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Desde las complejidades de sus métodos de estudio a una infraestructura poco amigable con su capacidad visual. Estudiantes ciegos de Derecho de la Universidad de Chile cuentan su experiencia de estudiar leyes en una de las facultades más antiguas del país.

Fernanda Robles

Con sus dos manos ocupadas —la derecha sosteniendo un bastón y la izquierda un celular— Bruno Chacón camina a paso lento en dirección a la salida de la facultad. Su cara dibuja una sonrisa. No puede ocultar la felicidad de haber aprobado el último examen que le quedaba para salir de vacaciones. Llamó a su papá para contarle la noticia.“Ha sido un semestre particularmente difícil, agotador”, dice Bruno. El segundo año de Derecho ha sido complicado para él. A diferencia de sus compañeros, sus métodos de estudio son más lentos.

Bruno es uno de los 8 estudiantes no videntes que actualmente estudian leyes en la Universidad de Chile.

Mediante un sistema de ingreso especial para personas en situación de discapacidad, este plantel estatal abre todos los años una cantidad limitada de cupos para recibir a estudiantes por vía inclusiva. En 2018 fueron 3 las vacantes. Los requisitos para postular dependen de una ponderación entre el puntaje obtenido en la PSU de Historia y Ciencias sociales, las notas de la enseñanza media y una entrevista personal.

En 2016, Bruno decidió postular mediante esta vía a Derecho en la U. de Chile. A sus 20 años, no sólo fue aceptado también se convirtió en el primer matriculado ciego que obtuvo la gratuidad para sus estudios.

En el país existen distintas casas de estudio que tiene programas de inclusión para estudiantes con algún tipo de discapacidad; una de ellas es la Universidad de Chile que mediante el “Programa para la Inclusión de Alumnos con Necesidades Especiales” permite a personas con dificultades visuales, auditivas y motoras acceder a estudios universitarios.

Ingresar a la universidad fue un gran desafío para Bruno: “Ha sido una experiencia de altos y bajos, pero bien dentro de todo, en parte, por el apoyo de mis compañeros”, dice. Y es que si bien el departamento de Asuntos Estudiantiles ha intervenido las veces que Bruno lo ha necesitado, no habría conseguido nada si no se hubiese acercado a la oficina por sus propios medios a solicitarla.

La ubicación de baños, bibliotecas, computadores, salas de estudio e incluso orientación en métodos de estudio puede ser algo muy simple de encontrar para alguien con visión; no así para las personas ciegas, quienes muchas veces dependen de la voluntad de sus compañeros para guiarse.

Katherine Figueroa, estudiante con discapacidad visual de tercer año de Derecho en la U. de Chile, concuerda con Bruno Chacón respecto del acompañamiento que da la casa de estudios a estudiantes con dificultades de visión una vez que entran a la carrera: “Nosotros tenemos que acercarnos para recibir la orientación que necesitamos”.

 

Caminos sin guía

Es viernes y los patios de Facultad de Derecho están vacíos. Con tenidas formales y apuntes en la mano, estudiantes caminan con paso acelerado desde la entrada principal para dirigirse a las salas donde deben rendir sus últimos exámenes Algunos de ellos entran acompañados, apoyándose del brazo de alguien que direcciona sus pasos.

Aunque algunos ignoren su existencia, muchas veces existen líneas rectas en el suelo que sirven para orientar el camino de un ciego. La inexistencia de estas guías en la Escuela muchas veces dificulta el andar de estos estudiantes. “No hay nada que te guíe en la entrada del edificio. En algunas partes el bastón incluso se desvía. Dentro del edificio no hay guías que conduzcan y guíen tu camino a las escaleras, biblioteca, baños, etc”, dice Bruno.

Nicolás Urbina, también estudiante de segundo año, pero sin discapacidad visual de ningún tipo, reafirma la experiencia de Bruno. “A grandes rasgos, la infraestructura no está adaptada ni ambientada para personas con necesidades especiales, por ejemplo, que se movilicen en silla de ruedas. Lo puedo ver en la gran cantidad de escaleras que tiene el edificio”, dice.

En 2014 la Facultad de Derecho de la U. de Chile fue declarada monumento nacional. Dado que el inmueble está protegido por sus valores históricos y arquitectónicos, no es fácil su intervención. “Yo diría que está poco adaptado”, señala Bruno. Sin embargo, la construcción del edificio “Los presidentes”, permitió a los estudiantes contar con una infraestructura más amigable, adaptada a todo tipo de personas.

Derecho sin visión

Para que la autoridades no atribuyeran sus reclamos a individuos en particular, cuatro estudiantes no videntes decidieron en 2013 agruparse para formar “Derecho a ciegas”. Mediante un grupo de Whatsaap se organizan para hacer llegar sus inquietudes y demandas a las autoridades. “Antes cada uno iba a hacer sus reclamos a la dirección de Escuela, pero muchas veces las soluciones no eran permanentes y al tiempo volvías a tener los mismo problemas”, dice Darío Alfaro, uno de los fundadores de la agrupación.

 

¿Igualdad de condiciones?

Darío tiene 31 años y egresó hace uno y medio de Derecho. Hace 9 meses se está preparando para rendir el examen de grado, que decidió dar en diciembre de este año. Su paso por la universidad dice haber estado marcado por distintos momentos y desafíos.

Una de las mayores dificultades de los estudiantes ciegos de Derecho es el material de estudio que les entregan sus profesores: las “separatas” o carpetas con textos que en su mayoría se encuentran rayados o subrayados, lo que dificulta su lectura aunque cuenten con un software para ello.

Por lo general, para estudiar estos estudiantes deben escanear los textos y usan el programa Jaws —software lector de pantallas—. De esta forma, pueden escuchar el material entregado por sus profesores. Sin embargo, muchas veces los textos no están adaptados o son ilegibles, por lo que el programa no reconoce todas las palabras.

En estos casos, con la ayuda de una persona sin problemas visuales, los estudiantes deben transcribir los textos.

“Lo materiales de estudio son complejos, pero en general la experiencia ha demostrado que nuestros compañeros ciegos son estudiantes que perfectamente pueden estudiar en condiciones igualitarias”, señala Juan Cristóbal Canturias, presidente del Centro de Estudiantes de Derecho.

A diferencia de Darío —que pretende rendir su examen de grado en diciembre de este año— a Bruno le queda un largo camino por recorrer: “Ha sido un período caótico, pero igual he salvado. Hacer la diferencia depende de uno”, dice.

Reproducción autorizada por Idealex.press  Ver artículo original

 




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