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Valladolid, 21 sep (EFE).- Medio centenar de juezas de las 254 que trabajaban en Afganistán hasta la llegada al poder de los talibanes, en agosto de 2021, esperan ocultas en pisos francos que cambian cada dos o tres semanas para escapar del país, ha informado este jueves la magistrada del Tribunal de Justicia de Canarias y miembro del comité internacional para liberar a estas mujeres, Gloria Poyatos.

Antes de la inauguración en Valladolid del VI Congreso de la Asociación de Mujeres Juezas de España (AMJE), Poyatos ha explicado que cuando los talibanes entraron en Kabul un grupo de ocho juezas colocadas estratégicamente en distintos lugares del mundo, desde Nueva Zelanda a Estados Unidos pasando por España, utilizaron sus contactos para "obtener visados de protección internacional expedidos por distintos países del mundo y llevarlas a países democráticos".

Una vez en los estados de acogida, a través de las asociaciones de juezas nacionales, más de 60, estas mujeres afganas reciben apoyo para su manutención y la de sus allegados, porque "las mujeres no se van sin la familia", aunque desde el comité internacional de asistencia también buscan ofrecer medios para las mujeres que no han podido abandonar Afganistán.

Un régimen, el de los talibanes, en el que se las mujeres "son poco más que muebles", en el que se han recuperado castigos físicos como la latigación o que ha dictado "dictado un decreto por el que las mujeres que en los últimos años se divorciaron y se volvieron a casar están en concubinato o adulterio, con tremendos castigos, prisión y tortura".

Poyatos también ha incidido en que las juezas que continúan en el país asiático "viven con el terrible miedo de ser detectadas desde que salen y llegan a la frontera, de ser castigadas o allí mismo asesinadas" y ha puesto como ejemplo de la "saña" con la que actúan los talibanes las imágenes de los registros de las viviendas una vez que las han abandonado.

"Tenemos vídeos de los talibanes entrando en sus casas cuando las hemos desalojado, entran con saña disparando las metralletas y, en el caso de una de ellas, dispararon a la cabeza del perro con rabia, porque era lo único que dejaron en la casa", ha asegurado.

La magistrada ha explicado que la causa de esta "saña" se encuentran en que estas juezas "se atrevieron a juzgar a los hombres y el talibán teme mucho que las mujeres se levanten", para apuntar que "castigarlas a ellas, es aleccionar al resto de la población femenina".




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