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Por: Dra. María Alejandra Mancebo Experta en Compliance, Derechos de las Mujeres y Feminismo

 

La Metamorfosis del Riesgo

Desde mi despacho en la Gerencia de Control de Riesgos y Legitimación de Capitales de Corporación Bel, mi día a día transcurre entre matrices de probabilidad e impacto, flujos de caja y sistemas de monitoreo transaccional. Sin embargo, con el tiempo he comprendido que los riesgos más devastadores para una organización no son aquellos que se reflejan en un balance descuadrado, sino aquellos que se gestan en las sombras de la conducta humana.

Hoy no vengo a hablarles solo como una técnica en cumplimiento, sino como una estratega que entiende que el Compliance moderno es, ante todo, un ejercicio de antropología corporativa. Como bien señala Zygmunt Bauman en su análisis sobre la Modernidad Líquida, vivimos en una era donde las estructuras son frágiles y las amenazas fluyen de manera invisible. En este contexto, la integridad no puede ser gestionada con las herramientas rígidas del pasado. Si no somos capaces de ver cómo el fraude y la corrupción se entrelazan con la violencia de género, estamos operando con una ceguera voluntaria que pone en riesgo la sostenibilidad misma de la empresa.

Rompiendo el Tabú de la Sextorsión

Para combatir un enemigo, primero debemos nombrarlo con precisión. En la doctrina del control interno, solemos citar a la ACFE (Association of Certified Fraud Examiners) para definir el fraude como el uso del engaño para el beneficio personal. Pero, ¿qué sucede cuando ese beneficio no es dinero, sino el cuerpo o la dignidad de una colaboradora?

Aquí entra en juego un concepto que la academia y la empresa han evadido por demasiado tiempo: la Sextorsión. Según la definición de Transparencia Internacional, la sextorsión es una forma de corrupción en la que el sexo es la moneda del soborno. No es un simple "acoso laboral"; es el abuso del poder delegado para obtener un beneficio sexual. Como señala la experta Nancy Hendry, la sextorsión ocurre donde el poder es absoluto y la rendición de cuentas es nula.

Desde mi óptica, la sextorsión es el "paciente cero" de la corrupción corporativa. Un líder que se siente con el derecho de extorsionar sexualmente a una analista de pregrado o a una colega de postgrado, es un líder que ya ha roto todo vínculo con la ética. Si su brújula moral está tan desviada como para vulnerar la integridad física de un ser humano, ¿qué le impedirá vulnerar la integridad financiera de la compañía?

A esa integrante, le sumo la pregunta que a menudo me hacen en foros de auditoría es: ¿Por qué una Gerente de Riesgos se ocupa de temas de género? Mi respuesta es técnica: porque los delitos están interconectados en un ecosistema letal.

Citemos el famoso Triángulo del Fraude de Donald Cressey. Cressey explicaba que para que ocurra un delito debe haber Oportunidad, Presión y Racionalización. Veamos

La Oportunidad: Se da en entornos donde el control de riesgos es ciego al género. Donde un gerente tiene poder omnímodo sobre las promociones de su equipo sin una supervisión de cumplimiento que detecte sesgos. La Presión: El extorsionador ejerce una presión psicológica insoportable sobre la víctima, convirtiéndola en un rehén profesional. La Racionalización: Es el punto más peligroso. El perpetrador se dice a sí mismo: "Esto es parte del juego", o "Ella me debe el puesto".

Lo que hace necesario recordar a Mary Gentile en su obra Giving Voice to Values, la normalización de estas conductas crea un entorno donde el fraude financiero florece. Una víctima de sextorsión es la cómplice perfecta para un fraude de facturas o un desvío de fondos, no por voluntad, sino por coacción. El silencio que garantiza la sextorsión es el mismo silencio que oculta la corrupción administrativa.

Ante esa realidad, La Perspectiva de Género es una forma de Supervivencia Estratégica, pues Gestionar el Compliance con perspectiva de género no es una cuestión de filantropía ni de cumplir con cuotas de inclusión; es una supervivencia estratégica.

Como Gerente de Control de Riesgos, propongo que el liderazgo femenino en las unidades de cumplimiento es el escudo más eficiente para detectar estas amenazas. La mirada femenina en el control suele ser más analítica respecto a las variaciones en el clima organizacional. Mientras un auditor tradicional mira la cifra, nosotros miramos la tasa de rotación, el ausentismo repentino y los cambios de comportamiento en las unidades operativas.

Haciendo honor a lo que bien describió el filósofo y economista Amartya Sen, Premio Nobel, indica, respecto a que el desarrollo es libertad. En el mundo corporativo, el desarrollo sostenible solo es posible si liberamos a las organizaciones de la opresión del abuso de poder.

Un sistema de control que ignora la vulnerabilidad de las mujeres es un sistema que tiene un agujero negro por donde se fuga no solo el talento, sino el capital ético y financiero.

Para ustedes lectores el mensaje debe ser contundente: El control de riesgos en el siglo XXI es interdisciplinario. No basta con saber de leyes o de contabilidad; hay que saber de derechos humanos.

De allí que mi propuesta para blindar a las organizaciones se basa en tres pilares de acción directa:

Auditorías de Conducta: Cruzar los datos de denuncias éticas con las auditorías financieras. Donde hay un comportamiento errático de un líder, suele haber un desvío de recursos.

Canales de Denuncia No Revictimizantes: Diseñar protocolos de denuncia que entiendan la psicología del trauma. Como bien indica Adela Cortina, "una empresa éticamente sana es aquella que protege a los más vulnerables en su estructura". Y

Debida Diligencia Social: Evaluar a nuestros proveedores no solo por su capacidad técnica, sino por su historial de integridad. La corrupción y la sextorsión en la cadena de suministro son riesgos reputacionales que ninguna póliza de seguro puede cubrir.

Al cerrar esta reflexión, vuelvo al inicio. La integridad es indivisible. No se puede ser "medio ético". No se puede ser un gerente financiero brillante y un extorsionador en privado.

En este mes de marzo, cada uno tiene la oportunidad histórica de liderar la conversación en Venezuela y la región sobre cómo transformar el control de riesgos en un pilar de justicia social. Mi labor en Corporación Bel me ha enseñado que el liderazgo femenino empoderado en el área de cumplimiento es la clave para desmantelar la arquitectura del silencio.

Hagamos del control de riesgos no un departamento de policía interna, sino un faro de integridad. Porque, al final del día, el éxito empresarial sostenible no se cuenta en ceros a la derecha, sino en la capacidad de mirar a nuestros colaboradores a los ojos y saber que su talento y su dignidad están protegidos por un sistema que no permite que el poder se convierta en un arma.

 

Referencias

ACFE (2024): Report to the Nations on Occupational Fraud and Abuse.

Bauman, Z. (2000): Modernidad Líquida. Fondo de Cultura Económica.

Cortina, A. (2000): Ética de la Empresa. Trotta.

Cressey, D. (1953): Other People's Money: A Study in the Social Psychology of Embezzlement.

Gentile, M. (2010): Giving Voice to Values. Yale University Press.

Hendry, N. (2020): Sextortion: The Corruption No One Wants to Talk About. Transparency International.

Sen, A. (1999): Development as Freedom. Oxford University Press.