El Compliance ante el abismo: Una relectura desde El espíritu de la esperanza de Byung-Chul Han
En la última década, la función de Compliance ha crecido exponencialmente en tecnificación. Hablamos de matrices de riesgo automatizadas, inteligencia artificial para la detección de operaciones sospechosas y sistemas de gestión antisoborno cada vez más robustos (ISO 37001). Sin embargo, en los pasillos de las grandes corporaciones, se percibe un agotamiento. El Oficial de Cumplimiento a menudo se siente como un Sísifo moderno, empujando la roca de la regulación colina arriba, solo para verla caer de nuevo ante la próxima crisis reputacional o el próximo escándalo de corrupción.
¿Por qué, a pesar de tener más controles que nunca, seguimos sintiendo que la ética corporativa es frágil? Para responder a esto, propongo acudir a uno de los filósofos más lúcidos de nuestro tiempo, el surcoreano-alemán Byung-Chul Han. En su reciente obra, El espíritu de la esperanza, Han diagnostica que la sociedad actual ha perdido la capacidad de esperar porque está obsesionada con el rendimiento, la optimización y la transparencia inmediata.
Este artículo plantea una tesis arriesgada: El Compliance moderno ha caído en la trampa del "infierno de lo igual" (la mera verificación de casillas), perdiendo su verdadera vocación, que es ser el guardián de la esperanza ética de la organización.
El Compliance en la "Sociedad del Rendimiento"
Han argumenta que vivimos en una sociedad dominada por el miedo y la necesidad de seguridad absoluta. Queremos predecirlo todo. En el mundo corporativo, esto se traduce en la obsesión por el "Riesgo Cero".
El Compliance tradicional opera bajo la lógica de la optimización. Buscamos procesos "lisos", sin fricción. Queremos que el Due Diligence sea rápido, que el Onboarding sea digital y que los riesgos se mitiguen antes de que aparezcan. Sin embargo, Han nos advierte: “La esperanza no es optimismo. El optimismo es una variante de la gestión del rendimiento”. Y aquí radica el primer gran error conceptual de nuestra profesión: El Optimismo en Compliance: Cree que, con suficientes datos y controles, todo saldrá bien. Es un cálculo de probabilidades. Es gerencia. Y la Esperanza en Compliance: Reconoce que el riesgo es inherente a la actividad humana y empresarial, pero mantiene una visión ética inquebrantable a pesar de la incertidumbre. Es liderazgo.
Cuando reducimos el Compliance a métricas y KPIs (indicadores de rendimiento), estamos matando el "espíritu". Creamos sistemas perfectos en papel que son habitados por empleados desmoralizados o cínicos. El exceso de control, paradójicamente, genera una falta de responsabilidad moral. Si el sistema me controla, yo no necesito controlarme a mí mismo.
Uno de los conceptos centrales en El espíritu de la esperanza es la necesidad de la "negatividad". Han explica que la esperanza solo surge cuando nos enfrentamos a algo negativo, a una crisis, a un vacío. La esperanza es un acto de rebelión contra la
Si traslademos esto al Compliance y la Legitimación de Capitales: Vivimos intentando anular la negatividad. Queremos "blindar" la empresa. Pero, ¿qué pasa cuando llega la crisis real? ¿Qué pasa cuando, a pesar de los controles, un directivo comete fraude o un proveedor nos vincula con el lavado de dinero?
Un sistema de Compliance basado solo en el control colapsa ante la crisis. Un sistema basado en la "esperanza haniana" se activa en la crisis. El Oficial de Cumplimiento no debe ser un burócrata del miedo (que paraliza la acción para evitar riesgos), sino un arquitecto de la esperanza. Esto significa: Aceptar la vulnerabilidad al reconocer que la empresa es falible. Y la ética como acción, no como reacción ya que actuamos éticamente para evitar una multa (eso es miedo/optimismo calculado), actuamos éticamente porque esa es la identidad ontológica de la organización, incluso si eso significa perder un negocio lucrativo.
Han dice: "La esperanza es la que nos da alas para actuar en medio de la imposibilidad". En términos corporativos lo visualizo como la capacidad de decir "NO" a una operación millonaria pero ilícita, confiando (esperando) que la sostenibilidad a largo plazo vale más que el rendimiento inmediato.
Han es un crítico feroz de la "sociedad de la transparencia", donde todo debe ser expuesto, comunicado y vigilado. En Compliance, la transparencia es un dogma, de allí la necesidad de su análisis crítico. Por tanto, el exceso de vigilancia (cámaras, monitoreo de correos, canales de denuncia convertidos en inquisición) destruye la confianza. Donde hay transparencia total, no se necesita confianza, solo verificación. Y una empresa sin confianza es una máquina, no una comunidad humana.
El espíritu de la esperanza sugiere que debemos recuperar el vínculo humano. Un programa de Compliance efectivo según esta filosofía no es el que más vigila, sino el que mejor forma conciencias. El Compliance debe dejar de tratar a los empleados como "riesgos potenciales" (sujetos de rendimiento) y empezar a tratarlos como "agentes morales" (sujetos de esperanza).
Si aplicamos las lecciones de Byung-Chul Han, debemos reestructurar nuestros Programas de Cumplimiento bajo tres nuevos pilares:
Del "Time Management" al "Tiempo Propio” Han critica la aceleración del tiempo. En Compliance, la prisa es enemiga del análisis. Las debidas diligencias apresuradas para cerrar tratos comerciales son la puerta de entrada al blanqueo de capitales. Debemos reivindicar la "lentitud" del análisis reflexivo. El Compliance debe ser el freno de mano que permite pensar antes de acelerar hacia el abismo. La reivindicación de la "Acción" sobre el "Funcionamiento” Las máquinas funcionan; los humanos actúan. Un programa de Compliance que solo busca que la empresa "funcione" sin sanciones es mediocre. Un programa que busca la "acción" ética es revolucionario. Esto implica empoderar a cada empleado para que sea un Oficial de Cumplimiento en su metro cuadrado. La esperanza es activa, no pasiva.
Y el renacimiento del propósito (El "Para Qué") La esperanza necesita un horizonte. Han nos recuerda que, sin un sentido de futuro, el presente es una prisión. El Oficial de Cumplimiento debe dejar de hablar solo de leyes y sanciones (el lenguaje del castigo) y empezar a hablar de propósito y legado (el lenguaje de la esperanza). No prevenimos el lavado de dinero porque "la ley lo dice". Lo prevenimos porque el lavado financia la trata de personas, el terrorismo y la destrucción del tejido social. La idea es dar sentido al control. Eso es inyectar esperanza.
Al cerrar las páginas de El espíritu de la esperanza, queda claro que la técnica no nos salvará. La tecnología Blockchain, la IA y los algoritmos predictivos son herramientas útiles, pero carecen de alma. No pueden "esperar"; solo pueden "calcular". En un mundo volátil, incierto y a menudo cínico, el rol del gerente de riesgos y Compliance debe evolucionar. Ya no basta con ser el abogado o el auditor. Debemos ser, en cierta medida, filósofos corporativos. Debemos ser capaces de ver más allá del dato y entender el espíritu de la organización.
Byung-Chul Han nos invita a recuperar la capacidad de soñar un futuro distinto. Para nosotros, los guardianes de la integridad, el reto es construir empresas que no solo sean rentables y legales, sino que sean dignas de existir. Empresas que, ante la oscuridad de la corrupción sistémica, se atrevan a encender la lámpara de la ética, no por cálculo, sino por una radical y desafiante esperanza.
