JUC


El joven de 23 años presuntamente acusado de  su padre en Aranda del Duero (Burgos) ha pasado a disposición judicial y su familia ha enviado un comunicado aclarando los detalles del suceso y argumentando una ‘Situación de maltrato familiar’ continuado.

Lo primero que debemos hacer es reflexionar sobre que estaba pasando con este chico para que se cometa un hecho tan terrible y posteriormente debemos darnos cuenta que todo delito tiene un precedente. Es decir, la violencia no surge de repente hay que tener en cuenta el contexto y no para justificarla, por supuesto, pero si para entenderla. Este caso es un claro ejemplo de lo que estoy hablando y me reafirma en la idea de que se puede hacer mucho más por las víctimas sobre todo en  delitos de la violencia de género para evitar que la escalada de la violencia llegue a la muerte en general de las víctimas, o en casos especiales como este de la persona agresora.

ATENCIÓN A LAS VÍCTIMAS DE VIOLENCIA DE GÉNERO A TRAVES DE LA JUSTICIA RESTAURATIVA

Estos meses estamos asistiendo a un aumento de las muertes de mujeres a manos de sus parejas o exparejas y la de muchos de niños y niñas, está claro que las penas más duras, y el invitar a las personas a denunciar no es suficiente. Y no lo es porque en muchos casos no se hace y en otros no sirve para mucho. Por supuesto, no tengo la solución a este problema lo que si tengo claro es que hay que cambiar la lente con la que lo abordamos  o al menos buscar más fórmulas para lograr no solo que se reduzcan sino que las mujeres y los niños y niñas sobrevivientes puedan sanar y sobre todo no tengan que vivir soportando esta violencia.

Por un lado, está claro que penas más duras no es la solución puesto que el temor al castigo no está disminuyendo los casos, al contrario se aprecia un aumento generalizado estos últimos meses.

 Por otro lado, deberían implementarse medidas para que los maltratadores pudieran reflexionar sobre el daño causado y en general, medidas para que las víctimas puedan superar lo vivido.  Y sobre todo deberían existir instrumentos y formulas para evitar que víctimas y victimarios sigan viviendo en un mismo lugar y como el caso con el que he empezado en un pueblo donde es muy difícil no encontrarte cara a cara con tu maltratador. Supongo que el volumen de asuntos es grande pero si deberían prestarse especialmente atención a los casos en los que las víctimas y los agresores conviven en lugares pequeños condenados a encontrarse o a convivir.

Respecto de la atención a las víctimas deberíamos cambiar la mentalidad sobre ellas, no son seres incapaces, totalmente vulnerables que necesitan que decidamos por ellas.

Es una constante en el ámbito jurídico pensar en las víctimas de esta manera y mucho más si se trata de victimas de violencia de género o sexual. Sin embargo, no nos damos cuenta de que precisamente una de las necesidades de las víctimas es sentirse empoderadas, recuperar el control de su vida y  sentir que son dignas de respeto. Por tanto, todas las acciones que hagamos para su atención deberían ir encaminadas a empoderarlas, hacerlas protagonistas de su historia y darlas las oportunidades para poder decidir. En este punto, por mucho que se diga que la justicia restaurativa está prohibida lo realmente prohibido es la mediación y la conciliación. Como he dicho en muchas ocasiones, la prohibición de mediación es adecuada porque se parte de un equilibrio y una igualdad de las personas. Pero la justicia restaurativa no solo sería viable sino que sería uno de los delitos donde más necesario es puesto que parte del desequilibrio y el objetivo es equilibrar escuchando las necesidades de las víctimas y dando la oportunidad al maltratador de entender los daños que causan y comprometerse a repararlos. Para muchas víctimas tener la oportunidad de decidir qué hacer con su caso, tomar la decisión de ser parte protagonista con la justicia restaurativa o no es ya una forma de empoderamiento. Y es que la justicia tradicional les dice que estén tranquilas, que denuncien  y a partir de entonces ya todo lo deciden  los profesionales, con lo que finalmente es una forma oficial de seguir negándoles la posibilidad de tener voz. Por eso, la justicia restaurativa puede ser un complemento importante en el proceso de sanación de las víctimas.

Asimismo debemos dejar de pensar que toda la justicia restaurativa se reduce a un encuentro conjunto, puesto que como no siempre es posible, existen otras intervenciones restaurativas encaminadas a atender las necesidades de las víctimas sin buscar esta reunión con el maltratador. Existen y se pueden facilitar diferentes espacios restaurativos o programas que busquen no solo ayudar a sanar a las víctimas sino también buscar como implicar a la comunidad en cómo prevenir y luchar contra estos delitos. Muchas personas pensaran que clase de reparación se busca si no hay encuentro, aquí es donde debo recordar que el objetivo principal es la reparación pero no como la entendemos en el sistema penal, se trata de buscar una reparación creativa que haga a las víctimas sentirse mejor o que las ayude a encontrar la resiliencia necesaria para superar el daño que han sufrido. Cuando la reparación no puede venir por parte de la persona ofensora se trata de generar estos espacios para que las víctimas y/o comunidad pueda aportar cómo podrían aminorar el dolor causado o como buscar una manera de ayudarlas a sanar. Y estas opciones vienen por parte de las propias víctimas, en mi experiencia facilitando el programa AVE Fénix para víctimas de violencia sexual y genero la reparación finalmente proviene de ellas mismas, y precisamente es a través de este empoderamiento, poder de decisión, de recuperar su vida, de entender que el delito no fue su culpa…y esto solo se propicia dando participación activa a las víctimas.

