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Este es el primero de una serie de artículos con los pretendemos analizar los retos más importantes a los que está haciendo frente la abogacía española en estos momentos. La elección de los ataques a la reputación del abogado por clientes descontentos como tema del primero, no es casualidad, sino consecuencia de nuestra convicción de es éste uno de los problemas a los que cada vez más profesionales tendrán que aprender a dar respuesta.

Los ataques a la reputación no son algo nuevo. Siempre ha habido clientes descontentos y algunos de ellos, deciden no incluso actuar con un fin claro: dañar a uno de los pilares fundamentales sobre los que se construye la carrera de un abogado: su reputación. Lo que sí es nuevo, es cómo se llevan hoy esos ataques, el impacto duradero y terrible que pueden tener y los mecanismos de prevención y defensa que el abogado prudente debería comprender e implantar. 


Es indudable que la abogacía es una profesión de alto riesgo. Desgraciadamente, no son tan excepcionales los casos de abogados y asesores que sufren durante su carrera profesional algún tipo de ataque físico, en muchas ocasiones fundamentado simplemente en el descontento por el servicio prestado. Hay algunos ejemplos recientes que no merece la pena ni mencionar.  Todos ellos, sucesos demoledores, que nos han conmovido y que han hecho temblar algunos de los cimientos de nuestra profesión. Pero los que empiezan a convertirse cada vez en más habituales, son los ataques a la reputación profesional y/o personal del abogado, basada en hechos reales o inventados y que tienen siempre consecuencias muy dañinas para los profesionales que los sufren. Y si no, que se lo digan a esos letrados que en algún momento de su carrera profesional se han encontrado con un cliente descontento o con un amigo o pareja sin mucho escrúpulo y mucha ira, que deciden actuar de forma vengativa, realizando una campaña de descrédito contra su reputación del profesional. 

Antes de existir Internet, cuando esto ocurría, los efectos eran obviamente malos, pero la onda expansiva normalmente podía ser controlable y sobre todo, no había “memoria histórica”, como la que la red ofrece hoy.

Las técnicas utilizadas

Este tipo de acciones se articulan muchas veces a través de auténticas campañas de marketing del insulto y del desprestigio, apoyadas sobre la base de páginas webs construidas con conocimientos en técnicas de SEO de primer nivel, dirigidas a lograr que por encima de la página web del abogado o de su despacho aparezca una, en la que se habla de su falta de diligencia, de sus errores profesionales o se facilitan otras informaciones que ponen en entredicho su profesionalidad.

Nosotros hemos asesorado en estos pasados años en casos en los que se han realizado verdaderas campañas, con inversión económica y en las que se han utilizado herramientas como páginas web albergadas bajo nombres de dominio relacionados con algún tipo de ilícito civil, penal, administrativo y en las que se cita al abogado en numerosas ocasiones con la finalidad de asociar su nombre con el citado delito y lograr así que cuando se haga una búsqueda en el motor, el resultado que se devuelva a quien busca la información permita asociar el nombre del abogado al ilícito en cuestión. También hemos visto casos en los que se vincula el término de búsqueda “error o negligencia profesional de abogado” con el nombre de un letrado en concreto.

También hemos sido testigos de la utilización de páginas en Facebook donde se pueden dejar comentarios negativos desacreditando tanto en lo personal, como en lo profesional al abogado en cuestión. El poder de estas opiniones es muy importante, ya que para muchos usuarios son definitivos a la hora de contactar con un profesional.

Hemos visto también campañas articuladas a través de la redacción de contenidos en blogs y de comentarios sobre los abogados en foros de opinión.

Casos reales

En los últimos años nos han consultado varios abogados con problemas de este tipo. Haciendo memoria recordamos los siguientes ejemplos, en los que obviamente no revelaremos datos personales por motivos de confidencialidad:  

  • Un abogado que se enfrentaba al hecho de que en la primera página que devolvía Google al incluir su nombre o el de su firma, aparecía un resultado donde se habla de él y de su trabajo, de manera despectiva. Se contaba un caso, supuestamente real, pero con datos suministrados de forma absolutamente parcial con el objetivo de acreditar una versión de los hechos manipulada y dirigida a insinuar una mala praxis.
  • Abogado acusado de plagio: el profesional en cuestión era acusado de un plagio por alguien que había colaborado con él en la redacción de una obra.  Y al incluir en el buscador de Google su nombre, la segunda búsqueda sugerida por éste, era el nombre del abogado, seguido de la palabra plagio. En este caso el reto era lograr que desaparecieran de las sugerencias de Google la sugerida en segundo lugar, el nombre del abogado + la palabra “plagio”.
  • En un tercer caso, una abogada era insultada en diferentes redes sociales por su expareja despechada.

