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Oscar Martínez Miguel Abogado de familia. Tesorero de la AEAFA

 

Hacer planes de futuro siempre es apasionante. Genera ilusión, nos ayuda a motivarnos y enforcarnos en lo que queremos convertirnos en los próximos años.

En las Jornadas Centrales de la Asociación Española de Abogados de Familia (AEAFA) del año 2024 recreamos cómo sería el futuro para nuestra profesión. Y para ello creamos a Flavia, una abogada que ejercía en el año 2050, a la que le estuvimos preguntando qué supondría ser abogado de Familia dentro de aproximadamente un cuarto de siglo. Si bien no escatimó en sus respuestas, nos dejó un mensaje final para la reflexión: “el futuro de la abogacía de Familia será lo que la abogacía de Familia quiera que sea”. Si somos sensatos, no sabemos exactamente cómo será la abogacía de Familia en 2050, pero sí podemos decidir cómo construirla para cuando llegue ese momento.

Pero antes de focalizarnos en lo que queremos ser, debemos analizar y definir lo que somos en la actualidad. Y con ello, concretar nuestros objetivos, es decir, a dónde queremos llegar, para proyectar el camino al que nos dirigimos.

Seguramente si nos fijamos en el título de este artículo, nos habrá venido a la mente que íbamos a hablar de inteligencia artificial, pues todo lo que actualmente tiene que ver con la innovación y el devenir de la profesión viene a centrarse en dicha materia. Así es, pero no del todo. No solo nos referiremos a la inteligencia artificial, pues si bien las herramientas tecnológicas han venido para facilitarnos el trabajo y economizar el tiempo, nuestro futuro no debe centrarse exclusivamente en cómo agilizamos los procesos con ella. También en qué materias vamos a trabajar, qué vías vamos a emprender para solventar los asuntos, y sobre todo qué nos van a demandar nuestros clientes.

Inteligencia artificial, pero no solo

La irrupción de la inteligencia artificial, con el desarrollo de multitud de aplicaciones que organizan, sintetizan, sugieren, corrigen las redacciones, etc., sin duda nos proporciona una mayor eficiencia en nuestro trabajo. No obstante, hay algo que al menos por el momento será difícil que puedan suplir: el criterio humano, algo que tiene especial relevancia en el Derecho de Familia. Escuchar, comprender el conflicto, legitimar al cliente y acompañarle en momentos cruciales de su vida son tareas que difícilmente pueden automatizarse. En Derecho de Familia lo determinante no es encontrar la respuesta correcta, sino la más adecuada para cada persona.

También la inteligencia artificial nos obliga a dedicar más tiempo al estudio. El conocimiento jurídico debe formar parte de nuestro activo como profesionales. Debemos saber si la información que nos proporciona la tecnología es correcta o no. Además, nuestra experiencia como profesionales nos aporta unas habilidades para interpretar, contextualizar y valorar la información que nos provee la IA. Seguirá siendo el profesional el que deba manejar la IA, interpretarla y el que seguirá tomando las decisiones.

A su vez, y aunque resulte contradictorio, la abogacía de Familia especializada tendrá que ser más transversal. Tradicionalmente se nos identifica con ser matrimonialistas. Cierto, pero no trabajamos únicamente el matrimonial o los conflictos de pareja, sino que también llevamos todas aquellas materias que tienen que ver con el entorno familiar o son complementarias al mismo, ya que se precisa asesoramiento tributario, conocer su incidencia en el penal, en el mercantil, incluso en el ámbito de la empresa familiar, sin olvidarnos de las cuestiones que tienen que ver con la violencia de género, la discapacidad, etc., así como todo lo que guarda relación con sucesiones, tanto en la herencia como en la preparación de las disposiciones testamentarias.

