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Comprar una vivienda suele ser la mayor inversión que hacemos a lo largo de nuestra vida.

Es el lugar donde vamos a vivir, formar una familia, empezar de cero o construir un nuevo proyecto personal. Por eso es comprensible la frustración que aparece cuando, tras firmar la compraventa, empezamos a detectar defectos importantes que no habíamos visto antes y que dificultan, o incluso impiden, el uso normal de la vivienda.

No son pocos los clientes que llegan a nuestro bufete con esa sensación de haberse encontrado en su hogar con algo que no esperaban y que no saben cómo solucionar, o, ni siquiera, si son ellos quienes deben hacerlo.

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