El Compliance como Práctica Política del Cuidado
Por: Dra. María Alejandra Mancebo Experta en Compliance, Derechos de las Mujeres y Feminismo
En el ejercicio de la alta gerencia de riesgos y la consultoría jurídica, solemos observar el cumplimiento normativo como una arquitectura de contención, un esqueleto de controles diseñado para blindar a la corporación frente a las embestidas de la sanción administrativa o penal.
Sin embargo, tras décadas de habitar las estructuras de la administración de justicia y el control de riesgos, he llegado a la convicción de que el Compliance que se limita a la vigilancia es una estructura huérfana de propósito. No basta con que una organización sea legalmente impecable si es humanamente indiferente. Es aquí donde la Ética del Cuidado, propuesta por Joan Tronto, y la responsabilidad ante el "Otro" de Emmanuel Levinas, emergen no como conceptos abstractos, sino como la verdadera infraestructura moral que permite que la integridad sea sostenible y no meramente cosmética.
Esta transición hacia un "Compliance del Cuidado" exige, en primer lugar, reconocer la vulnerabilidad corporativa desde una dimensión ontológica. Tradicionalmente, la vulnerabilidad se entiende como un flanco débil en el balance financiero o una brecha en la ciberseguridad; pero la vulnerabilidad real es la fragilidad de los vínculos humanos que sostienen a la empresa. Tronto define el cuidado como esa actividad que incluye todo lo que hacemos para mantener, continuar y reparar nuestro “mundo” para vivir en él lo mejor posible. Bajo esta lente, mi labor como experta no consiste en ser una inquisidora de procesos, sino una cuidadora de la confianza. El Compliance es el acto político de reparar el mundo organizacional cada vez que la presión por los resultados amenaza con erosionar la ética del colaborador.
Para fundamentar este compromiso, debemos acudir a la mirada de Emmanuel Levinas. Para el filósofo, la ética no nace de un contrato, sino del encuentro con el "Rostro del Otro". Ese Rostro nos interpela y nos hace responsables de su fragilidad antes de que firmemos cualquier código de conducta. En el ecosistema del Compliance, el "Otro" es el empleado expuesto al acoso, el accionista que confía sus ahorros, o el ciudadano afectado por la contaminación de una industria. La norma jurídica es solo la forma técnica que toma nuestra responsabilidad ante ese Rostro. Cuando diseñamos una matriz de riesgos o un protocolo de debida diligencia, no estamos llenando celdas en un Excel; estamos respondiendo al imperativo ético de proteger a quienes son vulnerables ante el poder corporativo.
Acorde a ello, el cuidado se articula a través de las cuatro fases críticas que Tronto identifica y que yo he validado en la práctica profesional. La primera es la atención, la capacidad de reconocer que una necesidad existe. Un Oficial de Cumplimiento atento es aquel que posee la sensibilidad para detectar el síntoma antes de la enfermedad. No es esperar a que suene el canal de denuncias; es observar el clima de impunidad o la opacidad en las contrataciones como un grito de auxilio del sistema. La atención es la vigilancia con corazón, aquella que entiende que el riesgo de corrupción suele ser el síntoma de una desconexión previa con los valores de cuidado mutuo.
La segunda fase es la responsabilidad, que en el Compliance del cuidado adquiere una dimensión democrática y relacional. En los modelos tradicionales, la responsabilidad se delega hasta que se vuelve anónima. En cambio, desde esta perspectiva, la responsabilidad es un compromiso compartido. Yo soy responsable de la integridad de mi par, y la organización es responsable de proveer un entorno donde actuar éticamente no sea un acto de heroísmo suicida, sino la norma natural. Esta responsabilidad política nos saca del aislamiento del departamento l y nos convierte en custodios activos de una cultura donde el cumplimiento es la máxima expresión del respeto por el otro.
Sin embargo, la intención y la responsabilidad son vacías si carecen de competencia Aquí es donde el rigor técnico del Compliance se vuelve sagrado. Cuidar bien a una organización exige excelencia en el diseño del programa de prevención de legitimación de capitales, profundidad en la investigación y una ejecución técnica que no admita zonas grises. No hay nada más "descuidado" que un programa de cumplimiento ineficiente, cargado de burocracia inútil que solo sirve para simular control mientras el riesgo sigue latente. La competencia en el cuidado significa que nuestras herramientas deben ser eficaces, claras y habitables; deben ser el escudo real que protege al empleado de la arbitrariedad y al directivo de la imprudencia.
Finalmente, el ciclo se cierra con la capacidad de respuesta Debemos preguntarnos: ¿Cómo recibe la organización nuestras políticas de integridad? Si el Compliance es percibido como un peso opresivo o una vigilancia policíaca, hemos fallado en el acto de cuidar. La mirada de Tronto nos obliga a evaluar el impacto de la norma en quienes deben vivirla. El éxito de nuestra gestión no se mide por la ausencia de expedientes, sino por la fortaleza de una cultura donde el personal siente que el cumplimiento es la garantía de su propia seguridad y dignidad.
Solo cuando la norma es recibida como un acto de cuidado, la integridad deja de ser una imposición externa para convertirse en una convicción interna.
Esta propuesta para Law & Trends es un llamado a la evolución del pensamiento jurídico-corporativo. Debemos dejar de ver el cumplimiento como un gasto de defensa para entenderlo como una inversión en humanidad. El Compliance del cuidado no es una versión debilitada del control, es su versión más sofisticada y resiliente, porque reconoce que una empresa solo es sostenible si es capaz de cuidar la red de interdependencias que la rodea. Al integrar la filosofía de Tronto y Levinas en nuestra práctica diaria, dejamos de ser gestores de expedientes para convertirnos en arquitectos de justicia, asegurando que, en el complejo mundo de los negocios, el Rostro del ser humano nunca quede desprotegido frente a la fría maquinaria de la norma.
