JUC


Ninguneos a diario por correo electrónico, comentarios humillantes sobre la talla de su ropa, reproches por no estar nunca a la altura, críticas por cualquier decisión o comentario, marginarla de reuniones a las que antes asistía y culparla por errores ajenos. Para Francisca —nombre ficticio— su oficina se transformó en un infierno desde que se incorporó de su baja por maternidad y solicitó una reducción de jornada para cuidar de su hijo.

VER NOTICIA