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Francisco Echeverria, un referente de la abogacia que acaba de dejarnos en el centro de la imagen con Chantal Moll de Alba, abogada, directora de la Cátedra de Derecho Registral de la UB, y con  Alejandro Fuentes-Lojo, autor de estas líneas  tras una Jornada sobre Derecho de la Construcciónn el  la Cambra de la Propietat Urbana de Barcelona en la que participó como ponente  hace un año

Alejandro Fuentes-Lojo Rius. Abogado

La muerte de Don Francisco Echeverría Summers, Paco para los amigos, deja un profundo sentimiento de pérdida en el mundo jurídico y, para muchos de nosotros, también en el plano personal. Se va un jurista excepcional, de reconocido prestigio, pero sobre todo una persona que entendió el derecho como un instrumento al servicio de la realidad y de las personas, y que ejerció la abogacía con una lucidez y un sentido práctico poco comunes.

 

Su visión pragmática del derecho fue una constante a lo largo de toda su trayectoria. Paco huía de formulismos vacíos y de construcciones teóricas alejadas de la práctica, defendiendo siempre un derecho útil, comprensible y eficaz.

Esa manera de entender el derecho la aprendió como discípulo de uno de los grandes maestros, Don Rodrigo Bercovitz Rodríguez-Cano, cuyo magisterio supo asumir y enriquecer con una mirada propia, marcada por la experiencia práctica en el ejercicio de la abogacía y por un profundo conocimiento de los problemas reales que afrontan abogados y ciudadanos.

Tuve la fortuna de coincidir con Paco en la Comisión de Codificación de Cataluña entre los años 2018 y 2025, de quien aprendí mucho. No solo de sus conocimientos jurídicos – probablemente sea el jurista que más sabe sobre propiedad horizontal -, sino sobre todo aprendí de su generosidad para con los compañeros, siempre estaba disponible para comentar cualquier duda o cuestión con una sonrisa en la cara.

Paco enseñaba sin imponerse, orientaba sin juzgar y compartía su saber con una naturalidad que revelaba tanto su grandeza profesional como su calidad humana. Para mí ha sido una referencia sólida y cercana, un auténtico maestro en el sentido más noble del término.

Esa dimensión humana fue, precisamente, una de las razones por las que fue tan admirado y querido dentro de la profesión. Paco era una persona generosa, cercana y profundamente coherente con los valores que defendía. Su ejercicio como abogado estaba impregnado de respeto, humanidad y sentido ético, cualidades que hicieron que su figura trascendiera lo estrictamente profesional y dejara una huella personal en quienes lo trataron.

Su contribución al Derecho Civil Catalán constituye otro de los pilares de su legado. Como miembro de la Comisión de Codificación de Cataluña, tuvo un papel relevante en las últimas reformas del Código Civil de Cataluña.

Alejandro Fuentes-Lojo, abogado autor de ese obituario, es socio director de Fuentes Lojo Abogados

En particular, sus aportaciones fueron decisivas en la moderna regulación de propiedad horizontal del Libro Quinto del Código Civil de Cataluña, donde su conocimiento práctico y su capacidad para anticipar las dificultades de aplicación resultaron esenciales para lograr una regulación más clara, eficaz y acorde con la realidad social.

Cuando hablaba en el seno de la comisión todos le escuchábamos por qué, aunque estuvieras en desacuerdo con su postura jurídica, sus aportaciones eran siempre brillantes e impregnadas de un aplastante sentido común.

Paco nos deja un legado jurídico de enorme valor, pero también —y quizá, sobre todo— un ejemplo de cómo ejercer la abogacía desde el rigor, la generosidad y la humanidad.

Su recuerdo seguirá acompañándonos, tanto en el derecho que ayudó a construir como en la memoria personal de quienes tuvimos el privilegio de aprender a su lado.