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La transición energética se ha convertido en uno de los grandes motores de innovación tecnológica a escala global. Durante décadas, el debate se centró en cómo generar energía de forma más limpia. Hoy, el foco se ha desplazado hacia una cuestión igualmente crítica: cómo almacenar, gestionar y transportar esa energía de forma eficiente.

En este nuevo escenario, las baterías han adquirido un papel protagonista. Los datos del último informe sobre el Estado de la Innovación Energética de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) muestran con claridad esta tendencia: alrededor del 40 % de las patentes relacionadas con energía están vinculadas a tecnologías de almacenamiento.

Desde la perspectiva de la propiedad industrial, este dato refleja una realidad cada vez más visible: el almacenamiento energético se ha convertido en uno de los campos más competitivos del panorama tecnológico actual

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