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El pasado 10 de octubre, se celebró el Día Mundial de la Salud Mental, una fecha que nos invita a reflexionar sobre la importancia del bienestar psicológico también en el entorno laboral. Uno de los fenómenos más relevantes en este ámbito es el Síndrome de Burnout, que surge como consecuencia del estrés laboral crónico y sostenido en el tiempo.

El burnout se caracteriza por el agotamiento emocional, la despersonalización y la baja realización personal, que lleva a la pérdida de motivación y autoestima profesional. Aunque no está reconocido como trastorno mental en el DSM-5, la OMS lo incorporó en 2019 como un fenómeno ocupacional derivado de un estrés laboral mal gestionado.

En España, la jurisprudencia ha ido dando pasos importantes al reconocer el burnout como una realidad jurídica y una forma de riesgo psicosocial, destacando la pionera Sentencia del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco de 1999, que reconoció el burnout como contingencia profesional, y desde entonces otros tribunales —como los de Navarra, Cataluña o Andalucía— han consolidado esta interpretación, asimilándolo a una enfermedad derivada del trabajo y vinculándolo al marco de la prevención de riesgos laborales y de la Seguridad Social.

La clave está en la prevención, pues debe abordarse de forma integral y en tres niveles: primario, centrado en mejorar la organización del trabajo y reducir los factores de riesgo;  secundario, enfocado en reforzar los recursos personales y las estrategias de afrontamiento de los trabajadores; y terciario, orientado al tratamiento y acompañamiento de quienes ya lo padecen, favoreciendo su recuperación y reintegración laboral.
Una de las principales dificultades para su reconocimiento jurídico radica en acreditar el nexo causal entre el entorno de trabajo y la enfermedad, ya que las patologías psíquicas suelen tener un origen multifactorial.

No obstante, cuando se demuestra que el medio laboral ha actuado como causa principal o desencadenante, la jurisprudencia tiende a reconocer su carácter de accidente de trabajo.

Hablar del burnout no es solo hablar de salud, sino también de productividad, compromiso y sostenibilidad. Cuidar la salud mental en el trabajo no debería ser una opción, sino una prioridad compartida por todas las organizaciones.

Mercedes Santos