JUC


Paloma Zabalgo Abogada · Empresaria     Directora de Zabalgo Abogados, S.L.

Presidenta de la Sección de Familia y Sucesiones del ICAM  circulozabalgo.com · palomazabalgo.com

 

El verano tiene una virtud que el resto del año nos niega: tiempo para pensar. Para levantar la vista del expediente y preguntarse no solo cómo trabajamos, sino por qué lo hacemos y para quién. Estas líneas son el resultado de esa pausa: lo que he ido pensando —y construyendo— sobre cómo puede innovar un despacho de familia.

Cuando se habla de innovación en el sector jurídico, los ejemplos son casi siempre los mismos: grandes despachos que automatizan contratos, firmas que aplican inteligencia artificial a la due diligence, departamentos de compliance que procesan miles de documentos con machine learning. El derecho de familia y sucesiones rara vez aparece en esa conversación. Y no porque no innove, sino porque pocas veces se cuenta.

Y sin embargo, pocas áreas son tan exigentes en su gestión diaria. Un expediente de familia no es un contrato que se revisa y se archiva: es un proceso vivo, con plazos que se solapan, con honorarios que se estructuran por fases y con clientes que necesitan respuesta inmediata en el peor momento de su vida.

Llevo más de veinte años ejerciendo, la última década especializada en familia y sucesiones. Dirijo un despacho en Madrid que ha crecido de cuatro a diez personas. Y en algún momento entendí algo incómodo: las herramientas que ofrecía el mercado no estaban diseñadas para nosotros.

El problema que nadie resuelve

Los programas de gestión para despachos están pensados para el derecho mercantil o el procesal genérico. Ninguno entiende que en familia el expediente tiene otra estructura: que un divorcio puede tener varias fases procesales a la vez, que la rentabilidad no se mide por hora facturada sino por encargo completo, que la tesorería depende de provisiones que llegan cuando menos se espera.

Busqué durante años una solución que se adaptara a nuestra realidad. No la encontré. Así que decidí construirla.

ZabalGest: tecnología propia para un despacho de familia

ZabalGest es el software de gestión integral que desarrollamos para Zabalgo Abogados. No es un producto comercial —al menos, no todavía—: es una herramienta nacida de la práctica real, iterada en más de trescientas versiones, que hoy gestiona más de doscientos expedientes activos.

Tiene doce módulos que cubren todo el ciclo del despacho —expedientes, horas, hojas de encargo por fases, rentabilidad por abogado y por asunto, facturación con Veri*Factu, tesorería, agenda y dirección— y dos que no encontrará en ningún gestor jurídico del mercado: un módulo de bienestar del equipo y una biblioteca de documentos con anonimización inteligente.

Pero nada de esto tiene sentido si se olvida para quién se hace. Cada decisión de diseño responde a la misma pregunta: cómo acompañar mejor a quien atraviesa uno de los peores momentos de su vida. Que el presupuesto tenga alertas significa que el cliente no recibe facturas sorpresa; que el sistema distinga lo que ve el cliente de lo que ocurre dentro, transparencia; que el equipo esté cuidado, que quien le atiende no esté al límite. La tecnología no nos aleja del cliente: nos permite estar más presentes cuando más se nos necesita.

Lo construí sin departamento de informática y sin equipo técnico, con la inteligencia artificial como herramienta de desarrollo: no como sustituto del criterio profesional, sino como acelerador de algo que, de otro modo, habría sido imposible para un despacho de nuestro tamaño. La arquitectura es moderna y, sobre todo, replicable. Si un despacho de diez personas puede construir su propia tecnología, la pregunta ya no es si es posible, sino por qué no lo hacen más.

Y hay un aprendizaje que va más allá de lo técnico: la inteligencia artificial puede construir la herramienta, pero mantenerla conforme al RGPD europeo exige decisiones que la tecnología no toma por ti. Por eso migré la base de datos a un proveedor europeo —OVHcloud—, para que los datos de mis clientes permanezcan en Europa, sin transferencias internacionales. Y lo hice yo misma, siguiendo las instrucciones de la propia IA. Construir con inteligencia artificial no es depender de un tercero: es aprender lo suficiente para tomar el control de tu tecnología, y de la protección de los datos que se te confían.

De la gestión al pensamiento: Círculo Zabalgo

ZabalGest resolvió un problema operativo. Quedaba otro que ningún software resuelve: pensar la profesión de otra manera. Por eso me formo en el IE Business School, en un programa de alta dirección —que todavía curso— que combina estrategia, liderazgo, Design Thinking y pensamiento crítico. No para cambiar de profesión, sino para ejercerla mejor.

De ahí nació Círculo Zabalgo: no la web del despacho —eso es palomazabalgo.com— ni un blog jurídico, sino un espacio de pensamiento donde comparto lo que aprendo al cruzar disciplinas: qué dice la teoría de la agencia sobre por qué los divorcios se alargan, qué aporta el pensamiento estratégico a la planificación sucesoria, por qué un abogado de familia necesita saber leer un balance.

La innovación como actitud, no como presupuesto

Hay una creencia implícita en el sector: que innovar exige recursos que solo los grandes tienen. Mi experiencia demuestra lo contrario. Un despacho de familia de diez personas puede construir su propia tecnología, desarrollar su propia voz y competir en el terreno de las ideas con cualquiera. No hace falta ser grande: hace falta criterio, curiosidad y disposición a aprender fuera del derecho.

Innovar en un despacho de familia no es automatizar lo que ya hacemos, sino repensar cómo, por qué y para quién lo hacemos. ZabalGest es la respuesta operativa; Círculo Zabalgo, la intelectual. Las dos nacen del mismo impulso: la convicción de que ejercer el derecho de familia con excelencia exige algo más que conocer las normas.

Exige pensar.

Y exige la honestidad de reconocer que la profesión cambia más rápido de lo que admitimos. Que los clientes de mañana —patrimonios internacionales, sucesiones planificadas a veinte años vista, divorcios con participaciones societarias en tres jurisdicciones— necesitarán abogados que entiendan algo más que derecho.

Ese es el abogado de familia que quiero ser. Y ese es el despacho que estoy construyendo.