JUC


La Abogacía es esencial para que haya Justicia y para la sociedad a la que servimos.

Somos o debemos ser un buen ejemplo de la lucha por la justicia y por servir a las sociedades en que vivimos los abogados. Porque sin abogados libres e independientes no son posibles sociedades libres y justas.

Pero esa exigencia a los demás de que se reconozca el papel de los abogados, es antes, una exigencia a nosotros mismos.

Tenemos la obligación de hacer nuestro trabajo lo mejor posible.

No valen las medias tintas.

A la abogacía no le va la mediocridad.

Es de todo punto necesario, como abogados, como parte de la sociedad a la que servimos, hacer un profundo y sincero ejercicio de autocrítica como sociedad.

Quizás ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis, la crisis que vive hoy el mundo, es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de algunos banqueros o la evolución de la bolsa y los mercados.

Se habla de la crisis migratoria, cuando es la crisis humanitaria más grave de los últimos años.

Se habla de la migración como si fuera solo un problema de los que huyen de la pobreza, o de las guerras.

Se habla de aceptar " cupos" de refugiados e inmigrantes, como si no fueran personas. cuando han nacido iguales a nosotros.

Hemos de admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un mundo mediocre.

Hemos de reconocer que hemos creado una cultura, un mundo, en el que los mediocres son los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación. Estamos tan acostumbrados a la mediocridad, que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de la cosas.

Mediocre es cualquier país donde sus habitantes pasan una media de 180 minutos al día frente a un televisor que muestra, principalmente, basura.

Mediocre es cualquier país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada y la independencia de criterio sancionada.

Mediocre es cualquier país que haya permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse atraer por la imparable marea gris de la mediocridad.

Me he referido muchas veces a que frente a este mundo, es responsabilidad de la abogacía y al servicio que cumplimos, reaccionar. Y tenemos la responsabilidad de no caer en la mediocridad. De trabajar cada asunto desde la excelencia.

Y eso requiere esfuerzo. tiempo. dedicación. Formación. mucha y constante formación.

Y hacerlo juntos porque " ir juntos es comenzar, mantenerse juntos es progresar. trabajar juntos es triunfar". ( Henry Ford).

Voy a decirlo de otro modo: la abogacía, como grupo de personas, desempeña un papel fundamental en la sociedad. no somos mediocres.

La abogacía no va a cambiar, no va a dejar de ser imprescindible e independiente.

Es nuestro sentido de la justicia y del deber. Allá donde haya una necesidad o una injusticia habrá siempre un abogado. habrá un colegio de abogados, una asociación de abogados. Esa es la responsabilidad que asumimos.

Alcemos la voz como abogados, contra las injusticias, las detenciones injustas y sin asistencia legal, la defensa de la defensa, que es al fin, la defensa del ciudadano, la independencia judicial. Alcemos la voz contra la mediocridad.

Y no perdamos tiempo. porque decir: lo hare mañana, alguna vez es prudencia, decirlo muchas veces, es el adverbio de los vencidos.

A mediados del siglo pasado Giuseppe Tomasi di Lampedusa ponía a conversar a don Fabricio Corbera con su sobrino, Tancredo Falconeri, de cuya boca saldría la célebre frase: se vogliamo che tutto rimanga come e, bisogna que tutto cambi. Si queremos que todo siga como esta, necesitamos que todo cambie.