Uno de los casos más recientes, es el que afecta a la letrada Virginia López Negrete, abogada de Manos Limpias en el juicio por el caso Nóos, que ha denunciado en diferentes medios ser víctima de una campaña de desprestigio y que nos sirve para ilustrar como se producen hoy este tipo de ataques. Sitio web con el título “afectados por Virginia López Negrete” (ver sitio) contra el que según informaba en su día Confilegal, la letrada presentó una querella (ver noticia).

Consecuencias de los ataques reputacionales

Uno de los problemas que debe afrontar el abogado ante este tipo de ataques viene derivado del hecho de que conforme con lo establecido en el artículo 437.2 de la Ley Orgánica del Poder Judicial y tal y como recuerda el artículo 32.1. del EGA, los abogados deberán guardar secreto de todos los hechos o noticias que conozcan por razón de cualquiera de las modalidades de su actuación profesional, no pudiendo ser obligados a declarar sobre los mismo”. Deber que viene reforzado por lo que recoge el artículo 25.2.a del EGA que especifica el abogado no puede “Revelar directa o indirectamente hechos, datos o situaciones amparados por el secreto profesional”.

Además, el abogado tiene la obligación, en relación con sus defendidos, de cumplir su misión “…con el máximo celo y diligencia y guardando el secreto profesional” (art. 42.1 EGA) y realizar “diligentemente las actividades profesionales que le imponga la defensa del asunto encomendado, ateniéndose a las exigencias técnicas, deontológicas y éticas adecuadas a la tutela jurídica de dicho asunto y pudiendo auxiliarse de sus colaboradores y otros compañeros, quienes actuarán bajo su responsabilidad” (art 42.2. EGA).

Por otra parte, respecto del trato del abogado con la parte contraria, el EGA en su artículo 43, obliga al abogado a que sea “considerado y cortés, así como la abstención u omisión de cualquier acto que determine una lesión injusta para la misma”.

A la vista de todos los anteriores preceptos, puede afirmarse que el abogado estará siempre en situación de “desigualdad” ante un ataque a su reputación, puesto que, deontológicamente, tiene que guardar deber de secreto y ser considerado y cortes. Es decir, que de alguna forma está atado de pies y manos o al menos maniatado.

¿Cómo proceder en estos casos?

Es indudable que ante este tipo de situaciones, el desgaste emocional y físico que sufre el abogado, es enorme y, en ocasiones, puede desencadenar incluso en la decisión de abandonar la profesión. Por ello, en nuestra experiencia, hay que actuar de forma profesional ante estas circunstancias y suele ser conveniente dejarse aconsejar por un tercero que no sólo sepa de leyes, sino y sobre todo, de comunicación de crisis. En nuestra experiencia los pasos a seguir son:

Diagnóstico del problema

Antes de actuar es importante entender la situación. Deben identificarse a los autores, evaluar el tipo de acciones que se están llevando a cabo para atacar la reputación del abogado y el impacto que están teniendo. En ocasiones es posible que no pueda identificarse al autor o autores de las acciones, pues muy a menudo actúan de forma anónima, es decir como “Trolls”.

A la hora de medir el impacto es importante tener en cuenta no sólo el daño causado, sino el lucro cesante (hay que dedicar muchas horas a combatir este tipo de crisis, que no podrán dedicarse a sacar adelante asuntos). Además, hay que pensar en el después, me gusta decir que la confianza es “una bola de cristal” y ya se sabe, si el cristal se rompe, el daño siempre queda. Así las cosas, una vez superada la crisis habrá que trabajar mucho hasta conseguir recuperar la reputación y en muchos casos, esto no llega a ser posible. En suma, la medición del daño debe contemplar también el coste de la recuperación de la reputación perdida.

