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Por Paloma Zabalgo. Abogada. Empresaria. Directora de Zabalgo Abogados, S.L. Presidenta de la Sección de Familia y Sucesiones del ICAM 

Durante muchos años pensé que mi trabajo consistía, ante todo, en resolver conflictos familiares. Acompañar una separación, ordenar una herencia, proteger a unos hijos, ayudar a una familia empresaria a tomar una decisión difícil. Sigue siendo así. Pero con el tiempo he entendido que, para hacer bien ese trabajo, el Derecho por sí solo no basta.

Un divorcio puede ser también una reorganización patrimonial y empresarial. Una sucesión puede exigir comprender una empresa, una estructura internacional o una relación familiar deteriorada durante décadas. El valor del abogado no está únicamente en conocer la respuesta, sino en saber qué pregunta falta todavía.

De esa inquietud nace Círculo Zabalgo. No es la página web de un despacho ni pretende ser un blog jurídico al uso. Es un espacio editorial personal desde el que quiero pensar sobre Derecho de Familia y Sucesiones en conversación con otras disciplinas: empresa, patrimonio, liderazgo, innovación, geopolítica, gestión de equipos y aprendizaje continuo.

No lo concibo como un lugar para explicar normas que cualquiera puede encontrar en una búsqueda ni como un escaparate profesional. Me interesan las preguntas que cambian la forma de mirar un asunto. Si después de leer un artículo alguien piensa «no había visto el problema así», el espacio habrá cumplido su propósito.

Un derecho que ya no puede mirarse de forma aislada

El Derecho de Familia y Sucesiones se ha vuelto más complejo porque las familias también lo son: patrimonios repartidos entre distintos países, empresas que atraviesan una ruptura matrimonial y decisiones económicas que alteran el equilibrio familiar. A ello se suman tecnología, especialización y el reto de construir equipos que no dependan de una sola persona.

No se trata de que el abogado de familia se convierta en economista, psicólogo o experto en tecnología. Se trata de entender mejor aquello que rodea al Derecho. Mi formación fuera del ámbito estrictamente jurídico me ha enseñado a distinguir un síntoma de un problema, a escuchar antes de concluir y a pensar en sistemas, no solo en episodios aislados. Esa perspectiva es la que quiero trasladar a este proyecto.

Los primeros artículos: preguntas antes que recetas

Las piezas ya publicadas dibujan las primeras líneas de esa conversación. En «Por qué existe este sitio» planteo qué significa seguir siendo relevante cuando el sector se reordena y la tecnología transforma la gestión. «El día que empecé a aprender de otra manera» parte de una intuición próxima: salir ocasionalmente del marco jurídico no significa alejarse del Derecho, sino volver a él con más criterio.

También he escrito sobre el riesgo de la experiencia. «El peligro de reconocer demasiado pronto un caso», inspirado en una idea de Adam Grant, parte de algo cotidiano: creer que una historia se parece tanto a otra que ya conocemos su desenlace. La experiencia permite reconocer patrones, pero puede llevarnos a dejar de escuchar antes de tiempo. Por eso trato la primera impresión como una hipótesis, no como una conclusión.

Y hay una reflexión que me parece especialmente relevante para el sector. En «Las asociaciones de abogados: lo que nadie dice desde dentro» abordo la participación en asociaciones y en instituciones desde una experiencia personal, sin convertirla ni en un ajuste de cuentas ni en una alabanza. Las asociaciones y las instituciones pueden ofrecer vínculos, referentes generosos y espacios en los que aprender; pero también reproducir dinámicas de poder que alejan a las personas a las que deberían convocar. Me interesaba sostener las dos ideas a la vez, porque casi nunca la realidad cabe en un solo relato.

El hilo que une estas piezas no es una respuesta común, sino la voluntad de no conformarse con una visión automática de los problemas. Un patrimonio no es solo una cifra; una ruptura no es solo un procedimiento. Cada asunto tiene un contexto humano, económico y profesional que condiciona la decisión.

Esta misma forma de pensar está detrás de ZabalGest, el ERP jurídico interno que hemos desarrollado a medida para el trabajo de Familia y Sucesiones. No nació como un producto para el mercado, sino de la necesidad de una herramienta que entendiera mejor el trabajo con asuntos complejos, documentación sensible y una relación continuada con los clientes. ZabalGest responde a una pregunta operativa; Círculo Zabalgo, a una intelectual. Son proyectos distintos, pero comparten un origen: la convicción de que innovar no consiste en añadir tecnología por apariencia, sino en mejorar la manera de trabajar sin perder lo valioso del oficio.

De los artículos a la conversación

El proyecto no quiere quedarse solo en textos. Las conversaciones con personas que han pensado y vivido la profesión desde lugares distintos serán uno de sus ejes. No como entrevistas promocionales ni como una sucesión de titulares, sino como diálogos entre pares: sobre el papel del abogado, las instituciones, la empresa familiar, la gestión de conflictos, el bienestar de los profesionales y los cambios que afectan al sector jurídico.

También está previsto un primer encuentro presencial. Aún no es el momento de anunciar formato, fecha ni participantes; primero hay que construir algo que tenga sentido. Pero la intención es clara: trasladar al espacio compartido algunas de las preguntas que los artículos abren y que, probablemente, se piensan mejor cuando no se piensa a solas.

Círculo Zabalgo acaba de empezar. No pretende ofrecer un método cerrado ni convertirse en la voz definitiva sobre nada. Aspira a ser un lugar de trabajo intelectual: una conversación sostenida sobre cómo ejercer el Derecho de Familia y Sucesiones con más contexto, más curiosidad y quizá también con más humildad.

Porque, al final, una buena decisión jurídica no depende solo de conocer el Derecho aplicable. Depende de entender lo que está cambiando alrededor y de conservar la paciencia para seguir mirando cuando creemos que ya lo hemos entendido todo.