De la misma manera estos espacios restaurativos o programas buscan que las víctimas puedan canalizar los sentimientos negativos que pueda tener hacia otros más positivos o constructivos, es común sentir que no se hace justicia, tener deseos de venganza etc.…si se da voz a todos los que de alguna manera estén afectados podría reducirse el riesgo de reiteración de la violencia o de tomarse la justicia por las propias manos de las víctimas. Si se prestara atención a todas las personas que sufren la violencia de género se podría limitar las respuestas como la de la noticia que he relatado al comenzar. Los espacios restaurativos de sanación dan voz a todas las víctimas, permiten un desahogo y visibilizan las historias de daños. Compartiendo nuestra historia nos hace sentir que no estamos solos.  Estos programas y espacios pueden marcar la diferencia porque además incluyen a las víctimas pero también pueden tomar parte la comunidad. En estos casos se buscará también implicar a la comunidad como agentes responsables en la prevención y en las formulas para remover los valores machistas y patriarcales que están todavía presentes en nuestro sistema y en muchas personas.  El coste sería bajo para los muchos beneficios que se pueden conseguir, se están financiando campañas de concienciación, cursos de formación pero realmente esto se queda corto se necesita una verdadera intervención que junto con la posible ayuda psicológica pueda generar espacios para sanar y prevenir estos delitos.

ATENCIÓN A LOS MALTRATADORES A TRAVES DE LA JUSTICIA RESTAURATIVA

Otro aspecto importante son los maltratadores, se pone mucho énfasis y mucha inversión en las campañas de sensibilización para proteger a las víctimas pero frecuentemente nos olvidamos de los agresores. Existen programas de tratamiento que más bien son cursos de sensibilización contra la violencia de género etc., como ya he dicho, pensamos que con un taller de sensibilización las personas van a cambiar sus valores y sus conductas y van a decidir no volver a dañar. Esto no es así, no es tan fácil y en delitos como la violencia de género menos. La violencia de género está enraizada en valores, creencias, estereotipos distorsionados sobre el género y que en general, permanecen en nuestro sistema, y en la vida cotidiana. Neutralizar estos valores y creencias inherentes en los maltratadores es complicado y con un curso desde luego poco se puede conseguir. Los facilitadores de justicia restaurativa no les juzgan, no les dicen que lo que hacen está mal…Lo que se buscan es que a través de diferentes herramientas como las preguntas ,  las personas maltratadoras se cuestionen su escala de valores, sus creencias y acciones. Se les anima a pensar y reflexionar sobre sus acciones para que tengan la mente abierta como para entender que sus conductas deben cambiar y que deben asumir los daños. Son procesos complicados, llevan tiempo y no tenemos garantías de que todos asuman su responsabilidad, pero lo que si está claro es que debemos intentarlo porque con que uno de ellos entienda el daño, todas nosotras estaremos más seguras.

Además aunque no vaya a existir un encuentro con la víctima porque no se dan las condiciones o por ejemplo la víctima no desea esta posibilidad, podemos y debemos utilizar programas individuales que busquen esta asunción de responsabilidad en un grupo de maltratadores. No se trata de hacer terapia, al contrario estos programas serán un complemento. Pero desde luego no implica impartir un taller de justicia restaurativa porque como he dicho, la responsabilización en estos delitos es difícil, igual que sucede en otros delitos ideológicos como xenofobia, homofobia …. Y en todo caso las verdaderas intervenciones restaurativas no están destinadas a transmitir conocimientos a los agresores sino a realizar un acompañamiento para que puedan reflexionar ellos mismos sobre su historia, acciones y futuro.

CONCLUSIONES

La justicia restaurativa no es solo encuentros conjuntos, tiene potencial no solo para reparar los daños sino también para prevenirlos. Todas las intervenciones de la justicia restaurativa se orientan a construir, fortalecer o reparar comunidad. Por eso, deberían fomentarse intervenciones restaurativas donde las personas que sufren directamente el daño pero también su entorno pudiese tener espacios para contar su historia, necesidades y cómo ven el futuro. De esta manera podrían canalizarse sentimientos negativos en las víctimas, que es normal tener para prevenir la escalada de la violencia como ha ocurrido en el caso que he relatado. Tenemos una forma de gestionar los daños y la convivencia que es más satisfactoria y que permite la sanación, sin embargo, está infravalorada y es utilizada de forma muy limitada. No es de recibo que en pleno 2025 todavía se piense en justicia restaurativa como solo mediación penal, como solo para reparar el daño e incluso solo para delitos más leves. Esta visión simplista y limitada de la justicia restaurativa debería estar ya superada. Lo que está claro es que los nuevos facilitadores lo tienen complicado porque se organizan jornadas en las que los expertos son jueces, magistrados, directores de centros penitenciarios y mediadores, de los que poco pueden aprender sobre facilitar procesos de justicia restaurativa. Asimismo se organizan charlas en las que participan teóricamente expertos que luego no saben que la mediación penal es una reunión víctima -ofensor y que es una herramienta de la justicia restaurativa y por tanto no es una mediación como en otros ámbitos. Es decir, hasta que dejen de especular y vender cursos y formación que no es correcta, poca justicia restaurativa podemos implementar que sea verdaderamente justicia restaurativa y no otra cosa.