este despido es fácilmente recurrible.
El despido objetivo
Se basa en causas ajenas a tu comportamiento como trabajador, como razones económicas, técnicas o de producción de la empresa.
Aquí la ley establece una indemnización de 20 días por año trabajado. Por lo tanto, hablamos de un despido legal, siempre y cuando la empresa pueda demostrar esas causas.
En cambio, si las razones son inventadas o exageradas, se puede impugnar y convertirlo en improcedente.
El despido improcedente
Este se produce cuando la empresa no puede demostrar la causa del despido o no ha cumplido con las formalidades legales, como es entregar la carta de despido por escrito.
En este caso, la indemnización sube a 33 días por año trabajado, con un máximo de 24 mensualidades.
Este tipo de despido es el principal objetivo de la mayoría de las demandas laborales, ya que supone un respiro económico mucho mayor para el trabajador.
El despido nulo
En caso de que el despido se deba a una discriminación prohibida por la Constitución o viole derechos fundamentales, como despedir a una mujer embarazada o a un trabajador en represalia por quejarse a Inspección de Trabajo, resulta nulo.
Esto obliga a la empresa a readmitirte de inmediato y pagarte los salarios de tramitación. Es decir, el sueldo que dejaste de percibir desde el despido hasta la sentencia.
Errores críticos que no debes cometer tras el despido
Aunque, como decíamos al principio, al recibir la notificación de despido puede que entres en estado de shock emocional, es importante que te controles y prestes atención a algunos detalles para que no cometas errores que te pueden resultar muy perjudiciales.
Firmar sin escribir "No Conforme"
Este es el primer error que cometen la mayoría de los trabajadores cuando la empresa les pide que firmen la carta de despido y el finiquito.
Resulta que puedes firmar para confirmar que has recibido el papel, pero siempre, siempre debes escribir de tu puño y letra la frase "NO CONFORME" junto a tu firma. También añade la fecha y hora en la que fuiste notificado.
Esto no te impedirá cobrar lo que te ofrecen, pero te deja la puerta abierta para reclamar después. En cambio, si firmas sin poner nada, será mucho más difícil demostrar que no estabas de acuerdo con las cantidades o las causas.
Olvidar el plazo de los 20 días
En España, solo tienes 20 días hábiles para impugnar un despido. Como verás, se trata de un plazo cortísimo. Así que, si se te pasa la fecha, pierdes el derecho a reclamar, aunque tengas toda la razón del mundo.
No guardar pruebas previas
Si sientes que "vienen a por ti", empieza a guardar los correos electrónicos, las capturas de WhatsApp o las grabaciones de las conversaciones en las que tú participas, porque al despedirte, seguro te cortan el acceso al correo corporativo en segundos.
Y todas estas son pruebas que pueden servirte en un futuro juicio.
Desconocer el SMAC
Antes de ir a juicio, estás obligado a pasar por un acto de conciliación en el Servicio de Mediación, Arbitraje y Conciliación (SMAC). Este es un paso fundamental si quieres llegar a un acuerdo con la empresa sin tener que esperar a que un juez dicte sentencia.
¿Cuándo merece la pena contratar a un abogado?
Por lo general, cuando los trabajadores atraviesan este tipo de situaciones piensan: "Si ya no tengo sueldo, ¿cómo voy a pagar a un abogado?". Pero la realidad es que, en la mayoría de los casos, el beneficio que obtienes supera con creces el coste de los honorarios.
Porque un abogado laboralista sabe calcular conceptos que tú podrías pasar por alto, como las horas extras no pagadas, los pluses de convenio mal aplicados o las antigüedades mal computadas.
Eso sí, a la hora de elegir a alguien que te defienda en los Juzgados, no busques a un abogado generalista. Uno de esos que "lleva de todo". Porque el derecho laboral es muy técnico, cambia constantemente y requiere de una especialización extrema.
Necesitas a alguien que realmente conozca cómo funcionan las empresas, que entienda el sector servicios y que tenga experiencia directa enfrentándose a las administraciones públicas y a la Seguridad Social.
Aquí contar con un perfil especializado marca la diferencia entre una negociación mediocre y una indemnización exitosa.
Itahisa Domínguez, reconocida abogada laboralista en Las Palmas, es un ejemplo de profesional dedicada a proteger los derechos de los trabajadores.
Su experiencia no se limita a despidos e impugnaciones, sino que incluso abarca áreas tan complejas como las incapacidades, la Seguridad Social y los conflictos con las administraciones públicas.
Siempre debes procurar tener de tu lado a un profesional que combine el conocimiento técnico con un trato cercano y empático, porque reclamar un despido improcedente no es solo una cuestión de dinero, sino también de dignidad laboral.
No te quedes con la duda de "qué hubiera pasado si hubiera reclamado”. No permitas que el miedo o la desinformación te hagan perder lo que has ganado con meses o años de esfuerzo.
Recuerda que el sistema está diseñado para que, si la empresa ha actuado mal, tú recibas la compensación que te permita afrontar tu siguiente paso con la seguridad que te mereces.
