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Pedir dinero a un familiar es algo bastante habitual: para comprar una vivienda, montar un negocio o salir de un apuro puntual. Lo que pasa es que no es tan sencillo como parece, por lo menos desde el punto de vista fiscal.

Aunque se trate de un acuerdo “de confianza”, tiene implicaciones legales y fiscales y una reciente interpretación del Tribunal Supremo ha dejado claro que Hacienda vigila cada vez más este tipo de operaciones, y que no formalizarlas correctamente puede traer problemas serios.

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