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Tenía dos juicios aquella mañana. Uno a primera hora y otro ya a las 12 horas. El de primera hora se celebró a eso de la primera hora y media, lo que en los tiempos que corren es casi de reloj suizo. Como me sobraban unas dos horas, me fui a teletrabajar un rato. Poco antes de la hora, me acerco de nuevo al Juzgado. Cumplo escrupulosamente con el ritual de cada día que consiste en subir a la  Secretaria del Juzgado (en este caso, situada en la planta 9 del edificio) para averiguar si tengo que acreditarme allí o tengo que hacerlo directamente en Sala. Me dicen que baje directamente a Sala (planta 1).

Abajo que me voy y ya situado en la sala de espera, me da por mirar el panel informativo que nos pusieron hace un tiempo que informa cumplidamente (o no…) acerca de si tal o cual juicio se ha celebrado, se está celebrando o va con retraso. Confieso que nunca miro estos paneles, pero en esta ocasión un extraño instinto o premonición me lo hizo mirar… Y “mi” juicio, no estaba en el panel, que por cierto no informa acerca de los juicios suspendidos o directamente cancelados, simplemente los ignora. Así que vuelvo a subir arriba (planta 9) para verificar si había pasado algo. No hay nadie en el mostrador, pero hay una nota que dice que si no están, llame al teléfono tal…

Después de maldecir al que inventó este ridículo sistema de atención al público y profesionales, llamo y la funcionaria que no debía estar a más de 10 metros de allí, me jura por sus muertos que el panel siempre funciona mal y que no le haga caso, que el juicio se celebra… Vuelvo abajo (planta 1) y ocupo de nuevo mi lugar en la sala de espera. Cosa de una hora más tarde, veo salir a SSª y al Auxilio Judicial, disponiéndose a echar el cerrojo. Acudo raudo y veloz y profiero un desgarrado lamento preguntando por “mi” juicio. Ni SSª ni el Auxilio Judicial sabían nada. Solo pudieron indicarme que habían celebrado lo que les habían enviado desde “arriba”.

Pues otra vez que para arriba me voy (planta 9). Esta vez tengo más suerte: Me atiende una funcionaria de carne y hueso, de más carne que hueso, por cierto. Tampoco sabía gran cosa, pero mira el ordenador y me dice que el juicio se ha suspendido. Pregunto por la causa de la suspensión y no sabe decírmelo. Le pido si me puede notificar formalmente la suspensión y el nuevo señalamiento y me dice que me remitirán la diligencia telemáticamente. Iluso de mi, voy y me lo creo. Llego al despacho y no tengo notificación alguna. Al día siguiente tampoco me llega nada. Al tercer día aprovecho que un compañero iba por allí y tenía poderes del cliente para que averigue qué está pasando. Le insisten en que nos lo notificarán telemáticamente. A día de hoy seguimos investigando qué ha pasado con “nuestro” juicio perdido en la inmensidad de la Ciudad Judicial.

El día que lo encontremos, escribiré el segundo capítulo de esta apasionante historia, espero que ya con el desenlace final. ¡No os lo perdáis!...




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