Patrimonios y prevención

Existe en la actualidad una llamativa proliferación de anuncios tendentes a lanzar como servicio novedoso la gestión integral del patrimonio familiar. Pero esto no es ninguna novedad. La abogacía de Familia lleva trabajando en este ámbito desde hace muchos años, y no solamente en lo relacionado con el Derecho Hereditario y liquidación de régimen económico-matrimonial, sino también en lo que afecta a cuestiones como arrendamientos, fiscalidad, Derecho Registral, propiedad horizontal, etc. Por lo tanto, nuestra especialidad cada vez va a ser más compleja desde el punto de vista material, y va a necesitar de profesionales que tengan una visión global y continúen formándose en materias que afectan directamente a la gestión del patrimonio de la familia.

Y sin duda, aunque parezca un contrapunto a lo anteriormente expuesto, el futuro de la abogacía de Familia no pasa necesariamente por hacer en exclusiva más Derecho, sino por gestionar mejor los conflictos en los que el Derecho interviene. Será menos litigiosa, más preventiva y centrada en la cultura del acuerdo. No deberíamos medir nuestro valor por el número de procedimientos judiciales que iniciamos, sino por nuestra capacidad para resolver los problemas de forma más eficiente y satisfactoria.

La Ley de Eficiencia 1/2025, con todas las cuestiones procesales que ha suscitado y las dudas de aplicación que pueda plantear, desde esta perspectiva no supone el nacimiento de algo nuevo, sino que ha venido a constatar un cambio de paradigma que ya se estaba experimentando. Según las estadísticas el 80% de los procedimientos de Familia ya se solventaban de forma consensuada, y detrás de cada uno de ellos ya había uno o dos profesionales de la abogacía.

No obstante, este cambio no quiere decir que el profesional no tenga que estar preparado para litigar cuando así sea necesario, pues continuarán existiendo conflictos en los que necesariamente habrá que recurrir a la instancia judicial, ya sea por su urgencia, por la inactividad o falta de voluntad de alguna de las partes, o por los motivos correspondientes.

Y en todo caso, consensuar también nos va a exigir una mayor preparación, porque alcanzar un buen acuerdo requiere conocer cuál sería la alternativa judicial, anticipar los posibles riesgos, valorar las consecuencias y saber cuándo un acuerdo resulta beneficioso o no para el cliente.

Y, por último, faltaría referirnos a una de las preguntas más importantes que debemos hacernos cuando nos planteamos el futuro, la cual no tiene que ver con la tecnología, sino con qué es lo que esperan de nosotros las personas que acuden al despacho.

Lo que no hace una máquina: más escucha y acompañamiento

Lo que los clientes nos están demandando es más escucha, más acompañamiento, más capacidad de entender el conflicto y sus auténticas causas. En definitiva, que comprendamos su problema. Porque para el cliente su asunto no es “un caso de Familia”, sino que se enfrenta a un problema de “su familia”, y por lo tanto no le va a bastar que le digamos qué es lo que tiene previsto el ordenamiento jurídico al respecto, sino que le ayudemos a decidir cómo actuar en una situación concreta.

 Y aquí está uno de los mayores retos que tiene la abogacía de Familia en el futuro inmediato, porque ante una estandarización del Derecho, supuestamente más accesible, en la que la tecnología parece que será una de nuestras herramientas principales, la forma que va a tener el profesional de aportar valor a su cliente va a ser precisamente cómo encauzar la solución a “su problema”. No se tratará de competir con la IA, sino de hacer aquello que ninguna máquina podrá hacer mejor que el talento humano. Será nuestra responsabilidad.

Después de la pausa vacacional, septiembre es buen momento para plantearnos hacia dónde queremos orientar nuestros despachos, teniendo como base cuál va a ser el futuro de nuestra profesión.

Quizá dentro de veinticinco años alguien vuelva a preguntarle a otra abogada cómo era la abogacía de Familia en 2026. No podremos controlar todo lo que haya cambiado, ni qué tecnologías existirán, ni qué nuevos desafíos tendrá que afrontar esta profesión. Pero sí podremos decidir qué parte de ese futuro hemos contribuido a construir. Porque como nos dijo Flavia, el futuro de la abogacía de Familia será lo que la abogacía de Familia quiera que sea. Pero Flavia añadió algo más: “El futuro dependerá de lo que hagáis en el presente”. Y ello porque el futuro no es algo que simplemente sucederá, sino que empezamos a construirlo hoy.