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Subirse al coche después de haber bebido no solo supone un riesgo evidente para la vida propia y la de los demás. En España, a partir de ciertos niveles de alcohol o de determinados síntomas, esa conducta pasa de ser una simple multa de tráfico a constituir un delito penal, con antecedentes, posible pena de prisión y retirada del permiso de conducir. Entender dónde está la línea entre sanción administrativa y delito, qué consecuencias legales tiene y cómo defenderse es clave para cualquier conductor.

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