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La sociedad está cambiando y, cada día, más hombres están dispuestos a compartir el cuidado de la familia, lo que está permitiendo a sus parejas integrarse en el mercado laboral sin cortapisas. Por ello, la desigualdad salarial entre hombres y mujeres está cada día menos justificada. 

Según mi experiencia las leyes van siempre por detrás de la realidad social. Las leyes se crean o se modifican para regular lo que la sociedad demanda con insistencia. Como ejemplo, la reciente ampliación del permiso por paternidad (aun siendo todavía insuficiente, bajo mi punto de vista).                       

El 21 de febrero de 2017, el Congreso de los Diputados acordó por unanimidad instar al gobierno a que reduzca la desigualdad salarial entre hombre y mujeres, para lo que reclama que en el plazo de seis meses se elabore una Ley de Igualdad Salarial. La sociedad no está dispuesta a seguir mirando para otro lado, mientras las mujeres, por el único hecho de serlo, por el mismo trabajo cobran menos que los hombres.

No hace tantos años, los roles sociales parecían estar bien delimitados: el hombre estaba obligado a mantener económicamente a su familia y la mujer a cuidarla. La sociedad rechazaba que el varón quisiera conciliar su vida familiar y laboral, ya que podría mermar sus posibilidades de proveer a su familia de unas mejores condiciones de vida. Asimismo, aun aceptando la incorporación de la mujer al mercado laboral, se pensaba que ello debería hacerse de modo que permitiera a la mujer compaginarlo con su obligación principal: el cuidado de su familia. Como corolario de esta concepción social, se asumía socialmente que, si la prioridad era su trabajo, los hombres deberían formarse más y mejor y, en consecuencia, ganar más que las mujeres, cuya formación y trabajo estaba siempre en segundo lugar, después de su familia.

Sin embargo, la sociedad avanza. El modelo tradicional de familia ha cambiado: no todas las personas quieren o pueden formar una familia y tener hijos, no todos los varones ni todas las mujeres aceptan ejercer los antiguos roles. Cada vez son más los hombres que se corresponsabilizan con sus mujeres del cuidado de sus hijos, y también son más las mujeres que se incorporan al mercado laboral en condiciones de formación y de disponibilidad, equiparables a las de los hombres. A pesar de ello, las estadísticas indican que las mujeres siguen cobrando menos que los hombres.

Esperemos pues que, finalmente, vea la luz la Ley de Igualdad Salarial. Una ley ambiciosa que recoja mecanismos efectivos para ir reduciendo la brecha salarial. La sociedad espera que la legislación se perfeccione y avance, para hacer posible de forma efectiva las disposiciones sobre la igualdad salarial recogidas en diversos apartados de nuestra Constitución.

 




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