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Un hecho curioso acerca de la creatividad es que todos nacemos con ella. Todos, por tanto, pode-mos desarrollarla y usarla a nuestro favor. Lo contrario de lo que ocurre con otras habilidades o herramientas, que se adquieren o no se adquieren, pero que no necesariamente nos vienen dadas ‘de serie’. Entonces ¿por qué no re-aprender a utilizar el pensamiento creativo en nuestro día a día, y también en nuestra profesión? ¿Qué puede aportar la creatividad a nuestra vida laboral y cómo puede mejorar la calidad de nuestro trabajo y nuestra satisfacción personal? Lejos de lo que pudiera pensarse, aplicar métodos creativos es posible en absolutamente cualquier área de trabajo, incluida, por supuesto, la abogacía

El propio concepto de creatividad nos abre la puerta a infinitas posibilidades y amplía nuestro espectro de mirada tanto como nosotros queramos abrirlo. Crear, por definición, consiste en “producir algo de la nada”, una idea que se traduce en la posibilidad (más o menos tangible, pero nunca imposible) de dar vida, real o teóricamente, a cualquier tipo de idea.

La creatividad consiste, por tanto, en la facultad de inventar y abrir nuevos caminos o posibilidades. Una primera aproximación a este concepto nos lleva a comprender que en ella reside nuestro progreso, por encima de ningún otro factor: los grandes y pequeños avances de la humanidad se basan en la idea de que no está todo hecho y, por tanto, siempre existe un nuevo margen para la evolución, el cambio, la apertura. Y lo mejor es que este proceso es infinito: cada camino abierto nos lleva a un nuevo lugar desconocido que, a su vez, podrá dividirse en tantos caminos como queramos.

Las posibles aportaciones del pensamiento creativo al mundo de la abogacía son múltiples: desde la exploración de nuevas líneas de negocio, hasta el diseño de argumentos o vías novedosas sobre el papel, pasando la forma de tratar a nuestros clientes, el uso del tiempo de trabajo, el diseño de estrategias comunicativas o de captación, la configuración de las actividades internas y la comunicación entre trabajadores, la estética y distribución de nuestras oficinas, el sistema de jerarquía interno, el desarrollo de actividades paralelas tanto para empleados como para clientes…

Es cierto que en el sector legal se trabaja con no pocos corsés de los que es imposible librarse, pero ello no significa que no exista margen de actuación. De hecho, abrazar el pensamiento creativo puede marcar la diferencia precisamente porque no todo abogado está dispuesto a introducir este tipo de técnicas en su rutina. En muchos sentidos, la creatividad se convierte en modernidad y vanguardia, en frescura y maleabilidad. En factores, en definitiva, que el cliente final suele valorar muy positivamente.

Algunas claves para ser un abogado creativo

Crear un listado de consejos para ser un abogado creativo es, de por sí, una idea limitante. Sin embargo, en este artículo hemos querido compartir algunos de los criterios que utilizamos en nuestro día a día para que la creatividad sea parte de nuestra cultura profesional y del desarrollo de las estrategias de comunicación legal con nuestros clientes. No siempre es fácil: existen etapas en las que la carga de trabajo nos supera y el espacio para el vacío y el pensamiento libre se reducen. También influye nuestro estado de ánimo, nuestra energía (o falta de ella), nuestras circunstancias personales… Pero jamás debemos perder de vista la necesidad de volver a ese lugar para seguir creciendo como profesionales, ayudar a crecer a los que nos rodean y, sobre todo, seguir creciendo como personas.

1. Lee todo lo que puedas y más

No por obvio deja de ser importante recordarlo: leer es probablemente la forma más rápida y sencilla de viajar, de explorar nuevas ideas, de introducir nuevas lógicas y de conocer nuevos datos. Leer nos abre la mente, nos estimula y nos hace ver las cosas desde otra perspectiva. Cuanto más exploremos, más ideas rondarán en nuestra cabeza y más capaces seremos de conectarlas y crear nuevas formas de pensamiento. Todo nuevo conocimiento nos lleva a abrir caminos desconocidos en nuestra mente, a experimentar sensaciones nuevas… E incluso aunque en este momento no seas capaz de saber qué uso darás a lo aprendido, ten por seguro que te será de utilidad en algún momento de tu vida.

