La IA jurídica entra en una nueva fase: ahora toca ordenar, gobernar y demostrar valor
María de la O Martínez
Directora de Estrategia e Innovación - Lefebvre
El 3er Congreso IA Derecho y Empresa de Lefebvre dejó una sensación clara: la conversación sobre inteligencia artificial en el sector jurídico ha cambiado de etapa. Ya no estamos solo ante la fascinación inicial por una tecnología capaz de redactar, resumir o buscar información. Estamos ante una pregunta mucho más exigente para despachos, asesorías jurídicas, empresas y administraciones públicas: cómo integrar la IA en el trabajo real con seguridad, con método y con impacto medible.
Ese fue, en mi opinión, uno de los grandes hilos conductores del congreso. La IA ya no se analiza únicamente desde lo que promete, sino desde lo que permite hacer mejor cuando se usa con criterio. Se habló de gobernanza, de IA especializada frente a IA generalista, de agentes, de administraciones públicas, de talento, de procesos y de casos de uso concretos. Pero, por encima de todo, se habló de personas. Personas que diseñan, supervisan, validan, deciden y asumen responsabilidad. Personas que necesitan herramientas potentes, sí, pero también fuentes fiables, trazabilidad, formación y una cultura de trabajo capaz de sostener el cambio.
La tecnología avanza muy rápido, pero el verdadero reto del sector jurídico no consiste solo en adoptar IA. Consiste en incorporarla sin perder aquello que hace valioso el trabajo jurídico: el criterio profesional, la seguridad jurídica, la capacidad de interpretar el contexto y la confianza. Por eso me parece tan importante que el debate esté pasando de la pregunta “qué puede hacer la IA” a otra mucho más útil: “qué necesitamos ordenar para que la IA aporte valor de verdad”.
Y ahí es donde Legal Operations cobra una relevancia especial.
En la mesa que tuve la oportunidad de moderar, Legal Operations y estrategia empresarial, quedó claro que esta disciplina ya no puede entenderse como una cuestión secundaria o meramente organizativa. Legal Operations es, cada vez más, la base que permite a los equipos jurídicos trabajar mejor, explicar mejor su contribución y conectar su actividad con los objetivos del negocio.
Hablamos de procesos, datos, métricas, tecnología, conocimiento compartido y gobierno. Pero, sobre todo, hablamos de una forma distinta de entender la función legal. Durante años, muchos equipos jurídicos han funcionado gracias al esfuerzo individual de profesionales excelentes, capaces de sacar adelante asuntos complejos con gran dedicación. Ese esfuerzo seguirá siendo imprescindible, pero no puede seguir siendo el único sistema operativo de la función jurídica.
Cuando el conocimiento está disperso, cuando los procesos dependen de una sola persona, cuando no existen indicadores claros o cuando cada asunto se gestiona de forma distinta, la IA no resuelve el problema. En muchos casos, lo amplifica. Automatizar el desorden no genera eficiencia sostenible. Puede generar velocidad, pero no necesariamente calidad, control ni seguridad.
Legal Operations y la iA
Por eso Legal Operations es una condición previa para una adopción seria de la inteligencia artificial. Antes de desplegar herramientas, agentes o automatizaciones, hay que entender cómo entra el trabajo, cómo se clasifica, quién decide, qué documentos se usan, qué riesgos existen, qué plazos hay, qué datos se capturan y cómo se mide el resultado. Solo entonces la tecnología puede integrarse en el flujo jurídico de forma útil y gobernable.
El Congreso mostró muy bien esta evolución. Las soluciones de IA generalista pueden ser útiles para determinados usos, pero el trabajo jurídico exige algo más que capacidad de generación de texto. Exige certeza jurídica, fuentes verificadas, actualización, trazabilidad y capacidad de explicar cómo se llega a una respuesta. En este punto, la combinación de conocimiento jurídico especializado, tecnología y flujos de trabajo resulta determinante.
Las sesiones prácticas lo aterrizaron con claridad: cuando la IA se conecta al expediente, a los documentos, a las fuentes y a salidas reutilizables, como sucede en el ecosistema Lefebvre con GenIA-L y LexOn, el valor deja de ser abstracto. La IA no puede ser una capa aislada, tiene que vivir dentro del proceso, del conocimiento y de la forma real de trabajar de cada organización.
También se puso de manifiesto que la confianza será el gran factor diferencial. Los equipos jurídicos no necesitan solo respuestas rápidas. Necesitan respuestas fiables, contrastables y sometidas a revisión profesional. Necesitan saber qué se ha usado, qué se ha descartado, qué límites tiene el resultado y dónde debe intervenir el criterio humano. La supervisión humana no es un trámite, es la garantía de que la IA se convierte en una herramienta de mejora y no en una fuente adicional de riesgo.
Legal Operations ayuda precisamente a construir ese entorno de confianza. Permite ordenar procesos, documentar conocimiento, definir responsabilidades, establecer métricas y diseñar modelos de trabajo más colaborativos. También ayuda a que la función jurídica deje de explicarse por el volumen de trabajo asumido y empiece a explicarse por el valor que aporta: reducción de riesgos, mejores decisiones, mayor eficiencia, más previsibilidad y una relación más estratégica con el negocio.
Esta es, para mí, una de las conclusiones más relevantes del 3er Congreso IA Derecho y Empresa. La inteligencia artificial no sustituye la transformación de los equipos jurídicos. La exige. Nos obliga a mirar hacia dentro, a ordenar la casa y a preguntarnos qué tareas deben automatizarse, cuáles deben rediseñarse y cuáles deben seguir siendo profundamente humanas.
En el fondo, Legal Operations no va de hacer más con menos, aunque también ayude a conseguirlo. Va de liberar tiempo y capacidad para que los profesionales jurídicos puedan centrarse en lo que realmente aporta valor: pensar, anticipar riesgos, acompañar al negocio, defender posiciones sólidas y generar confianza.
Desde Lefebvre seguiremos impulsando este debate porque el futuro de la función jurídica no dependerá únicamente de quién tenga más tecnología, sino de quién sea capaz de convertir el conocimiento jurídico en una ventaja organizada, trazable y compartida.
La IA puede acelerar mucho el trabajo jurídico. Pero solo las personas, con método, criterio y confianza, pueden convertir esa velocidad en verdadero valor.
