El Aroma del Compliance: Una Reflexión Ontológica sobre la Pausa en la Era de la Aceleración
Desde mi trinchera en la gestión de riesgos y legitimación de capitales, vivo en un estado de alerta constante. Mi trabajo es una lucha diaria contra la entropía corporativa, contra la tendencia de las cosas a salirse de control. Leí El aroma del tiempo de Byung-Chul Han y sentí una conexión inmediata y perturbadora con mi profesión.
Han diagnostica nuestra era como una "crisis temporal". Vivimos, según él, en un tiempo "atomizado", una sucesión de presentes sin conexión, sin narrativa y sin duración. Es la era de la aceleración pura. Todo debe ser inmediato: el reporte, la ganancia, el cierre del trato, el onboarding del cliente. El "ahora" lo consume todo, y la vita activa (la vida del hacer, del producir) ha aniquilado por completo a la vita contemplativa (la vida del reflexionar, del pausar).
En el mundo corporativo, esta aceleración es el motor principal. El mercado exige velocidad. La presión por los resultados trimestrales nos empuja a una "bulimia" de actividad. ¿Y dónde nace el riesgo? ¿Dónde se gesta la legitimación de capitales o el soborno? Precisamente allí.
El riesgo florece en el presente atomizado. Nace cuando un ejecutivo dice: "No hay tiempo para el due diligence completo, debemos cerrar el acuerdo ya". Nace cuando un área comercial piensa: "Este cliente es muy rentable ahora, no preguntemos demasiado sobre el después (o el antes)". El fraude, la corrupción y el lavado d,e dinero son, en esencia, hijos del "presentismo"; son atajos que sacrifican la duración. la sostenibilidad, la reputación por la intensidad del instante de una ganancia inmediata.
Aquí es donde entra mi función. Y seamos honestos: el Compliance es, por definición, la función más impopular en la era de la aceleración. Somos el freno, el semáforo en rojo, la burocracia. Somos la "pérdida de tiempo".
Cuando exijo un formulario KYC (Conozca a su Cliente) detallado, cuando detengo una transacción para pedir la documentación de origen de fondos, cuando obligo a un equipo a pasar por una capacitación ética, estoy, en términos de Han, forzando una pausa. Estoy interrumpiendo la vita activa de la empresa.
Mi trabajo no es producir. Mi trabajo es hacer que los demás dejen de producir por un momento y piensen. El Compliance es la institucionalización de la vita contemplativa en la organización.
Han argumenta que hemos perdido los "rituales", aquellas prácticas que daban al tiempo una estructura, una duración y un "aroma". Los rituales, dice, son "técnicas temporales de estabilización". Hoy solo tenemos "procedimientos". Un ritual tiene significado; un procedimiento solo tiene eficiencia.
Veo este dilema en mi día a día. ¿Es mi procedimiento de due diligence un ritual con "aroma" (el aroma de la integridad, de la reflexión) o es solo un procedimiento vacío, un "check-the-box" que la gente cumple con desdén para volver a la aceleración?
Y sin duda el Compliance existe para combatir la atomización. Mi labor es reintroducir la narrativa en el tiempo corporativo.
Byung-Chul dice que el tiempo hoy "no huele a nada" porque no hay duración. El aroma requiere permanencia; un instante no tiene aroma. Y es así como para mí la reputación es el "aroma" de una empresa, construido no en un instante de alta ganancia, sino a través de la duración de acciones coherentes y éticas. Y mi función, como gerente de riesgos y legitimación de capitales, es ser la guardiana de ese aroma.
Cuando analizo una alerta de legitimación de capitales, no estoy mirando un "presente atomizado”, estoy obligado a reconstruir una narrativa, tengo que preguntar: ¿De dónde vino este dinero? ¿A dónde va? ¿Cuál es la historia de este cliente? Mi trabajo es conectar los puntos, encontrar la coherencia o la falta de ella.
Es que el Compliance transforma el tiempo de ser una serie de puntos discretos a ser una línea continua. El Pasado a través del due diligence, investigamos la historia del cliente o socio, pero en Presente es con el monitoreo, analizamos la acción actual. Y así vemos el futuro por medio de la gestión de riesgos, proyectamos las consecuencias de esa acción.
Al hacer esto, le devolvemos "duración" al negocio. Obligamos a la organización a recordar que sus acciones de "ahora" tendrán eco "después". Una multa multimillonaria, una crisis reputacional o un proceso penal no son eventos "presentes"; son el resultado de una narrativa de riesgo que se ignoró por priorizar la aceleración.
Por ello, mi objetivo estratégico es transformar los "procedimientos vacíos" en "rituales con significado". Un procedimiento se cumple por obligación; un ritual se realiza por convicción.
La filosofía de Byung-Chul Han nos provee una base onto-epistémica poderosa. Nos demuestra que el Compliance moderno no es, o no debería ser, una función meramente legal o policial. Es una función profundamente humanista.
En un entorno que nos empuja a la aceleración sin sentido, al rendimiento agotador y a la transparencia vacía de los datos, mi función como Gerente de Riesgos es la contrafuerza que reintroduce la narrativa, la pausa y el significado.
Somos el recordatorio estructural de que la corporación no es una máquina de producir resultados atomizados en un eterno "ahora". Es una comunidad humana que existe en el tiempo: tiene un pasado (que investigamos), un presente (que monitoreamos) y un futuro (que protegemos).
Mi labor, al final del día, no es solo prevenir la legitimación de capitales. Es proteger a la organización de las patologías de la modernidad que Han describe. Es luchar para que la empresa no se disuelva en el "cansancio" de la autoexplotación, sino que perdure.
Somos los guardianes de la duración. Somos los custodios del "aroma".
