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En nuestro despacho vemos una escena que se repite mucho: personas que llegan tarde, después de haber contratado a un abogado sin la información mínima, con una demanda ya presentada… y con un problema añadido: ahora hay que arreglar los errores cometidos antes

La elección de abogado no es un simple trámite. Afecta a tu patrimonio, a tu empresa, a tu familia e incluso a tu libertad. Igual que no te operarías con el primer médico que aparece en un anuncio, tampoco deberías dejar tu caso legal en manos de cualquiera.

Vamos a repasar los errores más frecuentes que vemos al contratar un abogado y cómo puedes evitarlos, con un enfoque práctico y legal.

1. Elegir solo por precio (ir directo al más barato)

Qué vas a poder leer aquí:

Es uno de los errores clásicos: quedarse solo con el presupuesto más bajo, sin valorar nada más.

Los abogados fijamos nuestros honorarios con criterios como los recogidos en la normativa colegial (complejidad, cuantía, dedicación, urgencia, etc.). Buscar un precio razonable es lógico, pero elegir a alguien solo porque «es el más barato« es fácil que tenga consecuencias, porque lo más seguro es que ese precio más económico vaya acompañado de:

  • Falta de dedicación real al asunto.

  • Falta de seguimiento y comunicación.
  • Respuestas genéricas, sin estudio de tu caso.

Cómo puedes evitarlo

  • Pide varios presupuestos, pero compara también experiencia, especialidad y forma de trabajar, no solo la cifra.

  • Desconfía de quien te promete “llevar un procedimiento complejo por cuatro duros” y, además, te garantiza resultados (lo veremos más adelante).

2. No comprobar la especialización del abogado

No todos los abogados hacen de todo, ni deberían. Igual que no acudes al traumatólogo para un problema de corazón, no es buena idea que un mismo profesional lleve:

  • Y un recurso contencioso-administrativo.
  • Un divorcio con custodia complicada.

  • Un despido colectivo.
  • Una querella penal.

Y todo eso a la vez.

Aunque legalmente un abogado pueda actuar en cualquier jurisdicción, la realidad práctica es que el Derecho es cada vez más técnico. Derecho de familia, penal, laboral, sucesiones, bancario… cada área tiene criterios, plazos y “manías” propias.

Cómo puedes evitarlo

  • Pregunta en qué materias está especializado.

  • Pide ejemplos: ¿Lleva muchos procedimientos como el mío?, o ¿en qué juzgados suele actuar?, son dos preguntas que te puedes hacer antes de decidir.

  • Comprueba en la web del despacho y en el Colegio de abogados si se presenta como especialista en el área que necesitas.

3. No firmar una hoja de encargo clara (o no leerla)

La hoja de encargo profesional es el documento donde se fijan:

  • Qué va a hacer el abogado exactamente (alcance del encargo).

  • Cuánto va a cobrar y cómo (honorarios, provisiones de fondos, variables…).

  • Qué servicios NO incluye (recursos, ejecución, incidentes, etc.).

El Estatuto General de la Abogacía y los Códigos Deontológicos insisten en la importancia de esta transparencia contractual. No firmar nada, o firmar sin leer, te deja vendido:

  • Te pueden reclamar luego más de lo que pensabas.

  • Puede haber malentendidos sobre si el precio incluía esto o lo otro.

Cómo puedes evitarlo

  • Exige siempre hoja de encargo y siempre por escrito.

  • Léela con calma. Si algo no entiendes, pide que te lo expliquen.

  • Pide que conste qué servicios se incluyen y cuáles no.

4. Creer en quien te “garantiza” ganar el caso

Si un abogado te dice frases tipo: “Esto está ganado al 100%”, “Te garantizo que lo vamos a ganar seguro”, «Si no ganas, no te cobro nada” (así, sin más, sin matices) en realidad está vulnerando un principio básico: nadie puede garantizar el resultado de un proceso judicial, porque intervienen jueces, pruebas, plazos, criterios jurisprudenciales… y el propio comportamiento de la otra parte.

Desde el punto de vista deontológico, el abogado debe ser realista, explicarte las opciones, riesgos y probabilidades, pero nunca debe venderte una victoria asegurada, porque no está siendo tan transparente como debería.

Cómo puedes evitarlo

  • Desconfía de las promesas absolutas que te ofrecen una seguridad que nunca lo es tanto.

  • Valora mejor al abogado que te habla claro, aunque no te guste lo que oigas, pero seguro que es la realidad. Posibilidades, riesgos y qué puede pasar si el juez no comparte nuestra tesis, por ejemplo, se deben tener en cuenta.

5. No preguntar por TODOS los costes (no solo los honorarios del abogado)

Otro error típico: pensar que el único coste es lo que te cobra tu abogado. En muchos procedimientos hay otros conceptos asociados que si no se tienen en cuenta es peligroso. Hablamos de:

  • Procurador (obligatorio en muchas jurisdicciones, como civil y penal en determinados casos).

