JUC


Por: Dra. María Alejandra Mancebo Experta en Compliance, Derechos de las Mujeres y Feminismo

A menudo, cuando pronunciamos la palabra "criminalística", el imaginario colectivo viaja inmediatamente a la escena de un crimen: cintas policiales amarillas, polvo para huellas dactilares y evidencias físicas palpables. Sin embargo, en mi trayectoria profesional al frente del control de riesgos y la prevención de la legitimación de capitales, he aprendido que las "escenas del crimen" más complejas y devastadoras para la sociedad rara vez involucran violencia física. Ocurren en el silencio sepulcral de las salas de juntas, en los pasillos de las altas esferas corporativas y en la frialdad abstracta de los asientos contables.

El Boardroom contemporáneo exige una nueva lente de observación: la de la criminalística forense aplicada al comportamiento y a la gobernanza corporativa. No se trata de convertir a los directores y gerentes en detectives paranoicos, sino de dotarlos de una agudeza analítica y filosófica capaz de leer los rastros invisibles que preceden a las grandes crisis y colapsos institucionales. En la alta dirección, la "evidencia" no siempre es un documento burdamente falsificado; la mayoría de las veces, la evidencia es un silencio cómplice, una decisión apresurada bajo presión, una estructura corporativa innecesariamente opaca o una cultura que premia los resultados financieros por encima de la integridad.

Es así que es imperioso indicar que la criminalística forense en el Boardroom actúa como el diagnóstico temprano de una patología corporativa sistémica. Nos permite diseccionar la anatomía del fraude y del riesgo, no para realizar una autopsia institucional cuando el daño reputacional y patrimonial ya está hecho, sino para identificar y neutralizar las vulnerabilidades operativas.

Como profesionales del Compliance, analizamos patrones. Un investigador criminalístico busca inconsistencias en la coartada de un sospechoso; un Oficial de Cumplimiento con visión forense busca inconsistencias en los flujos de capital, en la justificación de la urgencia de ciertos contratos o en la creación de redes de empresas fantasma que buscan difuminar al beneficiario final. Las metodologías de legitimación de capitales se han vuelto transcompleja, y enfrentarlas requiere una metodología de control igual de sofisticada, apoyada hoy en día por la inteligencia artificial y el Compliance 5.0. Trazar la huella digital de una transacción ilícita es la criminalística moderna.

Sin embargo, es precisamente en este punto de hiper-tecnificación donde la técnica pura, fría y calculadoramente objetiva, se queda corta. Es aquí donde mi visión de la gestión de riesgos debe intervenir: si la criminalística forense nos da la "lupa" para encontrar la falla, el Compliance debe aportar el "alma" para repararla y prevenirla de raíz.

Y si recordamos qué el verdadero cumplimiento normativo no puede ni debe reducirse a un frío checklist de obligaciones legales. Abrazar un "Compliance Humanista" requiere entender que detrás de cada riesgo, de cada desviación normativa y de cada fraude corporativo, hay un ser humano y una estructura neurobiológica respondiendo a un entorno determinado.

¿Por qué profesionales brillantes, con familias y reputaciones intachables, cruzan la línea ética en la sala de juntas? La respuesta desde la filosofía y la neurociencia nos dice que rara vez es la maldad pura. Suele ser el miedo a fracasar, la presión desmedida de los accionistas, la racionalización ("todos lo hacen", "es por el bien de la empresa") y una profunda desconexión emocional de las consecuencias de sus actos.

Por ello, la labor forense no solo debe rastrear el dinero, sino rastrear el clima organizacional. Un índice de rotación de personal inusualmente alto en un departamento financiero, o reportes de denuncias sistemáticamente ignorados, son evidencias criminalísticas tan válidas como un balance maquillado.

Acorde a lo indicado, es imperioso llevar la "Ética del Cuidado"—inspirada en los postulados de pensadoras fundamentales como Carol Gilligan y Joan Tronto a la mesa de decisiones corporativas. Históricamente, el cuidado ha sido relegado a la esfera de lo privado, pero en la gerencia transcompleja de hoy, es el pilar de la sostenibilidad. Transformar la prevención del delito en un acto de responsabilidad compartida significa que cuidar de la organización equivale a cuidar de su gente.

La verdadera prevención no nace del miedo a la sanción penal, sino del respeto a la dignidad humana dentro de la corporación. Establecer un programa de Compliance con enfoque en el cuidado implica diseñar entornos de seguridad psicológica. Significa que levantar la mano ante una irregularidad en el Boardroom no sea visto como un acto suicida o una traición, sino como el máximo acto de lealtad institucional.

El Compliance de hoy no se limita a buscar culpables para entregarlos a la justicia penal. Utiliza las herramientas forenses para entender el contexto operativo, sanar la cultura organizacional y proteger el valor más importante de cualquier empresa: su capital humano. Porque una corporación verdaderamente íntegra y blindada contra los riesgos no es aquella donde, por represión, nadie comete un error. Es aquella cuyo ecosistema está diseñado con tal nivel de cuidado, transparencia y propósito social, que hacer lo correcto se convierte, genuinamente y de forma natural