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Una de las preguntas más frecuentes que reciben los abogados penalistas en la era digital es esta: «Tengo una captura de pantalla de los mensajes en los que me amenazó, ¿sirve como prueba?». La respuesta, como en tantos aspectos del derecho procesal penal, no es un simple sí o no. Las capturas de pantalla pueden ser prueba válida en un juicio penal, pero su valor probatorio depende de cómo se obtuvieron, cómo se presentan y si pueden acreditar su autenticidad.

Vivimos en una sociedad donde la mayor parte de las interacciones —laborales, personales, conflictivas— dejan rastro digital. Los insultos, las amenazas, el acoso, los acuerdos fraudulentos, las confesiones de culpabilidad: todo ello puede quedar registrado en una conversación de WhatsApp, en un correo electrónico, en un comentario de Instagram o en un mensaje de Twitter. Y cuando esas comunicaciones se convierten en relevantes para un proceso penal, la captura de pantalla es a menudo el primer impulso para preservarlas.

El problema es que las capturas de pantalla son una de las evidencias digitales más fácilmente manipulables que existen. Con un editor básico de imágenes o con aplicaciones específicas disponibles en cualquier teléfono, cualquier persona puede alterar el texto de una conversación, añadir mensajes inexistentes, cambiar el nombre del remitente o modificar las fechas. Esta vulnerabilidad hace que los tribunales exijan garantías adicionales antes de otorgarles valor probatorio pleno. En este artículo te explicamos todo lo que necesitas saber para usar correctamente las capturas de pantalla como prueba en un proceso penal.

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