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Es posible que hayas escuchado que «Las personas somos una unidad, somos el mismo individuo en diferentes ámbitos de nuestra vida.»

Lo que se quiere significar, al decir que una persona tiene unidad de vida, es que es dicha persona es la misma dentro y fuera de su trabajo y que los valores morales y éticos que vive son los que lleva como ciudadano, padre de familia, amigo, deportista, artista, etc.

Dicho, en otros términos, tal vez más simples, hay consenso respecto a considerar que la persona ha de ser coherente y en ella deben coexistir las dos facetas, es decir, la personal (ámbito privado) y su profesión (ámbito público). Así una buena persona es aquella que su comportamiento público y privado es coherente y digno de confianza.

Aquí es donde entran en juego una serie de elementos que no podemos obviar y que ya he anticipado. Me refiero a los principios morales y la ética del ejercicio profesional —de la profesión que se quiera poner, por ejemplo—, pues sin sujeción a normas morales y éticas las personas se convierten en simples técnicos, o peor aún, en mercenarios de su profesión. 

Por ejemplo, Jorge Malem, reconocido profesor de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona dice que: «No es de extrañar que popularmente, en los corrillos judiciales, se suela decir que para ser un buen juez es necesario ser una buena persona y, si sabe derecho, tanto mejor».

Esto no solamente se aplica en el ámbito jurisdiccional, sino que es válido para todas las profesiones y aún más, se aplica a todas las personas que en su vida diaria deben conjugar principios éticos fundamentales como lo son: integridad y prudencia, con principios morales.

Las buenas personas que además son profesionales conocen muy bien las normas éticas de su profesión, porque es así como evitan caer en el fomento de la apariencia de integridad y la aseguran.

Me permito afirmar que existe una relación directa entre las buenas personas y los buenos profesionales. Tomo como punto de partida las investigaciones del neurocientífico, y autor de la teoría de las inteligencias múltiples, Howard Gardner, quien afirmó que: «Una mala persona no llega nunca a ser un buen profesional», «Tal vez tengan pericia técnica, pero no son excelentes.»

Gardner justificó sus afirmaciones explicando, tal y como vengo diciendo, que no se puede ser un excelente profesional «[..] porque no alcanzas la excelencia si no vas más allá de satisfacer tu ego, tu ambición o tu avaricia. Si no te comprometes, por tanto, con objetivos que van más allá de tus necesidades para servir las de todos. Y eso exige ética.»

En lo personal tengo muy clara la relación directa que hay entre ser buena persona y ser un buen profesional, y es evidente que para que esa asociación se dé es necesario que la persona lleve a la práctica tanto los principios morales y como los éticos.

Lo preocupante es confirmar que las generaciones jóvenes crean que no van a triunfar sin «pisotear» a los demás. Ven a la ética como el lujo de quienes ya han logrado el éxito — económico o material—.

Lo que me lleva a la siguiente pregunta: «Las buenas personas nacen o se hacen»… ya sabes, la respuesta la próxima semana.

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Comentarios

  1. Franco Conforti

    Muchas gracias por tu comentario Patricio. La idea es exactaemnte esa. Un cordial saludo.

  2. Patricio Marcelo Gandulfo

    Que importante es difundir "buenas noticias" de "buenas personas" en una época en que lo masivo son historias de violencia e individualismo...de esta forma nos acercamos a vínculos comunitarios mas sanos. No es que no existan, claro que si, pero precisan dejar de ser invisibilizadas! Y para esto esta #BuenasPersonas

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