Consulta si tu póliza de responsabilidad civil cubre este tipo de siniestros

Es importante analizar si tu póliza te cubre ante este tipo de situaciones. Es muy posible que vayas a necesitar el asesoramiento de un abogado penalista o civilista, especializado en la defensa del derecho al honor y quizás, como hemos aconsejado antes, la de un experto en comunicación. Si tu seguro cubre esto, estarás de suerte.   

Elaboración de plan de acción

A continuación, deberías elaborar un plan de acción, que en nuestra experiencia tiene que contemplar medidas de tres tipos:  jurídicas, organizativas, de comunicación.

En relación con las medidas jurídicas, recientemente informaba de que se acaba de presentar una iniciativa legislativa dirigida a actualizar la Ley que regula el derecho al honor, la intimidad y a la propia imagen, con la finalidad de proteger de forma más efectiva estos derechos fundamentales, ante los usos ilícitos que pueden hacerse a través de Internet y las redes sociales.

Además, los abogados deberíamos ser capaces de entender lo básico sobre los delitos de calumnia, injurias, etc.  y saber cómo actuar en caso de sufrir un ataque (generando pruebas de los delitos cometidos en las redes contra ellos, por ejemplo). Comprender el alcance del derecho al olvido y de otros mecanismos que podemos utilizar para proteger nuestro honor frente a los ataques injustificados de terceros.

En relación con las medidas organizativas, el abogado debe haber previsto lo necesario para que su organización pueda responder ante una crisis de este tipo. Dentro de este tipo de medidas, cabe destacar las informáticas, las de personal y las que se refieren a la seguridad física.

Finalmente, la comunicación es una de las principales herramientas que tendrá el abogado para defenderse y podrá hacerlo apoyándose de expertos en esta disciplina, trazando un plan de comunicación y llevándolo a la práctica.

La prevención: una estrategia que mitiga los daños

¿Es posible prevenir situaciones como éstas? Obviamente la respuesta es que no, pues no dependen de nuestra voluntad, sino de terceras personas que no podemos controlar.  Sin embargo, si bien hay personas que piensan que es mejor ignorar las malas críticas, sobre todo en Internet, para no ensalzarse en una discusión que quede registrada en la red; otros optan por atender y gestionar de la mejor forma posible en las propias redes sociales los mensajes negativos que se vierten sobre su persona. La monitorización de los que sobre nosotros se dice nos ayudará como mínimo a ser los primeros en enterarnos, lo que nos permitirá ganar tiempo para trazar nuestra respuesta y mitigar en la medida de los posible, los daños reputacionales. Además de monitorizar, conviene tener un plan que establezca ya los pasos a dar: responsabilidades, etc. en caso de producirse una crisis.

Una propuesta de nuevos servicios para los Colegios de Abogados: servicio de defensa de la reputación  

Una cuestión que nos parece interesante es la del rol que los Colegios de Abogados deben ejercer en relación con sus colegiados cuando éstos ven atacada su reputación. El artículo 3.1. del Estatuto General de la Abogacía Española establece que son fines esenciales de los Colegios de Abogados, en sus respectivos ámbitos,”...la defensa de los derechos e intereses profesionales de los colegiados”. Es decir, que el Estatuto otorga un rol activo en este campo a los colegios. 

Por su parte, el artículo 4.1. d) asigna como funciones a los Colegios las de “Organizar y gestionar los servicios de asistencia jurídica gratuita y cuantos otros de asistencia y orientación jurídica puedan estatutariamente crearse” así como en el apartado h) la de “Ordenar la actividad profesional de los colegiados, velando por la formación, la ética y la dignidad profesionales y por el respeto debido a los derechos de los particulares” y en el i) les otorga el poder de “Organizar y promover actividades y servicios comunes de interés para los colegiados, de carácter profesional, formativo, cultural, asistencial, de previsión y otros análogos, incluido el aseguramiento obligatorio de la responsabilidad civil profesional cuando legalmente se establezca”.

