La guía baja ese problema al expediente: primeras versiones, preguntas, reformulaciones y señales de influencia que conviene localizar antes de la vista.
Si en un procedimiento vas a discutir la fiabilidad de una declaración, no empieces por la declaración.
Empieza por las entrevistas.
Es uno de los errores más frecuentes.
Abogados, peritos e incluso tribunales dedican horas a analizar lo que una persona dijo y apenas unos minutos a revisar cómo llegó a decirlo.
Sin embargo, desde una perspectiva forense, la calidad del relato depende muchas veces de la calidad del proceso que lo produjo.
La primera pregunta debería ser muy sencilla:
¿Cuál fue la primera versión realmente espontánea?
No la que aparece en el informe psicológico.
No la que llega al juzgado.
No la que se escucha en el juicio.
La primera.
La más cercana al momento en que la persona decidió verbalizar lo ocurrido.
A partir de ahí conviene reconstruir una cronología.
- Quién escuchó primero.
- Qué preguntó.
- Qué respondió.
- Quién volvió a preguntar después.
- Cuántas entrevistas se realizaron.
- Qué profesionales intervinieron.
- Qué conversaciones familiares existieron entre una exploración y otra.
Sin esa reconstrucción es muy difícil entender por qué un relato evoluciona.
Y todos los relatos evolucionan.
Cuando revises grabaciones o transcripciones, no busques únicamente contradicciones.
Busca influencia.
Son cosas distintas.
Presta atención a las preguntas.
Especialmente a las primeras.
Una entrevista técnicamente sólida suele comenzar permitiendo que el relato aparezca.
Una entrevista problemática suele empezar guiándolo.
Por eso conviene fijarse en algo muy concreto:
¿Las preguntas eran abiertas o ya contenían información?
La diferencia parece pequeña.
No lo es.
Preguntar:
"¿Qué ocurrió?"
No tiene el mismo valor que preguntar:
"¿Te hizo algo?"
Ni que preguntar:
"¿Te tocó?"
Ni que preguntar:
"¿Te dio miedo cuando pasó?"
Cada palabra que introduce el entrevistador puede acabar formando parte del relato.
Y cuanto más vulnerable es el declarante, más importante resulta este análisis.
Hay otro aspecto que merece atención inmediata. La aparición de determinados términos.
Cuando revises declaraciones de menores o personas especialmente influenciables, observa el lenguaje.
Pregúntate:
¿Habla así realmente esta persona?
A veces aparecen expresiones sorprendentemente técnicas.
- Trauma.
- Bloqueo.
- Manipulación.
- Abuso.
- Dependencia emocional.
- Disociación.
- Validación.
No se trata de discutir si esos conceptos son correctos.
Se trata de averiguar cuándo aparecieron y quién los introdujo.
Porque el lenguaje también deja huellas del recorrido que ha seguido una narración.
Si ejerces la defensa, intenta localizar el momento en que el relato cambia.
No cualquier cambio.
Los importantes.
- Cuándo aparece un detalle central que antes no existía.
- Cuándo surge una emoción concreta.
- Cuándo se incorpora una explicación nueva.
- Cuándo un episodio ambiguo pasa a convertirse en una secuencia perfectamente definida.
Una vez localizado ese cambio, busca qué ocurrió antes.
Muchas veces encontrarás una entrevista.
- Una conversación familiar.
- Una intervención terapéutica.
- Una pregunta particularmente dirigida.
No porque eso destruya automáticamente el relato.
Porque ayuda a comprender su evolución.
Hay una cuestión que suele pasarse por alto.
La repetición.
Cada vez que una persona cuenta una experiencia vuelve a organizarla.
- Selecciona detalles.
- Descarta otros.
- Conecta episodios.
- Da sentido a lagunas.
- Construye continuidad.
Después de múltiples entrevistas, exploraciones y conversaciones, algunos relatos ganan coherencia.
La pregunta relevante es cómo la han ganado.
Si ejerces la acusación, conviene anticipar esta línea de ataque desde el principio.
No basta con afirmar que el relato ha sido constante.
Hay que demostrar cómo se obtuvo.
- Qué metodología se utilizó.
- Qué controles existieron frente a la sugestión.
- Qué partes aparecieron espontáneamente.
- Qué elementos permanecen estables desde las primeras verbalizaciones.
- Qué cambios son secundarios y cuáles afectan realmente al núcleo del hecho investigado.
Cuanto mejor documentada esté la cadena de obtención del relato, menos espacio habrá para discutir contaminación.
Antes de terminar la revisión del expediente, hay una comprobación especialmente útil.
Busca las grabaciones.
Siempre que existan.
Las transcripciones ayudan.
Las grabaciones enseñan.
En una grabación pueden verse pausas, silencios, reformulaciones, gestos de aprobación, insistencias y pequeñas correcciones que nunca aparecen reflejadas en el papel.
Algunas contaminaciones no se leen.
Se observan.
Y a veces bastan unos segundos para entender por qué una declaración terminó teniendo una forma determinada.
Si finalmente solicitas una pericial, intenta que el objeto sea concreto.
No pidas que el perito determine si alguien dice la verdad.
Pide que analice:
- calidad de las entrevistas,
- presencia de sugestión,
- evolución narrativa,
- influencia de terceros,
- aparición de elementos centrales,
- consistencia espontánea y consistencia adquirida.
Es un terreno mucho más sólido.
La cuestión de fondo suele ser bastante más sencilla de lo que parece.
Cuando una declaración llega a juicio, rara vez llega sola.
Llega acompañada de conversaciones, entrevistas, reacciones familiares, informes, terapeutas, profesionales y años de procedimiento.
El trabajo del abogado consiste en averiguar cuánto hay del relato original y cuánto pertenece al recorrido que ha seguido hasta llegar a la sala.