En caso de que alguien se vea envuelto en un procedimiento penal, una de las primeras preguntas que le vienen a la cabeza es: ¿estoy obligado a declarar?, ¿y si no lo hago?
Nuestra legislación cuenta con un derecho fundamental que protege a toda persona de declarar contra sí misma o de confesarse culpable. Es lo que se conoce como el derecho a no declarar o derecho a guardar silencio.
Este derecho está reconocido tanto por la Constitución Española como por normas internacionales, y en caso de que no se tenga en cuenta, tiene consecuencias muy importantes en cualquier proceso penal.
Fundamental: qué pasa si lo ejerces.
La ley y el derecho a no declarar
Este derecho se recoge, como decimos, en la Constitución Española, que garantiza que “nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo ni a confesarse culpable”.
Además, la Ley de Enjuiciamiento Criminal lo desarrolla en varios artículos. El más importante es el art. 118, donde se establecen los derechos del investigado (antes llamado imputado). Entre ellos está el de guardar silencio y no contestar a lo que no desee.
Esto significa que si te citan a declarar como investigado en un procedimiento penal, tienes derecho a no decir nada, sin que esa decisión se pueda interpretar como una prueba de tu culpabilidad.
Es un derecho constitucional, no una obligación de cooperar con la acusación.
Por qué existe este derecho
Se fundamenta en la presunción de inocencia, otro derecho fundamental también reconocido en la Constitución.
El sistema penal parte de que toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario, y, por tanto, es la acusación (fiscalía o denunciante particular) quien ha de probar los hechos, no es el acusado quien debe demostrar su inocencia.
Obligar a alguien a declarar en su contra supone romper esa presunción.
Por eso, el derecho a guardar silencio se considera una garantía esencial en un Estado de derecho, y como comentábamos al principio, también se reconoce en normas internacionales: el Convenio Europeo de Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
Cuándo y ante quién puedes no declarar
El derecho a no declarar se puede ejercer desde el momento en que una persona es detenida o investigada por un posible delito. En esos casos en los que esperemos no estés nunca involucrado, se puede tener que declarar:
Ante la Policía
Cuando una persona es detenida y llevada a dependencias policiales, los agentes están obligados a informarle de sus derechos, entre ellos está el de no declarar. En ese momento, el detenido puede:
- No responder a ninguna pregunta.
- Responder solo a las preguntas que quiera.
- Declarar únicamente ante el juez, no ante la policía.
Ante un juez o fiscal
Una vez que el caso pasa a manos del juzgado, el investigado puede volver a declarar… o mantenerse en silencio. También aquí puede elegir contestar solo a las preguntas de su abogado, o a las del juez, y no a las de la acusación.
Incluso durante el juicio, puede decidir no declarar o cambiar su versión sin que eso implique reconocer ser culpable. Un tribunal no puede condenar a alguien solo porque haya guardado silencio, solo lo hace debido a las pruebas que existan en su contra.
¿Acusado?, ¿testigo?, ¿perjudicado?
Es fundamental aclarar que el derecho a no declarar solo lo tiene quien puede verse perjudicado por su testimonio.
El investigado o acusado
Lo hemos comentado: siempre puede no declarar o no decir la verdad si decide hablar.
El testigo
Este caso es diferente.
Una persona que declara en condición de testigo está obligada a decir la verdad, porque su función es ayudar a esclarecer los hechos. Mentir como testigo puede constituir un delito de falso testimonio.
Qué es el delito de falso testimonio
Cuando un testigo, perito o intérprete miente deliberadamente ante la autoridad judicial o falta a la verdad en su declaración.
Lo encontramos regulado en el Código Penal, y se considera un delito grave porque atenta contra la administración de justicia: impide que los jueces conozcan la verdad y puede llegar a perjudicar a inocentes.
Por eso, mientras el acusado puede callar o incluso no decir toda la verdad, el testigo tiene el deber legal de decirla, y mentir ante el juez tiene consecuencias.
El familiar cercano del acusado
Parientes directos como cónyuge, padre o madre, hijos, hermanos tienen derecho a no declarar contra él, según aparece en la Ley de Enjuiciamiento Criminal.
Esto quiere decir que si te llaman como testigo en un procedimiento en el que está acusado un familiar cercano, no estás obligado a declarar sin que eso tenga consecuencias legales.
Decido no declarar, ¿qué me pasa?
Ejercer el derecho no te perjudica, pero sí puede tener efectos prácticos en tu defensa. Por ejemplo:
Si hay pruebas en tu contra y no das tu versión, el juez solo valorará las pruebas de la acusación, y eso tampoco es muy bueno para ti.
Por otro lado, si cambias de opinión y más adelante decides declarar, tu silencio anterior no se puede usar en tu contra, pero puede afectar la estrategia de defensa o la credibilidad de tu versión.
Por todo eso, la decisión de declarar o no hacerlo debe tomarse siempre con asesoramiento de un abogado, y nunca sin valorar antes qué puede pasar después. Tu abogado va a valorarlo con la información que tiene la acusación y te dará el consejo de si te conviene dar tu versión ahora o esperar a hacerlo cuando se conozcan todos los detalles del procedimiento.
Casos en los que conviene declarar y casos en los que no
No hay una respuesta única. Depende del caso, pero te podemos dar unos ejemplos de cuándo sí y cuándo no, que, como decimos, debes valorarlo siempre junto a tu abogado:
Te conviene NO DECLARAR:
La denuncia es confusa o incompleta.
Falta documentación que te podría favorecer.
Aún no conoces bien la acusación ni las pruebas.
Tu declaración puede ser malinterpretada o usarse en tu contra.
Puede ser útil DECLARAR cuando:
Quieres aclarar hechos que te benefician.
Existen pruebas falsas o tergiversadas.
Tienes testigos o documentos que respaldan tu versión.
El silencio podría dar imagen de desinterés o de ocultar algo, aunque legalmente no se te pueda penalizar por ello, pero
En todo caso, insistimos en esto porque es fundamental, la última palabra debe tenerla tu abogado, quien sabe cuándo y cómo es mejor hablar.
Me han citado a declarar, ….
Vaya, …
Si recibes una citación policial o judicial, no firmes ni declares nada así de primeras. Te recomendamos que:
Consultes con un abogado penalista en cuanto recibas la citación.
No hables del caso ni des explicaciones informales (ni en comisaría, ni a los medios, ni a otras partes implicadas).
Acudas siempre con tu abogado, incluso si es para una simple declaración como investigado.
Decidas con él si declaras o ejerces tu derecho a guardar silencio.
Recuerda: aunque te parezca que “no tienes nada que ocultar”, una palabra malinterpretada puede complicar todo.
En definitiva, si te ves en una situación penal, aunque sea por un asunto menor, mantén la calma y pide ayuda profesional. Un abogado especializado en derecho penal te explicará tus derechos, te acompañará en todo momento y decidirá contigo la mejor estrategia.
El silencio, bien usado, puede ser tu mejor defensa. No se trata de ocultar la verdad, sino de proteger tus derechos hasta que sea el momento adecuado para hablar.