De la lectura de estos preceptos se deriva de forma clara, la legitimidad de los colegios para ofrecer servicios de apoyo al colegiado cuya reputación se vea amenazada y en esta línea, pensamos que sería interesante la creación de un servicio de defensa de la reputación que podría integrar todos o algunos de estas acciones:   

  1. Gabinete de crisis: Lo que supondría la creación de un servicio de orientación al colegiado que sufre un ataque reputacional.
  2. Ampliación de la cobertura de los seguros de RSC a los ataques reputacionales y que cubra las necesidades de asesoramiento que surgen ante este tipo de situaciones, como el jurídico y de comunicación.
  3. Seguir promoviendo las figuras de la mediación y el arbitraje de forma activa para solucionar los conflictos que surgen entre clientes y colegiados. El acercamiento de los Colegios a los ciudadanos ayudará a que éstos los sientan como instituciones capacitadas para solucionar esos conflictos y acudan a ellas, en lugar de a las redes sociales, en búsqueda de soluciones. Este año se ha realizado una interesante campaña por el Colegio de Abogados de Madrid dirigida a fomentar entre la ciudadanía la imagen de la abogacía preventiva, quizás ahora toca hacer la campaña de imagen de la función social del abogado.
  4. Y por supuesto, pueden incluir en sus programas de formación dedicados a que los colegiados sean capaces de gestionar cualquier crisis que afecte a su reputación. Hace tiempo que comencé a pensar que no basta con dominar la lex artis, también hay que dominar la tech artis. Hoy el abogado tiene que ser digital, entender de herramientas (hardware) y de las instrucciones que permiten aprovecharlas (software). Ya no puede es posible seguir huyendo de las redes sociales, a riesgo de quedarse atrapado en ellas, sin ni siquiera haberse dado cuenta de que se había caído en ellas.
  5. Finalmente, creemos que podría ser interesante generar información sobre cómo actuar en caso de sufrir un ataque reputacional y para ello, podrían editarse folletos, espacios en las páginas web, etc.  En esta línea es interesante la campaña que realizó hace algunos meses, el Colegio Oficial de Médicos de Madrid, que detectó hace algún tiempo que las agresiones a médicos no eran aisladas y puso en marcha medidas con una gran repercusión mediática, y dotó a los médicos de una serie de herramientas para defenderse en estos casos.

Conclusiones

En definitiva, la Abogacía es una profesión que se apoya sobre la reputación y por la propia naturaleza del trabajo que se ejerce, está, muy expuesta a las críticas. La tecnología actual permite difundir cualquier información en nanosegundos, hacerlo de forma anónima y construir campañas con una mínima inversión y capacidad brutal de impacto. Por ello, el abogado está más expuesto que nunca a las críticas y a que éstas, puedan causarle un daño, justa o injustamente, irreparable.

Por ello, a cada uno de nosotros nos toca más que nunca estar preparados para hacer frente a cualquier tipo de ataque reputacional y tener claros los pasos que daremos en una situación como ésta. Pero además, ha llegado quizás también la hora de que las Instituciones responsables de defender la dignidad y el respeto a los abogados, los Colegios de Abogados, diseñen servicios dirigidos a ello. Salvaguardar la reputación, puede ser, en caso de ataque una ardua tarea y en esas situaciones, toda ayuda es más que necesaria. 




