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Me cruzo con un contrario más antiguo en el oficio que yo mismo, que es algo ya nada frecuente. Tampoco era ni es nada frecuente que el colega haya presentado una demanda en la jurisdicción social a través de Procurador de los Tribunales. Y por ser frecuente, tampoco lo era el asunto que debía ventilarse. Esto sí, se trata de un profesional con una educación exquisita y maneras de las de aquellos gloriosos tiempos (o no tanto) de la Magistratura del Trabajo, cuando los juicios eran aún en blanco y negro. Me explica que ya le han hecho el homenaje de los 50 años en el ejercicio de la profesión. Intento no quedarme corto y le explico que ya me falta poco para los 40 años, pero le reconozco que lo suyo tiene mucho más mérito que lo mío y que yo, seguramente, no aguantaré tanto. Es testigo atento de nuestra conversación, la Procuradora que tiene que estar ahí, simplemente porque es quien tiene la representación procesal del cliente.

Llega el momento de entrar en Sala y el compañero me sorprende cuando le pide a la Procuradora que vaya a la Sala de Togas y le traiga una toga. Puntualiza que la quiere de la talla tal… Jamás en mi vida profesional había asistido a un acto de tamaño servilismo, pero lo cierto es que la Procuradora, asiente y va rauda a por la toga. Ya togados, entramos por fin en Sala. Nos toca un Juez de exquisitas maneras que muestra, asimismo, un respeto hacia nuestras canas y veteranía que es algo que personalmente aprecio y siempre agradezco. Correspondemos a su saludo y tomamos asiento en el estrado.

La Procuradora, curiosamente, toma asiento en la primera fila del público y no viste toga que es algo que no me acaba de encajar porque hasta donde alcanza mi ignorancia civilista, entiendo que podía vestir la toga y subir al estrado junto a su letrado.

En este escenario, arrancamos. Mi más veterano colega se afirma y ratifica en su demanda y yo, por mi parte, planteo varias cuestiones previas de orden procesal. Se abre un cierto debate al respecto y SSª finalmente considera que una de las cuestiones planteadas por mi parte tiene calado suficiente como para tener que suspender el juicio y requerir a la parte demandante para que subsane su demanda, que cierto es, falta le hacía.

Nos despedimos todos de SSª, abandonamos la Sala y tras el apretón de manos de rigor, cada uno vuelve a la ordinariez de la jornada que aún nos quedaba por consumir.

Tras esta atípica y curiosa experiencia, una reflexión: Ni la veteranía ni la parafernalia garantizan un resultado al justiciable. Los pleitos se ganan a partir del trabajo de campo, el estudio de las normas, de la jurisprudencia y también con respeto a las normas del procedimiento. Lo demás está muy bien y hasta puede impresionar a alguien, pero solo eso y nada más que eso.




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