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Juan Carlos Moncada

Las Vegas, LVCC — Central Hall.
El CES 2026 arranca con un clima que marca el tono: mañana fría de invierno en el desierto, parcialmente soleada, con temperaturas que obligan a pensar los trayectos entre halls y hoteles. No es un detalle menor. En CES, la movilidad es narrativa: cuando el viento cruza el Strip, el evento se vuelve más concentrado, más técnico, menos festivo. La ciudad se siente distinta y el show también.

En el piso del LVCC, la señal es inequívoca: IA en todo. Chips abiertos, sistemas de refrigeración, racks energéticos, pantallas que multiplican contenidos y datos. Las imágenes del arranque no hablan de promesas futuristas sino de infraestructura pesada. La inteligencia artificial ya no es “software”: es materia, consumo energético, riesgo operativo y responsabilidad.
 
Para la audiencia de Law & Trends, aquí está el punto de quiebre: el CES 2026 no trata del asombro tecnológico, sino del reacomodo de responsabilidad. La IA pasó a ser actor dentro de sistemas físicos y de decisión: robots, automatización, seguridad, contenidos, salud. Y cuando hay actor, hay regulación.

Nevada como laboratorio: regular la IA “sensitiva”

Ese giro se cruza con una realidad incómoda: Estados Unidos sigue sin una ley federal integral de IA, y son los estados los que empiezan a llenar el vacío. El mosaico regulatorio ya se siente en CES. Cada demo de bienestar, neurotech o automatización doméstica compite, en el fondo, con un futuro de disclosure, transparencia, protección de datos y límites de uso que varían por jurisdicción.
 
Nevada aparece como termómetro adelantado. En 2025 el estado dio señales claras al limitar y regular el uso de IA en salud mental y conductual, un punto especialmente sensible para chatbots terapéuticos, wearables cognitivos y tecnologías de “bienestar emocional” que hoy abundan en el show floor. A eso se suma la discusión legislativa sobre provisiones específicas para sistemas de IA (SB199), que no define todo, pero sí marca dirección.
 
Traducción L&T: en Nevada, la pregunta no es “IA sí o no”, sino “IA dónde, con qué límites y quién responde”.

Washington responde por piezas: bills quirúrgicos

Mientras los estados avanzan por necesidad, Washington se mueve por fragmentos, no por un gran “AI Act” estadounidense. Tres iniciativas ayudan a leer CES 2026 desde el lente federal:
• MIND Act of 2025 (S.2925): encarga a la FTC estudiar la gobernanza de datos neuronales. En el contexto del CES, esto es clave: cualquier tecnología que capture atención, señales cognitivas o datos “neural-like” entra en un terreno donde el regulador aún está dibujando el mapa.
• HEALTH AI Act (H.R.5045): impulsa capacidades públicas en IA generativa aplicada a salud, a través del HHS. No prohíbe: institucionaliza. Convierte la IA en política sanitaria.
• Healthy Technology Act (H.R.238): explora escenarios donde sistemas de IA/ML puedan ser elegibles para prescripción médica, abriendo debates explosivos sobre responsabilidad profesional, estándares clínicos y auditoría.
 
Mientras en los pabellones vemos anillos que miden el sueño, en las salas de conferencias se está debatiendo si ese anillo, apoyado por la H.R. 238, podrá mañana enviarte una receta de melatonina o un ajuste de medicación a tu farmacia de forma autónoma.
 
Traducción L&T: CES muestra productos; el Congreso tantea capacidades médicas y datos neurales como frentes prioritarios de intervención.

La ciudad también habla: turismo, economía y seguridad

Fuera del LVCC, Las Vegas recuerda por qué regula como regula. El Strip —visible en el horizonte— es una economía basada en experiencia, seguridad y control de riesgos. La prensa local insiste estos días en empleo, turismo y estabilidad urbana: el ecosistema que permite que una convención como CES exista y funcione.
 
Ese contexto importa. Las Vegas no gobierna para la abstracción tecnológica, sino para proteger su industria principal. De ahí que seguridad, ciberresiliencia, control de datos y responsabilidad no sean conceptos académicos, sino variables económicas.