JUC


Carmen Fernández Zabalza, decana del ICA de Soria

Recupero para los lectores de Lawandtrends algunas reflexiones de la fiesta patronal de San Saturio, patrón de nuestro ICA de Soria, una entidad que a lo largo de su historia ha estado siempre muy pendiente de sus colegiados y colegiadas desde que se puso en marcha.

En la celebración que tuvo lugar el pasado viernes contamos con la presencia de nuestro presidente del Consejo de la Abogacía de Castilla y León, Fernando Rordrigez del presidente emérito Julio Orejudo y del presidente de la Mutualidad de la Abogacía, Enrique Sanz, así como todos los decanos; decanos Eméritos consejeros y consejeras del Cacyl miembros de Juntas de Gobierno, y compañeros que desde los Colegios de Valladolid, Segovia, León, Alcalá de Henares, Cartagena y Madrid se desplazaron para celebrar esta fiesta con nosotros.

Este tipo de celebraciones revela el compromiso que refuerza los lazos que nos unen y da verdadero sentido al espíritu de unión que debe primar en la abogacía. Estoy convencida que la abogacía de Soria no forma parte de ninguna España silenciada ni vaciada. La abogacía de Soria es voz activa y firme, comprometida de la tutela judicial efectiva y con el Estado de Derecho.

Es evidente que vivimos un momento clave para la administración de justicia, con un cambio de modelo organizativo que debe ayudar a mejorar en el medio plazo nuestros juzgados y tribunales.

En este nuevo escenario el papel de la Abogacia seguirá siendo importante porque somos los que tutelamos los derechos de los ciudadanos frente a la administración de justicia. Somos el único operador jurídico que aparece en nuestra Carta Magna en varias ocasiones.

 Debemos ejercer nuestra querida y exigente profesión con humanidad, con compromiso y con valores, la que hoy debemos proyectar hacia el futuro. Porque esta profesión no se construye solo con normas y conocimientos, se construye con personas y con el ejemplo de quienes nos enseñaron a ejercerla.

El mensaje que ofrecimos a aquellos compañeros que juraron el pasado viernes por vez primera su profesión fue claro. Esta es una profesión exigente, pero apasionante donde es importante tener capacidad de aprendizaje y escucha activa. Luego es fundamental ser firmes en tus planteamientos y trabajar con honestidad.

No podemos olvidar que detrás de cada asunto hay una persona que confía en nosotros como abogados que somos. Debemos atender todos los casos con la misma profesionalidad porque no hay casos fáciles. Se trata de ejercer la profesión con rigor y ética, compromiso y humanidad.

Para aquellos que siguen después de veinticinco años trabajando a pie de su bufete, es evidente que han sabido adaptarse a los cambios generados en estos años. Ellos iniciaron su andadura profesional en una abogacía muy distinta a la actual.

En aquel momento no existía la tecnología ni los expedientes digitales ni siquiera la IA. Pero siempre desde el primer momento tuvisteis la responsabilidad de defender a los justiciables. Creo que estos compañeros y compañeras son un ejemplo a seguir. Hay que agradecerles que sostengan la profesión con su trabajo diario y que la haya dignificado.

Dignificar el Turno de Oficio

Especial mención hay que hacerla en relación a los compañeros y compañeras, que cada día dignifican el Turno de Oficio. Ellos garantizan que la justicia llegue también a los más necesitados y los más vulnerables

Esperamos que este año que celebramos el treinta aniversario de la Ley de Justicia Gratuita, logremos que se apruebe una nueva Ley que regule mejor el trabajo de estos profesionales y ofrezca mejores remuneraciones que se actualicen anualmente al IPC.

No es de recibo que este servicio descanse sobre el sacrificio personal de nuestro tiempo como abogados, de nuestra disponibilidad absoluta. No es justo. Y esto debe acabarse.

Debemos tener claro que No hay justicia gratuita sin abogados dignamente respetados y retribuidos. La nueva Ley debe remunerar todas las actuaciones y acabar con la precariedad y las guardas interminables.

Defender el Turno de Oficio no es una reivindicación corporativa. Es una exigencia democrática consagrada constitucionalmente Es el momento, por tanto de adecuar a esta actividad de los medios y recursos suficientes para que podamos hacer nuestro trabajo.

Ahora que se habla de la eficiencia en la justicia y de un cambio de modelo, debemos reflexionar sobre hacia dónde va esa eficiencia y a qué precio. En este último año hemos visto que se han incrementado los problemas en los juzgados. El retraso está siendo mayor y el uso de los MASC, no ayuda mucho.

Desde fuera la sensación que tenemos es que a la abogacía no se nos puede trasladar más carga de obligaciones, si no se dota de medios a esta organización de justicia.

Ser abogado no es cualquier cosa

El trabajo que hacemos no es un trámite; es garantía y defensa de los derechos de la ciudadanía

Como nuestro patrón en su retiro, los abogados nos enfrentamos, en muchas ocasiones, a la soledad de nuestros despachos, al estudio silencioso de los asuntos y a la búsqueda de esa “verdad” que antes quedaba sepultada bajo montañas de papel y que hoy, en demasiadas ocasiones, se oculta tras algoritmos de inteligencia artificial.

San Saturio entregó su vida a la escucha y al auxilio de quienes se acercaban a su ermita; Nosotros entregamos la nuestra a la escucha activa de quienes acuden a nosotros buscando refugio frente a la injusticia.

 Él representó la resistencia frente a la corriente del río, esa misma resistencia que ejercemos cuando defendemos los derechos fundamentales y la ejercemos frente a las corrientes de las reformas aceleradas o la burocracia deshumanizada.

Tras nuestras puertas al igual que el anacoreta, nos retiramos para estudiar, para desmenuzar la realidad y para encontrar la solución a los problemas humanos. Es en la soledad de nuestros despachos es también donde se garantiza el secreto profesional, ese lazo sagrado que permite al ciudadano abrir su corazón y su conciencia sin miedo.

Por eso, cuando pedimos salud mental y derecho a la desconexión, lo que estamos pidiendo en realidad es proteger ese espacio de reflexión.

Nuestro patrón San Saturio es, en definitiva, un símbolo que, más allá de lo religioso, , recordándonos que nuestra labor también requiere de esa templanza, de ese rigor y de esa entrega incondicional al otro. Pero no a cualquier precio

Sin una abogacía fuerte, no hay justicia. Y sin justicia, no hay Estado de Derecho.