  • Tasas judiciales (sobre todo para empresas).

  • Peritos (médicos, arquitectos, economistas…).

  • Costas procesales si pierdes y el juez te condena a pagar los honorarios de la otra parte.

No preguntar por esto conduce a sorpresas desagradables.

Cómo puedes evitarlo

Pregunta, desde el principio, por cada uno de esos puntos y pide, si es posible, una estimación global o un rango razonable.

6. Ocultar información al abogado (o “maquillar” los hechos)

A veces, por vergüenza o por miedo a quedar mal, no cuentas toda la verdad al abogado, o «te olvidas” de algunos detalles importantes. El problema es que nos vemos obligados a montar una estrategia sobre una realidad que conocemos a medias. Y cuando eso que no conocemos sale a la luz (te aseguramos que casi siempre sale), puede destrozar la línea de defensa o de reclamación.

Recuerda que la relación abogado–cliente está protegida por el secreto profesional, y el art. 24 de la Constitución reconoce tu derecho de defensa. Para ejercerlo bien, el letrado necesita saberlo todo, lo bueno y lo malo.

Cómo puedes evitarlo

  • Cuenta siempre la verdad y cuéntala completa, aunque no te deje en buen lugar.

  • Entrega toda la documentación, incluso la que crees que “nos perjudica”, es fundamental que también eso lo sepamos desde el principio

  • Confía en él o en ella, estamos para defenderte, no para juzgarte.

7. Contratar “a través de una gestoría” o intermediarios no abogados

Otro clásico: ir a una gestoría, asesoría o empresa “legal” donde en realidad no tienes claro qué abogado lleva tu caso, ni sabes si quien te atiende es abogado colegiado porque todo se hace con plantillas estándar.

Los únicos que pueden ejercer la abogacía ante los tribunales somos los abogados colegiados. Cualquier intermediario que no sea transparente con eso te pone en riesgo.

Cómo puedes evitarlo

Pregunta siempre quién es el abogado responsable de tu caso y en qué Colegio de Abogados está colegiado. También pide hablar directamente con el abogado, no solo con comerciales.

8. No revisar la forma de trabajar y la comunicación

Hay despachos que técnicamente seguramente son muy muy buenos, pero su forma de comunicar es pésima porque

  • No te cogen el teléfono.

  • No contestan correos durante semanas.

  • No te informan de novedades ni de resoluciones.

Legalmente, el abogado tiene un deber de información y diligencia con el cliente. No es solo ganar o perder, es que tú sepas qué está pasando con TU caso.

Cómo puedes evitarlo

  • Desde el principio, asegúrate de cómo vais a comunicaros y quién será la persona de contacto habitual con el bufete.

  • Valora en la primera toma de contacto cómo te explican las cosas, si te escuchan, si entiendes qué te están explicando o si, por el contrario, utilizan demasiados tecnicismos.

9. Cambiar de abogado continuamente en el mismo asunto

Puede haber razones legítimas para cambiar de abogado (falta de confianza, mala gestión, conflicto de intereses…), pero ir saltando de uno a otro en el mismo procedimiento genera muchos contratiempos como pérdida de tiempo y de información, problemas de coordinación (con el juzgado, procuradores, …), y algo que no puedes perder de vista, los costes duplicados o hasta triplicados.

Además, el abogado que llega de nuevo tiene que estudiar todo el expediente desde cero, con los plazos ya corriendo.

Cómo puedes evitarlo

Elige bien al principio.

Si hay un problema puntual, antes de cambiar, habla con él o con ella aclara dudas y pide explicaciones. Si aun así no hay confianza, cambia… pero hazlo de forma ordenada y documentada, con entrega completa del expediente.

10. No pedir una primera orientación clara sobre tus opciones

Muchas personas nos llegan después de haber:

  • Firmado acuerdos claramente perjudiciales.

  • Renunciado a derechos por desconocimiento.
  • Aceptado indemnizaciones muy por debajo de lo que les correspondía.

Todo por no haber preguntado antes qué opciones legales tenían.

Cómo puedes evitarlo

Antes de firmar un acuerdo, aceptar una oferta o renunciar a un derecho, pide una consulta jurídica seria. Un buen abogado te dirá si te compensa llegar a un acuerdo amistoso, ir a juicio o, sencillamente, no hacer nada porque el coste no compensa el beneficio.

Contratar un abogado no es cuestión de suerte ni de anuncios que te llaman la atención. Es una decisión que debes tomar con información, criterio y transparenciaSi estás en una situación en la que debas contratar un abogado, tómate un momento para revisar estos puntos. Puede ahorrarte muchos problemas en el futuro.