Según informó Business Insider, el juez Jed Rakoff, de Nueva York, resolvió que las consultas realizadas a una IA no están protegidas por el privilegio abogado‑cliente. La decisión marca un precedente importante: introducir información sensible en plataformas tecnológicas implica, según el magistrado, “una renuncia implícita al secreto profesional”.
La resolución surge en el marco de un caso de fraude. El acusado había utilizado Claude para elaborar documentos relacionados con su estrategia de defensa. Cuando la fiscalía solicitó acceder a esos chats, la defensa se negó alegando confidencialidad. Rakoff rechazó ese argumento: Anthropic —la empresa detrás de Claude— no es un despacho jurídico ni un colaborador sometido a deber de secreto, sino un tercero con sus propias políticas de uso y acceso a datos.
El juez fue claro: para que exista privilegio legal, la comunicación debe permanecer estrictamente privada. Al enviar información a los servidores de una compañía tecnológica, el usuario acepta condiciones que permiten a la empresa revisar o almacenar el contenido. Esa exposición rompe la cadena de confidencialidad necesaria para excluir un documento como prueba.
La IA no es un abogado… y puede convertirse en un testigo inesperado
El caso afecta a Bradley Heppner, un ejecutivo acusado de defraudar a una empresa que él mismo ayudó a crear. Antes de ser detenido, Heppner utilizó datos proporcionados por su abogado y los introdujo en Claude para generar documentos sobre la investigación. Cuando el FBI incautó el material, la defensa intentó impedir su uso alegando protección legal. El tribunal, sin embargo, determinó que esos textos no estaban amparados por el privilegio abogado‑cliente.
La decisión se apoya en un punto clave: las políticas de privacidad de las grandes tecnológicas no equivalen al secreto profesional. Aunque algunas plataformas permiten limitar el uso de los datos, ninguna garantiza un blindaje absoluto.
OpenAI, por ejemplo, permite desactivar el entrenamiento del modelo, pero conserva el historial durante 30 días en sus versiones gratuitas y de pago. Anthropic señala que puede revisar conversaciones para detectar abusos. Google es aún más explícito: advierte que revisores humanos pueden leer fragmentos de los chats con Gemini. Para el juez, estas condiciones eliminan cualquier expectativa razonable de privacidad total.
El abogado Moish Peltz lo resumió así en X: “La interfaz se siente íntima, como si hablaras con un asesor. Pero en realidad estás entregando información a una empresa que conserva tus datos y puede acceder a ellos”.
Your AI conversations aren't privileged. Yesterday, Judge Jed Rakoff ruled that 31 documents a defendant generated using an AI tool and later shared with his defense attorneys are not protected by attorney-client privilege or work product doctrine.
— Moish Peltz (@mpeltz) February 12, 2026
The logic is simple: an AI…
Por eso, cada vez más especialistas recomiendan lo mismo: no compartas información legal sensible con una IA. No es un abogado, no está obligada a guardar silencio y, como demuestra este caso, podría terminar declarando en tu contra.
