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Imagen generada por Copilot

Tradicionalmente, la reinserción se ha basado en el tratamiento y evaluación individualizada y el contacto humano. Sin embargo, los modelos estadísticos y la llegada de algoritmos a las decisiones de las prisiones amenazan con convertir la biografía de un interno en un frío porcentaje de probabilidad. Pero, ¿qué debe prevalecer? ¿La individualización científica o la predicción informática?

Dos de estos modelos son la Tabla de Valoración de Riesgo (TVR) y el modelo RisCanvi1 catalán.

Tabla de Valoración de Riesgo (TVR)

La Tabla de Valoración de Riesgo (TVR) es un algoritmo utilizado en el sistema penitenciario español para evaluar la probabilidad de quebrantamiento de permisos de salida de personas privadas de libertad, asignando puntuaciones a variables como reincidencia, drogadicción o nacionalidad, y combinándolas para generar un nivel de riesgo (muy bajo a máximo), aunque estudios recientes señalan un sesgo hacia riesgos elevados y la necesidad de revisión para garantizar decisiones más justas, modernas y transparentes. 

La TVR actúa como un «árbitro algorítmico» que destila la libertad en grados de riesgo, pero su motor de cálculo permanece anclado en 1990, lo que plantea si estamos juzgando a los internos con criterios de hace tres décadas

Modelo RisCanvi en Cataluña

En el sistema penitenciario catalán se emplea desde el año 2009 el modelo RisCanvi, un protocolo de predicción estadística diseñado para estimar la probabilidad de que un interno reincida o protagonice incidentes violentos. Lejos de ser una "bola de cristal", este sistema utiliza algoritmos que cruzan decenas de variables, tanto estáticas (como la edad o el historial delictivo) como dinámicas (apoyo familiar, conducta o consumo de sustancias). Al procesar estos datos, el software asigna una calificación de riesgo Bajo, Medio o Alto, con el objetivo teórico de aportar objetividad a las Juntas de Tratamiento a la hora de proponer permisos o el paso al tercer grado

El problema del «pasado congelado»: El sesgo algorítmico

El mayor desafío para los abogados y defensores de los derechos humanos ante la utilización de este tipo de sistemas es el llamado sesgo algorítmico. Los algoritmos se basan en datos históricos, lo que genera dos problemas graves:

  • Variables estáticas: El sistema da mucho peso a factores que el interno no puede cambiar (como la edad a la que cometió su primer delito o la gravedad del delito original). Si el algoritmo se basa excesivamente en el pasado, la evolución positiva del interno en el presente podría quedar invisibilizada por una cifra estadística.
  • La falta de matices: Una máquina no puede interpretar el arrepentimiento, la madurez emocional o un cambio de actitud que no se traduzca en un dato numérico.

¿Cuál es el límite?

Desde un punto de vista jurídico, surge una pregunta fundamental: ¿Es legal que un algoritmo deniegue un permiso de salida o un tercer grado? Incluso, que le asigne un módulo u otro dentro de prisión.

La respuesta es no. El derecho español y la doctrina de los derechos humanos exigen que la tecnología sea solo un apoyo, nunca el decisor único. Existen tres principios que deben protegerse:

  1. La decisión final debe ser humana: La Junta de Tratamiento y el Juez de Vigilancia Penitenciaria son los únicos con potestad para decidir. No pueden escudarse en el «resultado del software» para evitar un análisis personalizado.
  2. Transparencia y defensa: El interno y su abogado deberían tener derecho a conocer qué datos se han introducido en el sistema y cómo se ha llegado a esa puntuación de riesgo para poder impugnarla si es errónea.
  3. Motivación: Una resolución no puede estar motivada simplemente por un «Riesgo Alto» arrojado por un programa; debe haber una explicación jurídica y humana detallada.

¿Progreso o deshumanización?

La tecnología puede ser una aliada para predecir comportamientos de riesgo, pero en el Derecho Penitenciario, donde lo que está en juego es el derecho fundamental a la libertad (artículo 17 de la Constitución Española) y que se basa en la reinserción social del penado, el factor humano debería seguir siendo soberano.

El riesgo de confiar demasiado en los algoritmos es convertir la reinserción en una fórmula matemática, olvidando que el sistema penitenciario debe juzgar a la persona en su situación actual, no solo a través de resultados de la estadística de su pasado.