La Transparencia Habitada: Desmantelando la Violencia Simbólica en la Gestión Pública
Por: Dra. María Alejandra Mancebo Experta en Compliance, Feminista y cofundadora de Cata Jurídica con Tacones
Consultora y Voz Visionaria.htps://consultorias.visionarias.business/project/maria-alejandra-mancebo
La administración pública moderna se ha erigido sobre la promesa de la racionalidad weberiana: sistemas basados en reglas impersonales y procedimientos estandarizados como defensa contra la arbitrariedad del poder. Sin embargo, en pleno siglo XXI, nos enfrentamos a una paradoja inquietante: nunca antes el Estado ha producido tantos datos ni ha tenido mecanismos de cumplimiento tan tecnificados, y sin embargo, la percepción de injusticia sistémica no deja de profundizarse.
Como autora, sostengo que el problema no radica en la falta de datos, sino en la naturaleza de la filosofía que sustenta nuestras burocracias. Siguiendo a Byung-Chul Han, debemos denunciar que la transparencia actual se ha convertido en una nueva forma de coacción. No es una herramienta para iluminar la verdad, sino un imperativo sistémico que elimina la distancia crítica y convierte el espacio público en un panóptico digital donde las estructuras de dominación —especialmente las de género— permanecen ocultas en los puntos ciegos del algoritmo. La supuesta "neutralidad" de la norma es, en realidad, un refugio para lo que Hannah Arendt denominó el "Gobierno de Nadie": un sistema donde la violencia se ejerce sin autor visible y la exclusión de la mujer es un resultado automático del engranaje administrativo.
Para transformar la integridad pública, es vital diseccionar cómo opera la violencia en las instituciones modernas. Arendt nos advirtió que el mayor mal no lo cometen monstruos, sino funcionarios eficientes que han renunciado a pensar. La burocracia, por diseño, fragmenta la responsabilidad; el oficial de cumplimiento verifica la norma, pero nadie mira el "todo". En este esquema, la violencia contra la mujer se vuelve banal: si un proceso de selección penaliza las interrupciones por cuidados, el funcionario que lo ejecuta no siente que discrimina; simplemente "sigue el protocolo".
A esto se suma lo que Byung-Chul Han describe como la "violencia de la positividad". En la administración actual, el discurso de "todo es transparente" y "somos un equipo" oculta los conflictos reales. La violencia sistémica ya no se ejerce prohibiendo que la mujer acceda a cargos, sino mediante una exigencia de rendimiento que ignora la doble jornada laboral. Exigir la misma "transparencia de resultados" a hombres y mujeres en una estructura diseñada por y para hombres es un acto de violencia simbólica disfrazado de meritocracia.
La teología moral contemporánea, a través de la visión del Papa Francisco, complementa este diagnóstico filosófico. Francisco establece una distinción crucial: el corrupto no es un pecador que cae, sino alguien que vive en un "estado" de anestesia ante el mal. Él describe la corrupción como una "gangrena": huele mal, pero quien la padece no lo percibe; solo las víctimas sienten el hedor. Sus críticas a los "paradigmas eficientistas" en Fratelli Tutti resuenan con mi análisis: las instituciones que ignoran los abusos bajo el pretexto de neutralidad son cómplices de una "cultura del descarte".
Esta ceguera institucional es evidente al analizar la sextorsión. Mientras las auditorías tradicionales buscan desvíos de dinero, ignoran cuando la "moneda de cambio" es un acto sexual. Al ser las mujeres las principales víctimas de esta práctica, una política de "Cero Tolerancia" que no tipifique la sextorsión es una política que protege al agresor masculino. Aquí, la transparencia es violenta: ilumina las cuentas bancarias, pero deja en la oscuridad los cuerpos vulnerados.
Ante este panorama, el rol del Gerente de Riesgos y Oficial de Cumplimiento debe sufrir una metamorfosis radical. Ya no basta con ser un guardián de la norma legal; hay que ser un agente de resistencia ética. El Oficial de Cumplimiento es la única figura con el mandato de detener la maquinaria y preguntar "por qué". Su función debe expandirse de la Prevención de Legitimación de Capitales (AML) hacia la Legitimación de Conductas Éticas.
Propongo la implementación de una Matriz de Riesgo de Violencia Invisible, que mida no solo pérdidas financieras, sino la erosión del capital ético. Esta herramienta permite:Combatir la Banalidad del Mal: Nombrando la sextorsión para que el sistema "vea" el abuso.Neutralizar la Violencia Neuronal: Auditando KPIs de desempeño que penalizan la vida privada y los cuidados.Garantizar la Coherencia: Evitando el Purple Washing mediante auditorías de brecha salarial real y datos desagregados.
En conclusión, debemos transitar hacia una "transparencia habitada". El Oficial de Cumplimiento debe evitar el "lavado de conciencia" de las instituciones, transformando la burocracia de un "gobierno de Nadie" a un gobierno de todos y para todas.