2. Explora otros campos

Está claro que siempre habrá temas que nos interesen más que otros, pero limitarse a un ámbito de conocimiento muy concreto limita nuestro campo de conocimiento y nos empobrece. Por eso es bueno ‘incomodarnos’ un poco y atrevernos a explorar aquello que se sale de nuestra específica óptica. Una visión humanista y abierta de la vida sacude nuestra mente y nos ayuda a aplicar conocimientos de otras disciplinas a la nuestra propia, cuestionando los cimientos de nuestra forma de entender la profesión de la abogacía (y nuestra propia existencia).

3. Introduce el pensamiento creativo en cada cosa que hagas

Una de la claves del pensamiento creativo pasa por poner en duda cualquier ‘verdad’ y, por tanto, permitirnos creer en la posibilidad de que todo lo que nos rodea podría ser distinto. Cuestionar nuestra forma de ver, ser conscientes de que lo real es un concepto relativo, estar dispuestos a analizar lo que nos rodea desde una perspectiva crítica y deconstructiva… nos aporta luz, humildad y apertura mental. Por eso es positivo intentar cuestionárselo todo como vía para mejorar lo que nos rodea, también en nuestra profesión. Rara vez existe una única manera de hacer las cosas, y llegar a plantearnos las opciones más locas nos ayudará a encontrar vías novedosas y verdaderamente personales de las que estar orgullosos.

4. Introduce el descanso en tu rutina

No siempre es posible, pero el descanso debería ser una parte importante de nuestro día a día. Y no nos referimos al hecho de estar fuera de la oficina, sino al ejercicio de desconectar, de dejar la mente en blanco, reflexionar, observar… no hacer nada. Muchos artistas coinciden en que las mejores ideas les llegan mientras duermen y, en general, parece que los procesos creativos no casan bien con el hecho de vivir de la forma frenética en que solemos hacerlo. Si mantenemos nuestra mente ocupada de forma permanente con conflictos mecánicos será muy difícil que nuestras ideas creativas respiren y se asienten hasta aflorar. Por eso, siempre que puedas, apaga tu móvil, tu tablet, tu ordenador… domina la ansiedad de tu día a día y simplemente escúchate.

5. Acostúmbrate a anotar tus ideas

¿Cuántas veces se nos ocurre una genial idea en una reunión con amigos, o nada más levantarnos, o mientras dormimos… y la perdemos para siempre por no haberla anotado a tiempo? Esta circunstancia se repite muchísimo y, sin embargo, la solución es muy sencilla: regístrala tan pronto como aparezca. Ya sea en un cuaderno que mantengas en tu mesita de noche, en tu ordenador, en tu móvil, en un trozo de papel… Anótalo todo, incluso aunque parezca descabellado: muchas ideas necesitan ser pulidas para funcionar; otras son la llave que da paso a otras ideas que sí encajan a la perfección con lo que buscas (o con lo que encontrarás sin estar buscando). Además, releerlas de vez en cuando es un buen ejercicio para ‘tirar del hilo’ y ver hasta dónde nos pueden llevar estas ideas. Otra práctica maravillosa es anotar aquellas reflexiones que leas o escuches y que te resulten especialmente inspiradoras, de forma que te sea sencillo acudir de nuevo a la fuente original. Estarás creando un mapa de pistas hacia algún lugar que aún desconoces.

6. Cuídate

Todo está conectado y cuando nos encontramos bien, nuestros pensamientos también fluyen mucho mejor. Hacer deporte, meditar, leer, pasear, evitar compañías que nos resten energía, compartir momentos de calidad con quienes nos rodean y mantener charlas estimulantes… Todos estos factores (y los que influyan en la felicidad de cada cual) sin duda te ayudarán a impulsar un pensamiento más creativo. No hay nada más satisfactorio que el momento en que todas las pistas que se te han ido dando en diferentes contextos y de diferentes formas se transforman en un puzzle acabado con el que dar vida a un nuevo proyecto.

7. Abre la puerta al azar

Decía Julio Cortázar que el azar hace las cosas mucho mejor que la lógica. Y nosotros estamos de acuerdo. Las intuiciones, el dejarse llevar, el seguir nuestros instintos restando peso a la razón… son otras formas en que la vida nos lleva hacia nuevos caminos y fuentes de conocimiento. A veces es bueno dejar un poco de lado lo racional, sacudirnos, exponernos a nuevas situaciones y personas, abrazar el cambio… y ver qué sucede. Seguro que el resultado te llevará a conocerte mejor y a manejar de mejor forma tus herramientas creativas y de crecimiento personal, algo de lo que, seguro, se beneficiará también tu vida profesional.

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