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A nadie se le escapa que en los últimos años se ha iniciado una transformación que afecta a todos los sectores y organizaciones como consecuencia del carácter disruptivo de la tecnología y que además ha acortado los ciclos evolutivos. Es la llamada transformación digital, que, como no podía ser menos, afecta de manera muy directa al sector de la abogacía, en el que recientemente hemos podido ver casi de todo: hemos visto desde cómo se vaticinaba que la inteligencia artificial acabaría con el concepto actual de abogado (el verdugo sería el robot Watson de IBM) hasta al nacimiento del concepto adaptado al sector legal “de moda”: el Blockchain; un código que hace posibles los bitcoins y que promete acabar con los tradicionales registros de la propiedad, entre otros. 

Sin embargo, más allá de tanto vértigo tecnológico hay transformaciones –o casi deberíamos decir “evoluciones”-, también de influencia anglosajona, que ya se han convertido en realidades en nuestro país y que han cambiado el día a día de muchas firmas.

La revolución tranquila

Las LPO o Legal Process Outsourcing se están consolidando como el nuevo gran proveedor de servicios jurídicos, con la peculiaridad de que los destinatarios de los mismos son o bien los departamentos jurídicos de empresa, o bien los despachos de abogados.

Optar por trabajar con una LPO puede suponer un ahorro de hasta el 60% en costes para los departamentos in-house o para los despachos de abogados. Si a ese ahorro en costes, sumamos el ahorro en tiempo que suponen para los despachos que se pueden dedicar a tareas de mayor valor añadido,  queda claro porque las LPO están triunfando en España.

Pero, ¿qué hacen las empresas de LPO?

Se trata de realizar todas esas labores de un despacho o departamento in-house que no implican asesoría legal.

Según Irma Cebrián, socia de Abroading, despacho de LPO fundado por dos antiguas abogadas de Garrigues y pionero en España, “las áreas más demandadas suelen ser la gestión y la revisión contractual. Nos suelen pedir, por ejemplo, que orientemos el contrato y las cláusulas que benefician al objetivo del cliente o que busquemos jurisprudencia para los casos de incumplimiento. Las áreas de apoyo procesal e investigación legal también vienen con fuerza”.

Su socia en Abroading, Silvia Perea, subraya que “nos contratan tanto empresas grandes con departamentos jurídicos fuertes como despachos de abogados medianos. También estamos recibiendo una creciente demanda de despachos pequeños y profesionales freelance, porque les permite ofrecer un abanico más completo de servicios a sus clientes”.

Se trata, en definitiva, de externalizar todas aquellas tareas que no implican asesoría y que permiten a las firmas centrarse en aportar valor a sus clientes, motor último de crecimiento de cualquier despacho. Toda firma debe incluir en su hoja de ruta el saber sacar una ventaja competitiva de estas nuevas oportunidades. Para lograr el éxito no solo hay que anticiparse a lo que vendrá sino que, además, hay que saber ver lo que ya está aquí. 




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