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La convivencia forzosa del confinamiento hacía presagiar una oleada de divorcios. Pero los pronósticos parecen haber fallado: las demandas de disolución matrimonial cayeron un 13% en el 2020,  según un informe reciente del Consejo General del Poder Judicial. Pero ojo, esto no quiere decir tampoco que la pandemia haya avivado el amor, sino que ante la crisis económica las parejas han preferido postergar el divorcio, como nos comentan destacados abogados de familia.

“Llevamos un año soportando ERTE, ERE, aumento de paro, cierre de comercios….Todo ello ha originado un descenso del poder adquisitivo de las unidades familiares, teniendo en cuenta que el 80 % de los divorcios son personas entre 25-45 años, en edad laboral”, apunta el abogado murciano José Manuel Hernández Benavente, que ha notado un descenso drástico de los casos de divorcio en su despacho. “Esta situación hace que matrimonios o parejas no casadas con hijos se esfuercen en convivir por ahorrarse el gasto económico de este procedimiento o lo posterguen, esperando que se reactive la situación”, añade.

El aspecto económico es un factor clave a la hora de decidir divorciarse, sobre todo teniendo en cuenta que, como cuenta Hernández, un divorcio puede costar 1.500 euros por persona. “Y ello sin liquidación del régimen económico matrimonial y, por tanto, muchos acuden al divorcio a través de notarios o secretarios judiciales, o solicitan justicia gratuita”, explica.

Esas cifras de descenso en los divorcios esconden, por tanto, una realidad mucho menos halagüeña para muchos matrimonios, como cuenta una de las grandes expertas sobre el tema, la abogada Elena Zarraluqui Navarro: “Convivencias intensas, reparto no equitativo de labores domésticas, miedo por los numerosos fallecimientos y el aumento de ERTES ha hecho mella en la pareja.  El confinamiento ha podido con el matrimonio, todas las parejas necesitan un poco de aire y cualquier problema magnifica la situación”.

Como anticipo de lo que puede ocurrir cuando la situación económica mejore, en el despacho de Zarraluqui están recibiendo ya una “avalancha de consultas”. “La semana pasada tuve seis consultas por día para interponer demandas de divorcios”, cuenta.

Una de las comunidades donde se disolvieron menos matrimonios fue Castilla y León (una tasa de 16,9 disoluciones matrimoniales por cada 1.000 habitantes, mientras que la media nacional es de 20), como nos confirma María José Sánchez González, abogada de Valladolid “desde marzo hasta junio de 2020 no se han presentado demandas y se suspendieron plazos, y desde junio la situación económica tiene mucho peso a la hora de tomar una decisión definitiva”

La realidad es que hay muchos matrimonios que ya se han separado, pero que no formalizan la ruptura porque no tienen dinero para hacerlo.  O tratan de hacerlo mediante acuerdos de mediación, en los que los abogados pueden jugar un papel fundamental, para evitar llegar al juzgado.  “La gente está harta de la situación, por tanto, intenta llegar a pactos para no meterse en pleitos”, cuenta Zarraluqui. Por ello, Sánchez insiste en que los abogados deben estar para solucionar problemas, no para generar más pleito y aconseja “intentar un acuerdo, relajar la tensión que existe en conflictos de rupturas, no judicializar todos porque podemos regularizarlos con un consenso entre las partes”.

Y lo que sí ha producido es un aumento de consultas a los bufetes relativas a modificación de medidas en procesos de separación ya tramitados, sobre regímenes de visitas. “Ha habido problemas de cumplimiento por los cierres perimetrales de los municipios o incluso por contagios familiares, al no poder visitar a los menores”, razona Hernández.  También ha habido casos de padres con problemas para hacer frente a la pensión de alimentos por despido o peticiones de cambio de modelo de custodia- de compartida a exclusiva-, porque se han modificado las circunstancias del hijo.

Los abogados avisan de que tras este parón en las demandas de disolución matrimonial, vendrá un verdadero boom de divorcios a finales de 2021 o principios de 2022.   “En los despachos de familia teníamos tradicionalmente dos picos de trabajo, el ‘posverano’ y la ‘posNavidad´, en los que se disparaban las demandas de divorcio. Ahora es posible que se estrene el `poscoronavirus´ como nuevo momento del año”, afirma Zarraluqui.




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