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"Quiero hablar con las víctimas del 13N": uno de los terroristas de la sala Bataclan apela a la "justicia restaurativa" en el décimo aniversario del atentado

La petición de Salah Abdeslam divide a Francia, entre quienes la ven como un intento de redención y quienes la consideran una forma de "trivializar el terrorismo". La abogada Olivia Ronen, que explicó así la supuesta transformación de Abdeslam entre rejas: "Se trata de una persona que está intentando acceder a la educación y que, además, pidió disculpas a las partes civiles durante el juicio, algo bastante inusual (...) Él podría explicar la situación y abrir una puerta a las víctimas, si así lo desean".

Hace unos días podían leerse en medios franceses que uno de los terroristas del 13 de noviembre estaría dispuesto a participar en justicia restaurativa. Y después hemos podido verla en el mundo, a este periódico corresponde el extracto de la noticia con la que he comenzado.

Es curioso porque entiendo que esto haya dividido a la sociedad francesa más que nada porque no es está enfocando bien la justicia restaurativa. Precisamente por eso suelo ser tan crítica con las malas prácticas, con la falta de formación adecuada y con que los medios den voz de manera frecuente a personas no expertas.  Parece que solo si eres juez, político, catedrático sabes de lo que hablas y la realidad es que solo los verdaderos “artesanos” de la justicia restaurativa conocen sus posibilidades y beneficios. Y es que cuando no se traslada al público de forma correcta que implica la justicia restaurativa, corremos el riesgo de lo que está pasando: su banalización y sobre todo su desnaturalización.

JUSTICIA RESTAURATIVA EN DELITOS GRAVES COMO LOS DE TERRORISMO

Un superviviente de los atentados de Charlie Hebdo ha criticado esta justicia restaurativa porque opina que no serviría para delitos de terrorismo. Es normal que algunas víctimas opinen esto sobre todo si nos fijamos en cómo la abogada del terrorista ha transmitido la voluntad de su cliente. Habla de que estaría dispuesto, que incluso ha pedido perdón, que está intentando educarse y que así podría explicar la situación…. Parece una broma, lo que transmite la abogada, quizá por desconocimiento o por ideas erróneas sobre lo que es la justicia restaurativa desde luego no trabajamos bajo estas premisas.

Una vez más hay que comenzar con que la justicia restaurativa no tiene como objetivo pedir perdón o perdonar.  Pedir perdón es muy sencillo, son dos palabras y se puede hacer sin sentirlo de verdad.  De la misma manera no podemos poner presión en las víctimas con la idea de que tienen que perdonar, no hay víctimas buenas y malas porque unas perdonen y otras no. 

Si acaso el perdón es una consecuencia beneficiosa que en muchas ocasiones se da tras un proceso de justicia restaurativa, pero esto queda en la esfera personal de cada víctima.

En cuanto a las personas ofensoras, en este caso el terrorista, no se puede pedir perdón si no se entiende el contexto, y esto es la historia de las personas a las que han dañado. Para lograr esto debe comprender el daño que ha causado y asumir su responsabilidad.

Suena muy diferente que se hable de justicia restaurativa para hablar a que se diga justicia restaurativa porque ha comprendido el daño que ha causado. Las intervenciones restaurativas en delitos muy graves como terrorismo no son prácticas para hablar, incluso en otras noticias he podido leer que le gustaría hablar con la sociedad civil sobre el juicio etc…. En general cuando hay un delito, y con más razón si es grave la justicia restaurativa implica responsabilidad y voluntad de reparar o más bien aminorar el dolor causado.  Y esto no se soluciona diciendo que quiere estudiar, que ha pedido incluso perdón y que se abre a la justicia restaurativa.  Su abogada ha pensado muy poco en las víctimas haciendo estas afirmaciones puesto que lejos de parecer que está entendiendo el daño causado, da la impresión que quiere justificar e incluso generar empatía en las víctimas.

Y como no todas las personas somos iguales, no todas las víctimas pueden ver con buenos ojos estas afirmaciones que no llevan en ningún caso, la explicación de que está haciendo un proceso de responsabilización por el daño causado. Antes de lanzar una proposición así primero deberíamos pensar cómo lo van a recibir las víctimas y si es un buen mensaje para la sociedad y claramente no lo es.

Un presupuesto esencial para iniciar un proceso restaurativo es la preparación con las víctimas y la persona ofensora. Es imprescindible que la persona ofensora, haya entendido el impacto de sus acciones sin justificaciones ni peros. Y en delitos de terrorismo es bastante complicado por cuanto son delitos basados en ideas y creencias.  Ayudar a un terrorista a responsabilizarse por sus acciones en estos casos es un proceso lento porque hay que buscar las herramientas adecuadas para que se cuestionen sus ideas y creencias y valoren que su actuación no estaba justificada bajo ningún concepto. El proceso de responsabilización en terroristas radicales es complicado, requiere de facilitadores con formación específica y tiempo. No son prácticas para que pueda hablar y contar su historia, debe haber asumido su responsabilidad sino se da este requisito, no se podría hacer un encuentro conjunto con las garantías de que fuera eficaz. Y para todo esto con el hecho de pedir perdón no es ni suficiente ni siquiera necesario.

Se dice que algunas víctimas podrían estar dispuestas, y hay que respetar su decisión, pero es que también hay que trabajar en su preparación, habría que entender que expectativas tienen de este posible encuentro conjunto, qué necesidades porque si buscan algo de esta reunión conjunta que probablemente no lo consigan no podemos permitirlo porque sería revictimizante.

