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Es natural que, en una investigación de posibles herederos, a los abogados genealogistas el proceso vaya llevándonos por caminos insospechados. Pero hay ciertos casos que dejan más huella que otros, y son los que, precisamente, ponen más a prueba nuestra capacidad; y los que demuestran que, sin un trabajo genealógico exhaustivo, algunas herencias serían imposibles de resolver. Esto es lo que demuestran historias como la que contamos en este artículo, de un hombre en una aldea recóndita de Galicia que acabo heredando un amplio piso en Madrid.

Cuando la herencia pasa a la gestión del Estado, por no haber testamento ni conocerse herederos, los funcionarios de la Administración suelen contactar con bufetes como el nuestro para agotar las posibilidades de solucionar el asunto. Y ello es así porque, de encontrar un heredero, el sistema público se evita el procedimiento de adjudicación, tasación y subasta, una tarea ardua y compleja.

Así comenzó el expediente que decidimos investigar desde Navarro y Navarro y que nos llevó hasta la aldea gallega, pese a que muchas otras veces son las propias comunidades de propietarios -o los vecinos- quienes nos avisan de la existencia de un piso abandonado que da problemas en el bloque.

La silenciosa muerte del causante en su casa

Una vez decidimos involucrarnos en el caso, averiguamos que al titular del inmueble en cuestión lo encontraron sin vida varios días después de fallecer, sentado en una butaca de su salón. Esta situación, posteriormente, provocó una acumulación de deudas con la comunidad, y el deterioro de la vivienda (graves humedades) también estaba afectando al edificio.

Comenzamos a indagar por el certificado literal de nacimiento. En él constaban sus padres, dos gallegos originarios de una pequeña localidad en la provincia de Lugo, y dos hermanas: la primera, soltera y sin descendencia conocida, pero la segunda, casada. Cogimos, por tanto, ese hilo, por si la mujer había tenido hijos.

Efectivamente, localizamos a unos sobrinos -hijos de la hermana casada-, que por el orden sucesorio oficial tenían derecho al piso. Sin embargo, por la falta de relación con su tío, renunciaron al piso. Insistimos, pero su postura era firme. En nuestra profesión tenemos claro que las decisiones personales son, de un modo u otro, comprensibles.

El hallazgo tras la negativa de los sobrinos

Continuamos, por tanto, con nuestras pesquisas. Y enfocamos la búsqueda hacia los primos. Una de las pistas más sólidas apuntó, de nuevo, a Galicia: una prima había nacido en la misma aldea que los padres del difunto. Ella tenía derecho a la herencia, pero, desafortunadamente, ya no estaba viva. No obstante, su marido sí. Nos preguntamos si habían tenido descendencia, pero nuestras indagaciones confirmaron que no. Así que todo se centraba en el marido.

Manuel, el entrañable “cascarrabias” gallego

Paralelamente, descubrimos que había una rama de la familia en Argentina, pero que no tenían derecho a heredar por grado. Eso nos hizo volcarnos por completo en Manuel, el mencionado cónyuge de la prima fallecida del causante. Al principio no quería saber nada de nosotros. Cuando le llamábamos, insistía fervorosamente en que él no era heredero de nada (“¡Eu non son herdeiro!”), y nos colgaba el teléfono. Por este motivo, decidimos ir a conocerle en persona y mostrarle todos los papeles que nos habían dirigido hacia él -que no eran pocos-.

En el pequeño pueblo, gracias a las indicaciones de los oriundos, hallamos una antigua construcción baja de piedra. Allí vimos por primera vez a nuestro heredero, que nos miró con recelo pero nos dejó pasar a su casa. Y solo cuando cesó un poco la incredulidad en su rostro, nos contó que él y su mujer no pudieron tener hijos. El fin de la investigación, por tanto, se acercaba, aunque el aldeano seguía desconfiando de la historia que nosotros, unos extraños de la capital, habíamos traído a su vida.

“Pero que cousas máis raras pasan na vida…”

Finalmente, y tras corroborar la información con sus otros familiares, se rindió a la verdad, pero no sin antes de volver a repasar con él el árbol genealógico -por tercera vez-. Fue en aquel momento cuando nos dijo: “Vai ser que vostede ten razón. Pero que cousas máis raras pasan na vida…” (Va a ser que usted tiene razón. Pero qué cosas más raras pasan en la vida…)

Nuestro papel, tras su aceptación, fue poner todos los mecanismos legales para que Manuel recibiera su herencia, despidiéndonos de respirar ese aire rural tan puro y regresando a Madrid. El día que al fin firmamos la declaración de herederos, él se emocionó. Desde entonces, hablamos por teléfono con frecuencia, habiendo surgido una singular amistad entre nosotros.

El final de la historia fue el siguiente: una vez vendido el piso, de nada menos que cuatro habitaciones, se solucionaron los desperfectos de la vivienda y se liquidaron las deudas contraídas por la propiedad, dejando la mayor parte del capital en manos de su legítimo heredero.

Carretera y manta, en muchos más casos 

Resolver con éxito este tipo de situaciones es, al fin y al cabo, nuestra especialidad y el núcleo de nuestro trabajo diario. Y atesoramos una experiencia que demuestra que se puede confiar en nuestra firma para desencallar herencias estancadas de pisos vacíos, incluso mucho más complejas que esta y que nos llevan a lugares más lejanos, también fuera de nuestro país.