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La fatiga que Byung-Chul Han describe en La Sociedad del Cansancio no es el mero agotamiento físico, sino un estado existencial y neuronal que afecta a la capacidad negativa del sujeto. Es el agotamiento del demasiado , la extenuación provocada por la autoexigencia de transparencia y rendimiento impecable en la Sociedad de la Positividad.

Como gerente de riesgos, mi sensibilidad profesional capta esta dinámica: la hiper-regulación del Compliance nos empuja a un estado de hipervigilancia y auto optimización sin descanso. Estamos obligados a ser perfectamente trazables.

Byung-Chul declara que la fatiga profunda es la que paraliza la capacidad de decir No, de interrumpir el flujo constante de trabajo y control. Ahora bien, el l ser ético, para serlo, requiere distancia, pausa y el coraje de la resistencia (la negatividad). El Compliance ético verdadero exige la capacidad de cuestionar la norma o detener una operación riesgosa

Pero el sujeto fatigado está encerrado en sí mismo, luchando con su propia auto explotación. Le queda muy poca energía psíquica para la lucha dialéctica con el sistema o para la resistencia moral que podría poner en peligro su rendimiento.

 

La conexión entre esta fatiga y la normalización de conductas anómalas es el núcleo de mi reflexión. Cuando el sujeto se agota por el esfuerzo constante de ser impecable y perfectamente conforme a la norma, el umbral de lo que se considera aceptable o transitable comienza a descender peligrosamente.

La fatiga produce un déficit atencional y una indiferencia pasiva ante lo que no es esencial para la supervivencia inmediata: De allí que la extenuación impide la lectura densa de la realidad. El profesional fatigado realiza su revisión de screening, diligenciamiento de formularios KYC) de manera procedimental, pero ha perdido la capacidad de la sospecha cualitativa o el juicio moral matizado. El objetivo se reduce a cumplir con el checklist, no a comprender el riesgo ético. 

Por tanto, la agonía de la positividad lleva a una normalización gradual de las micro fallas. "No hay tiempo para revisar esto a fondo", "Es solo una excepción menor", "Todos lo hacen así para agilizar". Las pequeñas desviaciones (lo incorrecto menor) se convierten en el costo operativo aceptado para mantener el ritmo del rendimiento. Y es así donde la opacidad emerge no como resistencia, sino como un acto de autopreservación del sujeto agotado, que necesita saltarse un paso o ignorar una bandera roja para poder seguir rindiendo.

Por tanto, lo incorrecto ya no provoca escándalo, sino indiferencia y resignación. La conciencia de la imposibilidad de la perfección tras haberla perseguido fanáticamente conduce a la aceptación pasiva del error como parte inevitable del pathos del sistema. La anomalía se naturaliza porque el sujeto está demasiado cansado para levantar la voz, denunciar o exigir una corrección profunda y estructural. La agonía es el silencio que permite que para muchos el Compliance no sea entendido

Llegamos al punto central: ¿Por qué le interesa a la sociedad, o más precisamente, al sistema de rendimiento y control, que estemos en este estado de languidez y fatiga?

La respuesta, desde la filosofía de Byung-Chul, es profundamente paradójica: la fatiga del rendimiento es más funcional al sistema que la rabia de la resistencia. Un sujeto agotado no tiene la energía para la reflexión filosófica, la crítica política o la resistencia organizada. Está demasiado ocupado con su propia supervivencia y rendimiento. El cansancio es una forma de control político en la Sociedad del Rendimiento: mantiene al sujeto ocupado en sí mismo.

A tenor de ello, la autoexigencia de transparencia y Compliance genera un miedo constante a la sanción, que el sujeto internaliza. Al estar agotado, el individuo se enfoca en pequeñas tareas de Compliance (los checks inmediatos) para mitigar su ansiedad, lo que se traduce en hiperactividad superficial y bajo rendimiento de la reflexión crítica, pues la energía se gasta en la defensa pasiva en lugar de en la reforma activa del sistema.

. El Compliance hipertrofiado, aunque fatigante, actúa como un sedante sistémico: ofrece la ilusión de control y la promesa de la justicia procedimental. El sujeto se siente responsable (culpable de su propia falla, si ocurre) pero a la vez liberado de la tarea de la crítica estructural, pues el sistema aparentemente está ocupado en corregirse a sí mismo.

En consumación, la extenuación por la autoexigencia de transparencia y rendimiento impecable nos condena a una indiferencia operativa. El cansancio nos lleva a normalizar las conductas anómalas porque es menos costoso energéticamente aceptarlas que combatirlas. El sistema, sutilmente, prefiere nuestra languidez porque un sujeto extenuado es un sujeto conforme y no dialéctico, incapaz del gran No que podría interrumpir la maquinaria de la positividad.

Mi labor, imbuida de este sentimiento filosófico, debe ser una constante micro resistencia. Introducir pausas de reflexión y espacios de opacidad necesaria en los procedimientos, defendiendo la energía ética del equipo. Debemos luchar contra la tentación de la agonía normalizada y recuperar la capacidad de sentir