Como se puede ver no es algo fácil ni sencillo se requiere tiempo.  Debido a ciertas películas se ha ofrecido al ciudadano una visión muy romántica de lo que es la justicia restaurativa, se ha “vendido” el prototipo de víctima buena que perdona e incluso se ha podido ver prácticas en ciertas películas mal organizadas y sin preparación. La justicia restaurativa no es mágica requiere trabajo.  Por tanto, no me extraña que se haya divido a la sociedad francesa ya que si yo leo la noticia incluso estaría en contra porque no me consta que se esté trabajando con el terrorista la responsabilización y si lo leo parece que quiere simplemente contar su historia e insisto en delitos, la justicia restaurativa no es una intervención para hablar. Hay un elemento de responsabilidad y de hacer justicia que no se debe olvidar.

Además, hay otro aspecto del que no se habla en la noticia: la reparación. Efectivamente no podemos hablar de reparación en sentido estricto porque los daños son irreparables y aquí es donde precisamente la justicia restaurativa puede ayudar porque se buscaría aminorar el dolor causado. Allí donde el daño parece irreparable, la justicia restaurativa busca gestos que devuelvan dignidad, respeto y un respiro al dolor. Se trataría de devolver algo de luz por la oscuridad que supuso el delito. Y esta reparación puede ser diferente para cada víctima, posiblemente algunas sentirán que es suficiente con la oportunidad de enfrentar al responsable y ver su asunción del daño, otras con poder contar su historia, pero otras necesitarán compromisos como el de no volver a hacerlo. En otros casos la reparación requerirá un hacer por parte del terrorista, es decir tampoco podemos olvidarnos de la reparación del daño o al menos de la necesidad de aminorar el dolor causado.  Por eso, entiendo la indignación de muchas personas. Y este mal uso de la justicia restaurativa tiene un perjuicio añadido: el resto de la sociedad. He podido ver algunos comentarios de personas que han leído la noticia, unos ciudadanos enfadados porque la noticia parece querer minimizar el daño que causó, porque da la impresión de que justifica al terrorista y sobre todo dulcifica el proceso de justicia restaurativa. Esto no es justicia restaurativa y su marketing en los medios nos está haciendo mucho daño porque está poniendo en contra a la sociedad. Ojalá se empezara a dar voz en la prensa a los verdaderos expertos en la justicia restaurativa, mientras esto no pase la sociedad no la va a entender ni va a valorar sus beneficios.

CONCLUSIONES

La noticia sobre la supuesta disposición de uno de los terroristas del 13N a participar en un proceso de justicia restaurativa pone de manifiesto la profunda incomprensión que todavía existe en torno a esta justicia. Cuando se presenta la justicia restaurativa como una vía para hablar, pedir perdón o “explicar” los actos cometidos, se la reduce a un gesto vacío y se desnaturaliza su verdadero sentido. No se trata de una práctica simbólica ni mediática, sino de un proceso exigente que requiere responsabilidad, verdad, preparación y acompañamiento especializado.

En los delitos más graves, como los de terrorismo, la justicia restaurativa no busca reconciliación ni redención ni mucho menos perdón. Busca, en cambio, que la persona ofensora comprenda el daño causado, asuma su responsabilidad sin justificaciones y, solo entonces, explore formas de reparar o al menos aminorar el dolor de quienes sufrieron las consecuencias de sus actos. Este proceso solo es posible si se trabaja previamente con ambas partes, con tiempo, formación y profundo respeto por las víctimas.

Las víctimas, por su parte, deben ser acompañadas en su preparación, comprendiendo qué esperan del proceso y evitando toda revictimización. No hay víctimas “buenas” o “malas” según perdonen o no: cada una tiene derecho a decidir si quiere o no participar, sin presión ni idealizaciones. La justicia restaurativa no es un espacio para forzar el perdón, sino para devolver a las personas la dignidad y la voz que la violencia les arrebató.

Por ello, es preocupante que los medios presenten estas iniciativas sin rigor, generando confusión social y rechazo hacia una práctica que, bien aplicada, puede aportar una comprensión más profunda de los daños causados y contribuir a una justicia más humana. El mal uso del lenguaje y la falta de formación en quienes comunican estas noticias provocan una visión romántica o ingenua de la justicia restaurativa, alejándola de su esencia: la responsabilidad, la verdad y el respeto.

En definitiva, la justicia restaurativa no es indulgencia ni espectáculo. Es un camino difícil, artesanal y profundamente humano, que exige preparación, sensibilidad y compromiso ético. Allí donde el daño parece irreparable, su sentido más profundo es buscar gestos que devuelvan dignidad, respeto y un respiro al dolor, sin trivializarlo ni justificarlo. Solo así podrá contribuir, incluso en los delitos más atroces, a construir un sentido de justicia que no renuncie a la humanidad. La semana del 16 al 23 de noviembre es la semana internacional de la justicia restaurativa y pediría rigor y responsabilidad en las personas que dicen apostar por la justicia restaurativa.

“La justicia restaurativa no es un escenario para justificar ni un ritual de perdón, sino un camino arduo donde asumir el daño, respetar a las víctimas y, cuando el dolor es inmenso, buscar apenas un gesto que devuelva algo de dignidad.”