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Javier Ramos estaba a punto de empezar su nueva vida en Mallorca junto a su novia y su «compañero y ángel de la guarda», Nano. Un bulldog francés de seis años de edad. Dejaba atrás Sevilla con su perro en el transportín y toda la ilusión del mundo puesta en aquel avión. Pero nunca pudo volver a recordar ese día como bonito. Tras la desatención del animal, bajo la custodia del personal de la aerolínea que le llegó a dejar una hora al sol y sin agua, Nano llegó muerto a su nuevo destino, «rodeado de vómitos, heces y orina», contaba su dueño al realizar la denuncia.

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