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Hubo un tiempo en el mercado inmobiliario donde la confianza mutua y unas garantías mínimas sostenían el sistema.

Evolución y protección jurídica del alquiler

Durante años, bastaba con exigir una fianza de un mes y, en los casos de mayor cautela, un aval bancario o un fiador solidario, para que propietario e inquilino cerraran un acuerdo de arrendamiento con cierta tranquilidad. Ese modelo, propio de décadas pasadas, funcionaba en un entorno legal equilibrado y predecible.

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