Comentarios

  1. Ilka

    A un realmente buen abogado no le deberían afectar tales ataques si los hubiera. Debería estar encima de todo. ¡Olímpicamente! Nada menos habrá que entender también a los clientes, depositan tanto confianza como dinero en el abogado. Todo depende de la resolución del caso y gran parte de ella está en las manos del abogado. De verdad, hay abogados que poco o nada hacen para ganarse la confianza de las demás personas, sean clientes o no. En fin, igual hay abogados que no tratan demasiado bien a sus clientes y/o su personal, sobre todo a las secretarias. Por ejemplo hace unos años trabajé para uno de los juristas más elogiados de toda España, diplomático y "nuestro hombre en La Habana, La Haya". Un buen padre de familia, casado con una abogada griega y dos hijos. Nada más que empezar el empleo en la excelsa institución comenzaron todo tipo de vejaciones y después de dejar de trabajar allí en La Haya no mejoró la situación, al contrario, empeoró bastante. El único error que cometí yo fue trabajar para un abogado psicópata, obsesivo además, que denigra a cada mujer que le rechace o bien cada persona que no actúe como le plazca. En vez de respetar mi voluntad la que no puede ser otra que el más rotundo rechazo hacia él y sus "amigos", me envía baterías de sicarios que me acosan e insultan día tras día. Miles de graffiti y demás atenciones indeseadas, un verdadero "stalking", todo rayano en vandalismo. España se mueve por una propina, por una peseta. Huelga decir que me obstruye en todo, sean proyectos académicos o profesionales. Miles de bulos y calumnias. Frente a tanto acoso no tuve otra opción que defenderme y denunciar. "Abogados" dijo la agente de la Policía Nacional. Algunos de sus compañeros se adjuntaron y confirmaron lo expuesto. Hay denuncias de sobra contra abogados que se aprovechan alegremente de su posición social y laboral. Sextorsión pura y dura. ¿Y las leyes? Poco o nada valen en materia de violencia de género. Hecha la ley, hecha la trampa, para ella por supuesto. Un poco de respeto por favor. No todo el mundo puede hacerse abogado ni siquiera jurista, pero de todas formas habrá que respetar a los demás. Son personas y también aportan a la sociedad. Ninguna secretaria u otra profesional colaboradora debe sufrir el acoso de los abogados, esos de verdad no son abogados sino unos rábulas. Muy medieval todo. Palabras de cuatro letras, tan a la moda últimamente, un flaco favor hacen a los abogados y demás juristas. Con tanta seda puesta, a ver qué hace el abogado cuando ya no le llegan clientes ni nadie se interesa por su trabajo. Sólo quien deja vivir a los demás, mejor dicho a las demás, vive y tiene una vida digna. En fin, las obligaciones negativas, en este y muchos otros casos, es decir dejar en paz a la persona, son con creces más fáciles de cumplir que las obligaciones positivas. ¿El mundo al revés?

  2. Juan Felix Pumarol

    Excelente artículo María Jesús González Espejo Algunas consideraciones: La reputación de un abogado se basa en la confianza, sinceridad y claridad con su cliente y esto de manera inversa del cliente con su abogado. Existen varios puntos importantes en esta relación: 1.) El abogado, es el sacerdote donde el cliente debe confesar con claridad sus pecados. 2.) El abogado, debe tener hermetismo en las declaraciones de su defendido. 3.) El defendido o cliente, no debe bajo ningún concepto hacer declaraciones frente a los medios de comunicación, sin que su abogado este de acuerdo con esto. 4.) Ni el abogado, ni el cliente deben utilizar las redes sociales o cualquier otro medio de comunicación para emitir comentarios sobre el caso u otros comentarios sobre la relación abogado-cliente. 5.) El abogado, debe decirles a sus clientes los pros y los contras sobre el caso y su situación jurídica con claridad. 6.) En cuanto al punto financiero, el abogado debe ser claro con sus clientes en cuanto al costo de su representación ante los tribunales y el riesgo que con lleva el que no les favorezca una decisión del juez. Juan Felix Pumarol Estudiante de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) República Dominicana.

  3. María Jesús González-Espejo

    Gracias Tomás y Francisco por vuestros comentarios. Me alegra que el artículo os haya parecido interesante y hayáis publicado un comentario. Está escrito basado en experiencias reales. Me preocupan éstas y otras cosas que observo están pasando y ante las que veo poco activos a los abogados. Hay que despertar. Los cambios están aquí y tenemos que modificar nuestra forma de trabajar y lograr que las instituciones que defienden nuestros derechos, lo hagan de forma activa y adaptada a las necesidades actuales.

  4. Tomás Prieto

    Enhorabuena por el post, describe una realidad en aumento y que es sobre todo, devastadora psicológicamente, además del daño de reputación que puede ser letal para los intereses profesionales del afectado. Muy acertadas las propuestas para prevenir y defenderse de estos ataques. Los Colegios tienen mucho que decir en la defenda de sus colegiados. En realidad, la mejor defensa en estos casos, es la de tomar las riendas de su propia Identidad Digital y potenciar la Reputación Online, bien desde el propio despacho o contratando los servicios de una Agencia de Comunicación Digital. Los efectoss negaativos de una Crisis son siempre menores cuando la RO es alta.

  5. Francisco Jose Adán Castaño

    Justo ando pensando sobre esto hace varios días. Creo que la crítica profesional es parecida a la que puedas hacer en tripAdvisor : hay que distinguir entre la critica y opinión de un consumidor y aquella basada en elementos inveraces, ofensivos, denigratorios y/o parciales en cuyo caso podríamos empezar a navegar en el campo de la responsabilidad en el campo de la marca o más grave, en el campo penal.

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