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¿Eres tú el iluso que espera más justicia tributaria? ¿O soy yo el cenizo que solo espera más represión tributaria para la “gente corriente”, para tí y para mí?

Ningún ministro de hacienda o equivalente, en el mundo, ha dimitido. Ningún secretario de estado, ningún director o directivo de ninguna administración tributaria del mundo (todo con minúsculas, como se merecen), ha dimitido, tras la divulgación de la más salvaje exteriorización del estrepitoso fracaso “sistémico” de los sistemas de gestión y control tributario en el mundo.

Antes al contrario, muchos de ellos han comparecido públicamente para ponerse “al frente de la manifestación” y “hacerse los ofendidos”: ¡esos desalmados insolidarios que se atreven a “ocultar” sus fortunas para que no podamos trincarlas (con la Ley en la mano)!

Mi punto en todo esto es que nos hallamos ante un juego macabro en el que “el producto eres tú” (sí, ya saben, esa expresión de los gurús del marketing que te explican que, “claro”, si tú no eres el cliente, porque “es gratis”, es que “tú eres el producto” -tus datos, tu atención, que se venderán a terceros-). Sí, el producto es TU VOTO y tu aquiescencia, tu silencio, tu conformidad, tu pasividad.

Claro, aquí hemos denunciado ya algunas vertientes de “la industria del fraude fiscal” y también el “mundo secreto del 'wealth management'”. ¡Todo el mundo informado ha sabido siempre de qué ha ido y de qué va todo esto! Todo el mundo (que pinta algo) lo ha sabido siempre, y solo ahora “nos rasgamos las vestiduras” porque la “explosión mediática” amenaza con poner en “la agenda” esta monumental prueba del nueve del fracaso de los opresivos sistemas fiscales occidentales, del español en particular.

Es fácil de describir:

represión salvaje (totalitarismo tributario extremo) para el que está aquí (personas y empresas corrientes)

+

incapacidad probada para tocar al que se puede mover (operadores exclusivos con recursos para que les compense “Panamá”)

=

“el primo siempre eres tú”.

En categoría y en concreto: la administración tributaria española (en concreto, pero todas en el entorno) tienen una capacidad extrema (e incluso esto entre paréntesis, o si no díganle a Apple, Google o Microsoft y demás...) para “retocar” y “recalificar” las declaraciones de los operadores, lo evidente, lo conocido (reestructuraciones que se declaran sin “motivo económico válido”, gastos que se declaran “no deducibles”, operaciones que se consideran “simuladas”); pero tienen una incapacidad crónica para atajar la delincuencia fiscal de verdad, las operaciones en negro, los fraudes carrusel en el IVA, o la delincuencia severa internacional, con testaferros y trapalladas de todo pelaje conocido (no hablemos de corrupción política y administrativa y judicial, ni de contratos amañados, ni de subvenciones de chichinabo que benefician solo a los que son capaces de “jugar con el sistema” y huérfanas de control, ni de las catastróficas fallas regulatorias, etc., etc., etc., etc.).

Me encantaría que esta reflexión fuese solo una “inflamatoria diatriba” política, demagogia pura y simple, con objetivos electorialistas, independentistas, anarco-sindicalistas..., o un conjunto de paranoias conspiranoicas... Y no un análisis de tendencias tras venticinco años “metido en esto”, con un poco de sentidiño, y algo más de conocimiento del medio del que me recomendaría el médico de familia.

Pero esto de los “Papeles de Panamá”, en lugar de un motivo para la reflexión y para el replanteamiento “ciudadano” y “social” de “hacia donde vamos con esta tendencia hiper-impositiva y super-endeudadora” (conexas)..., solo va a servir para acentuar la tendencia de “más leña al mono” (a Vd. y a mí) jaleados por todo el mundo-mundial (tras la agitación demagogiquísima de los aspectos más nauseabundamente sensibleros -Imanol Arias y Ana Duato y todo “Cuéntame”- de toda esta inmensa farsa).

Pero la ciudadanía, al calor sensiblero de la demagogia, traga con la premisa de que “hay que recaudar más” y “hay que dar más herramientas a los Estados para que recauden más” y “hay que actuar más contundentemente para que la Ley aplaste a todos por igual”. La campaña ya viene de viejo, con la OCDE y el G20 en primera línea; ahora, tras los “Papeles de Panamá” el clamor es global.

Por supuesto, en este “que paguen más los que tienen que pagar” nunca se nos dice que el que va a acabar pagando mucho más y con muchas menos garantías somos tú y yo (no unos “otros” hipotéticos y fantasmagóricos que luego nunca aparecen...). Y, por supuestísimo, nadie nos dice que el destino final de esa “supuesta” nueva recaudación, va a seguir siendo que la “agenda política” (para mayor gloria de los intereses de los propios cargos políticos y los lobbies a su alrededor) fluya de acuerdo con los intereses de los concretos individuos “enganchados” al sistema y, sí, claro, ¡a tu costa y a la mía!

Los “Papeles de Panamá” han sido una tragedia, por lo que “no han supuesto” ni van a suponer nunca. Una oportunidad de regeneración malversada. El descubrimiento de esa colosal falla en los ordenamientos tributarios occidentales no va a servir para nada que beneficie a los contribuyentes que soportan, pesadamente, sobre sus espaldas, la inasumible losa de un monstruo estatal, burocrático y desbocado, auto-justificador, superviviente. Mucho peor, se está utilizando para legitimar que esa estructura fallida y tendencialmente corrupta tenga muchas más armas para seguir incrementando la losa que nos aplasta.

Somos más súbditos que nunca; y tras los “Papeles de Panamá” seremos más subditos todavía: el poder y el aparato, sometido a controles de risa, se morirán de risa con las nuevas herramientas y facilidades para controlar a los súbditos.

RECUERDA, en este mercado social difuso de opinión y manipulación: “el producto eres TÚ”.

 




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