José Muelas; el último Quijote Jurídico
Pere Lluis Huguet Tous. Diputado del PP en el Parlamento catalán, expresidente del Consell de l'Advocacia Catalana, exvicepresidente del CGAE y decano emérito del ICA de Reus
Así, y solo así, tituló su columna Francisco Umbral en septiembre de 1991 y otro septiembre, el de 2025, fallecía el último Quijote jurídico. Sus molinos, a los que envistió con la lanza de la palabra en 140 caracteres primero y 280 después, fueron las tasas judiciales, un turno de oficio digno, pensiones decentes para los abogados, y cualquier causa que considerara justa.
Había hablado con él pocos días antes de fallecer, lo encontré cansado, pero con esa curiosidad, que siempre le caracterizó, intacta, quedamos que vendría a Barcelona a conocer ese Palacio Real que nunca fue ocupado por la monarquía y que se convirtió en el Parlamento de Cataluña, porque su otra gran pasión era la historia, la historia de España, y en especial la historia de Cartagena, que conocía y explicaba con pasión.
![]() |
||
|
Jose Muelas lucho contra las tasas judiciales Aquí, segundo por la zda en un acto en el ICAM en octubre del 2015, de la brigada tuitera. Le acompañan los abogados Emilio Cobos y Virginia Mate y los decanos Sonia Gumpert y Orol Rusca que en aquel momento estaban en los colegios de Madrid y Barcelona (imagen Luisja Sánchez) |
||
Fue un jurista extraordinario, ya a finales del siglo pasado intuyó la importancia de la trasformación que las tecnologías de la información, y en especial en el mundo del derecho, iban a suponer. Pero sobre todo, y ante todo, era abogado.
Abogado de trinchera, de aquellos que se han curtido en noches de cuartel de la Guardia Civil, que los conocía mejor que nadie porque habían sido su casa, o en juzgados de guardia defendiendo a quien no tenía medios, pero tenía al mejor abogado, dejándose la piel por aquello que creía justo.
Y entendió la abogacía no como una profesión sino como un sacerdocio, era su vida y para lo que vivía, y por eso la envolvió de humanidad, sus historias, muchas de ellas recogidas en sus perfiles de las redes sociales, rezuman humanidad, pasión por el derecho, pero sobre todo amor por el prójimo, por el vulnerable, por quien tiene que enfrentarse a la justicia cargado de razones, pero carente de medios.
No soportaba la injusticia, y por ello emprendió batallas sin más medios que su palabra, palabra muchas veces encapsulada en sus twits que hicieron suyos en sus embistes con la brigada twittera, miles de abogados, Pepe era su general, y ganó.
Y fue un amigo, amigo de los de verdad, de los de para siempre y todo, amigo con quien compartí horas de café en aquellos años que coincidimos como decanos de dos colegios de abogados de dos ciudades de las denominadas “de partido”, queríamos trasformar la abogacía, y con ello el mundo de la justicia, y debo confesarles que muchos de los avances que la tecnología ha traído al mundo de la justicia fueron idea suya.
Nunca quiso protagonismo, aunque, sin duda, hubiera sido muy merecido, su fin siempre trabajar para los compañeros y por la justicia.
Pepe sé que estés donde estés, a buen seguro seguirás luchando por nuestra libertad y nuestra justicia, hasta siempre amigo.

